David Jiménez: “Solo nos acordamos de los reporteros cuando han muerto”

Encuentro Periodismo de Altura
photo_camera David Jiménez (segundo por la derecha) ha escrito seis libros hasta la fecha y cuenta con experiencia como corresponsal y director de El Mundo. Foto: Periodistas de Aragón

David Jiménez pasó este 25 de agosto por la XXI edición del encuentro Periodismo de Altura, celebrado en Castejón de Sos, organizado por la Asociación de Periodistas de Aragón y con la guerra como eje central. En base a su experiencia, con cerca de veinte años en Asia y varios conflictos a sus espaldas, Jiménez puede dar cuenta de cómo ha evolucionado la forma de informar desde el frente o las protestas. Así lo ha plasmado también en sus libros, con Los Diarios del Opio y El Corresponsal como ejemplos más recientes. Cuatro años después de su publicación, tampoco se olvida de El Director, que narra su convulsa experiencia al frente de El Mundo, marcada por las presiones. Visto con perspectiva, ahora se las toma “con buen humor” y cree que mereció la pena denunciarlo.

PREGUNTA.- ¿Cómo ha sido el encuentro en Castejón de Sos?
RESPUESTA.- Ha sido interesante poder combinar corresponsales que en la actualidad están yendo a Ucrania, mezclados con gente como (David) Alandete que están en Washington o yo mismo. Creo que fue un encuentro interesante, en el sentido de que hemos intentado acercar ese conflicto al impacto que tiene en el día a día de la gente. Lo que ocurre es que, aunque estén a mucha distancia, tienen un efecto directo. En el caso de Ucrania es clarísimo, con la crisis energética, la subida de precios, la amenaza que supone la invasión rusa para toda Europa. A veces no tenemos tiempo para esa mirada más global.

P.- También acerca las figuras de estos periodistas
R.- Supone salir de los foros tradicionales, que se concentran en Madrid o en las grandes ciudades. También, llevar esas experiencias a lugares que, de otra manera, a lo mejor no tendrían ese contacto directo. Me causó muy buena impresión. Primero, por la asistencia de público. Lo respetuoso que fue todo el mundo y el hecho de que aguantaran casi cuatro horas, porque a los periodistas es difícil callarnos. La gente mantuvo el interés, preguntó mucho y eso demuestra que es un éxito el hacer este tipo de encuentros y en lugares que no necesariamente no son centros de poder.

David Jiménez (centro) fue uno de los protagonistas del encuentro Periodismo de Altura, celebrado en Castejón de Sos

P.- Se destacaba su faceta de corresponsal. ¿Cómo ha marcado su carrera profesional?
R.- De manera definitiva. Incluso en las decisiones que tomé cuando era director de El Mundo, la experiencia de haber estado cubriendo conflictos y viajando me dio armas necesarias para resistir esas presiones, porque ya había sido sometido a otras haciendo mi trabajo, incluso con riesgo para mi integridad física. Eso te hace relativizar y poner en perspectiva los problemas de los despachos. Aunque puedan parecer muy importantes, lo son menos que lo que has vivido cubriendo guerras como la de Afganistán o crisis como la de Fukushima.

P.- ¿Qué hace a un buen corresponsal?
R.- Es un oficio casi en extinción. Más que corresponsales que tengan una seguridad financiera, tenemos un periodismo internacional muy precario, con periodistas sin seguros o incluso sin chaleco antibalas. Lo primero que hace falta tener es cierto idealismo. Nadie se va a jugar la vida en un conflicto a miles de kilómetros de tu país para ganar dinero o fama, porque se pueden conseguir más fácilmente en una tertulia. Los corresponsales tienen ese idealismo de querer dar voz a los que no la tienen. Y también la esperanza de que contando la verdad, la gente que está en sus despachos y podría hacer algo por detenerlos, lo haga. Eso es el primer elemento. Luego, todos los atributos del buen periodismo son los mismos para local que para internacional: el rigor, las fuentes, el ir a los lugares para ver, escuchar, respirar las historias y contarlas lo mejor posible. En eso, el periodismo es el mismo estés dónde estés.

P.- ¿Se ha devaluado la figura del corresponsal o más bien la han devaluado?
R.- En España, el corresponsal nunca ha tenido el respeto que se merecía. Hemos valorado o pagado mejor a periodistas que se dedican a desvelar intimidades o a opinadores que escriben desde casa, que escriben sus columnas sin hacer una sola llamada de teléfono, que a las mujeres y hombres que se juegan la vida por contar lo que está pasando. Fuera de este país, el prestigio y el reconocimiento del corresponsal es mayor. Me da la sensación de solo nos acordamos de los reporteros cuando llega una noticia desgraciada de que han muerto cubriendo esos conflictos. Enseguida los olvidamos, creo que es un error porque en un mundo tan interconectado es importante la gente que te explica por qué te afecta lo que está pasando en China, la India o Estados Unidos. Tanto la sociedad como los medios deberíamos hacer un esfuerzo por valorar más a esos reporteros, que siguen a pesar de la precariedad yendo a lugares peligrosos.

