De Teruel a Jaén en la piel de pastores trashumantes

Cuando apenas han caído las primeras hojas de un otoño atípico, más de 2.500 ovejas de raza merina de los Montes Universales se preparan para emprender un largo viaje hacia tierras jienenses, tras pasar seis meses en la serranía turolense. Y lo hacen desde el próximo 31 de octubre, acompañados por alumnos de 5º Curso del Grado de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza y por profesores de la Facultad a través de la actividad académica Trashumancia Unizar.

Esperando el paso del ganado junto al burro "Problemas"

Año tras año, las ovejas de los hermanos Ismael y Vidal Martínez y de su sobrino Arturo Soriano pastan libremente por la Cañada Real Conquense durante casi un mes hasta llegar a su destino, guiadas por los perros pastores y protegidas por los mastines. A la cabeza, y junto a Ismael, “Problemas”, un burro que acompaña al rebaño durante toda la trashumancia en un recorrido de alrededor de 500 kilómetros. Y es que, tal y como señalan desde Trashumancia Unizar, “los burros son unos animales que pueden cargar hasta el 30% de su peso y, aunque ahora el trabajo del tiro casi ha quedado en el olvido, siguen siendo muy útiles para cargar cosas durante las largas caminatas, incluso los corderos recién nacidos o proteger el rebaño de los lobos”.

"Problemas" es un fiel compañero durante todo el trayecto

Durante el viaje, es Arturo, -situado en la parte posterior-, el que evita que se disperse el rebaño. Pero los tres pastores cuentan con una “ayuda extra”. Se trata de Leandro, el cabrero, y de Juanvi que, con sus 87 años, mantiene intacto ese espíritu trashumante. Vidal, mientras tanto, realiza las labores propias de un buen “hatero”, proporcionando el avituallamiento al grupo. Y así, de esta manera, los estudiantes se convierten en pastores trashumantes, ayudando en el camino y obedeciendo las instrucciones de los pastores. Un duro recorrido en el que se soportan bajas temperaturas y donde el bienestar de las ovejas es lo primordial.

El bienestar de las ovejas es primordial en este viaje

TRASHUMANCIA UNIZAR, MÁS DE UNA DÉCADA

La idea de poner en marcha esta actividad académica surgió en 2012 cuando Marian Ramo, veterinaria de los pastores y profesora asociada de Prácticum de Abasto en la Facultad de Veterinaria, creyó que esta experiencia sería muy beneficiosa para la formación de los futuros profesionales de la Veterinaria. Helena Bertrán, coordinadora este año de la actividad, así lo reitera.

Esta “veterana pastora trashumante” afirma que esta experiencia le ha servido “tanto en lo personal como en lo profesional”, ya que además de tomar conciencia de la importancia de la vida trashumante y de la repercusión que tiene la actividad del mundo rural hoy en día, “me ha ayudado a decidir mi vocación”. Asegura que regresan “conociendo el sacrificio que supone la vida de los pastores trashumantes”, además de la repercusión que tiene esta actividad con “la conservación del ecosistema”. Por ejemplo, señala que “el simple hecho de realizar el traslado del ganado a pie y no en camiones supone un menor impacto en la huella de carbono”. Y es que, además, el paso del ganado “aumenta la fertilidad de nuestros suelos amenazados por la desertificación al incorporar estiércol y otros restos vegetales a su paso”.

La ganadería trashumante es un ejemplo de respeto al medio ambiente

DECLARADA PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL QUE BUSCA APROVECHAR LOS RECURSOS NATURALES

Con la necesidad de trasladar al ganado desde los pastos de verano a los de invierno, siglo tras siglo, se trazó una compleja red de comunicaciones, aprovechando los pasos más practicables entre los puertos de montaña o los vados de ríos. El recorrido que realizan los pastores turolenses por la Cañada Real Conquense atraviesa las provincias de Teruel, Cuenca, Ciudad Real y Jaén. “Es una de las diez cañadas reales principales de la Península y una de las pocas que mantiene un uso ganadero a pie en todo su recorrido”, remarcan desde Trashumancia Unizar.

Leandro, el cabrero, mantiene intacto ese espíritu trashumante

Además, este movimiento estacional del ganado, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial, “permite explotar al máximo los pastos que crecen de forma natural y tener un aprovechamiento ganadero más eficiente y sostenible”, explican.

No obstante, “algunos de los bosques más importantes de nuestro país se han conservado gracias a esta práctica. Los animales se alimentan de materia fácilmente combustible actuando eficazmente en la lucha contra incendios”, señalan desde Transhumancia Unizar. Por otra parte, “favorece la dispersión de semillas mediante el estiércol y la lana haciendo que conecten los ecosistemas, además, representan un refugio para plantas, hormigas y abejas que son muy importantes para la polinización de cultivos”.