“NO PODEMOS PERMITIR QUE EL MÁS GRANDE INVADA AL PEQUEÑO DE MANERA IMPUNE”

P.- ¿Cómo ve desde la distancia todo lo que está sucediendo en Ucrania?
R.- En Ucrania están en juego muchas cosas de las que a veces no nos acordamos. No creo que sea simplemente que acabe dominada o no por Rusia. Hay un enfrentamiento entre dos maneras de entender los principios básicos de las relaciones entre países. No podemos permitir que el más grande invada al más pequeño de manera impune. De la misma manera, hay en juego una disputa entre un sistema de democracias liberales, con sus defectos y ventajas, frente a un bloque en el que el autoritarismo, el populismo y la dictadura se están expandiendo. Ahí están China, Rusia o Irán. Es muy importante que no ganen, si lo hicieran su objetivo es cambiar la forma en la que nos relacionamos con respecto a los derechos humanos.

P.- Han pasado varios años desde El Director, pero es un libro que ha calado. ¿Se ha reconciliado con esa parte del periodismo dañada cuando fue director de El Mundo?
R.- Es un libro que me ha dado muchas alegrías y algún disgusto. Fue una manera de poner a la profesión frente al espejo. Después de cuatro años sigue siendo un referente, va por la décima edición y en 2022 se agotaron todas. Se ha abierto a gente que quiere conocer cómo es la información, qué relaciones hay entre el poder y la prensa. Mereció mucho la pena escribir el libro a pesar de que la verdad tiene un precio. He tenido algunos problemas en cuanto a censura o vetos, pero ha quedado muy compensado por el favor del público o los mensajes de la gente.

“MERECIÓ LA PENA ESCRIBIR EL DIRECTOR PERO LA VERDAD TIENE UN PRECIO”

P.- ¿Ha seguido sufriendo las presiones que denunció?
R.- Sí, pero me las tomo con buen humor y me parecen cómicas en cierto modo. He estado promocionando Los Diarios del Opio (su último libro), que no tiene nada de polémico, y sin embargo hay medios donde estoy vetado. Me parece que es un precio muy pequeño a pagar por contar la verdad y las compensaciones y las alegrías son mayores que un tipo de censura que me parece un poco ridículo.

P.- ¿Tiene previsto escribir otro libro a corto plazo? Con tantos frentes de actualidad abiertos, ¿de qué trataría?
R.- Ya estoy con otro. Será una novela y por primera vez no tendrá nada que ver con el periodismo ni con mi etapa de reportero. Ni con Asia, donde ejercí cerca de 20 años como corresponsal. Cada libro es un esfuerzo y una ilusión. Será el séptimo y mirando atrás me sorprende que se hayan publicado otros seis. Mientras haya lectores, ahí estarán.

P.- La situación política española actual también cabe en un libro
R.- De hecho, España también da muchísimo juego. Políticamente, siempre he pensado que es raro que no haya más libros, tanto de ficción como series o documentales. Hay más tradición de creación de contenidos relacionados con esto en Francia, Inglaterra o Estados Unidos que en España, donde creo también que existe cierta cobardía creativa. Hay capacidad para crear y financiar contenidos, pero se es muy timorato a la hora de tocar temas polémicos. Es una pena porque eso deja fuera historias que darían mucho juego y nos ayudarían a entender la política, más allá de las peleas que vemos a diario en el parlamento o en las tertulias. Detrás de eso hay una explicación sobre la condición humana, el poder, las rivalidades… que sería interesante explorar en la creación artística, sea de ficción o no ficción.

P.- Siempre va a hacer falta gente que cuente tanto asunto convulso
R.- Ahora que se habla mucho de la crisis del periodismo, siempre va a haber periodistas porque la gente quiere estar informada de lo que pasa a su alrededor y más lejos. Como sociedad, tenemos que valorar mucho más el periodismo. El público a veces no está allí y necesitamos que la gente valore a quienes sí hacen su trabajo o incluso financien con suscripciones y apoyo a los medios. Lo hemos visto en los últimos años, el principio del deterioro de las democracias viene por la manipulación, y una vez tienes medios manipulados, la ciudadanía está desinformada y eso es el caldo de cultivo para que los populismos o los autoritarismos vayan creciendo. Por eso es tan importante el periodismo valiente, riguroso y dispuesto a denunciar todo aquello. Somos el guardián, el vigía de la democracia y debemos tener claro que trabajamos para los intereses de los ciudadanos, nunca para los políticos o para los gobiernos.

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