Los animales se alimentan de materia fácilmente combustible actuando eficazmente en la lucha contra incendios

ENTRE CAÑADAS, CORDELES, VEREDAS Y COLADAS

El grupo recorre la Cañada Real Conquense por sus diferentes tramos. Estos tramos, según el tamaño, reciben un nombre; cañada, para las vías más anchas hasta 75 metros, cordeles y veredas, para las que tienen hasta 37,5 metros y 20 metros, respectivamente, o las denominadas como coladas, que son cualquier vía pecuaria más pequeña que las anteriores. “Actualmente, entre infraestructuras y campos de cultivo, estos tramos se han estrechado mucho, algo que dificulta el paso de las ovejas, además de perderse terreno para el alimento del ganado”, remarca Helena.

Durante el recorrido, algunos tramos se estrechan, dificultando el paso del ganado

Los alumnos de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza participan en esta actividad durante seis días repartidos en grupos de ocho estudiantes, junto a dos profesores en cada una de las cuatro etapas: de Guadalaviar a la Serranía de Cuenca; de Serranía de Cuenca a la Sierra del Hocino; de Roda de Haro a Pozo de la Serna, y, por último, de Pozo de la Serna a Vilches. “Los profesores Emilio Magallón y José Luis Olleta suelen ser de los que repiten la actividad”, indica Helena.

En todo momento, “estamos pendientes de atender las indicaciones de Ismael. Es entonces cuando te das cuenta de las dificultades que supone este traslado del ganado por la cañada”, señala Helena.

Año tras año, las ovejas de los hermanos Ismael y Vidal Martínez y de su sobrino Arturo Soriano pastan libremente por la Cañada Real Conquense durante casi un mes hasta llegar a su destino

Estos itinerarios pasan a veces por tramos complicados. “Carreteras y vías férreas se cruzan de forma repetitiva durante el camino, poniendo en peligro tanto la integridad de las ovejas como de los que las conducen”. En este caso, señala, “ayudamos con chalecos reflectantes para detener el tráfico”. Y es que, aunque la trashumancia está regulada y tiene autorizado su paso por zonas urbanas, “no siempre está bien vista”. “Todo esto nos permite darnos cuenta del gran valor que tiene esta tradición y la importancia de seguir manteniéndola”, remarcan.

Estos acompañantes universitarios, convertidos en pastores, publican su día a día en el blog conlatrashumancia.blogspot.com. Allí cuentan cómo mantienen las costumbres pastoriles, algunas tan curiosas como respetar el turno a la hora de comer. “Todos comemos de la misma sartén, el primero que prueba el alimento es la persona de más edad, y así, va pasando por todo el grupo”, indica Helena.

Alumnos de 5º Curso del Grado de Veterinaria de la UZ y profesores de la Facultad acompañan al rebaño en su trayecto hasta Jaén

UNA GANADERÍA INFRAVALORADA

La ganadería trashumante es un ejemplo de respeto al medio ambiente, pero está en peligro de extinción, ya que está infravalorada y tropieza a menudo con la burocracia. “La falta de abrevaderos y descansaderos, por no hablar de las trabas administrativas, burocráticas, sanitarias o ganaderas entorpecen este tipo de ganadería”, afirman desde Trashumancia Unizar. Además, hay una dificultad añadida “porque no se mantienen las vías pecuarias y, en ocasiones, las veredas se usan como vertederos y tampoco se cuidan los refugios”.

Además, a la dureza de esta profesión se une la dificultad para conciliar el pastoreo trashumante con la familia. En el caso de la familia de Vidal, explica Helena, “su familia se desplaza y le acompaña, por lo que pasa la mitad del año en Teruel y la otra mitad en Jaén, algo que obliga a que sus hijos se escolaricen en los dos sitios a la vez, teniendo que acostumbrarse a las dos culturas”. Por el contrario, la de Ismael ha optado por permanecer en Jaén, por lo que no se reúnen hasta que a los seis meses se realiza la trashumancia a la inversa. “Es un oficio que tiene que gustar, un trabajo duro que pocos están dispuestos a realizar”, indica.

La primera etapa parte de Guadalaviar y finaliza en la Serranía de Cuenca

Pero si algo agradecen estos pastores trashumantes es la ayuda que prestan los alumnos durante todo el recorrido porque, tal y como les hacen llegar, “les contagiamos con nuestra juventud y hacemos que el trayecto sea más llevadero”.