Sielva evita el drama de la S.D. Huesca en el último minuto (2-2)

Sielva celebra el gol ante el Villarreal B
photo_camera Sielva marcó en el 93 un auténtico golazo de falta que sirvió para finalizar el choque en tablas. Fotografía: LaLiga.

La Sociedad Deportiva Huesca se salvó esta jornada del drama ante el Villarreal B porque Óscar Sielva tiene una precisión en sus botas de otra categoría. Los oscenses se pusieron 0-2 a la media hora de juego y con todo en contra, pero Loureiro y el centrocampista evitaron una situación que se antojaba muy peligrosa. No vale el punto en términos generales, pero visto lo visto, al menos sirve para demostrar la garra del equipo. Con cuatro puntos en seis partidos, los de Cuco Ziganda siguen necesitando más.

El Huesca afrontaba un partido de necesidad con Álvaro en portería, Loureiro y Pulido en el eje de la defensa y las bandas para Nieto y Martos. Sielva y Javi Mier se colocaban en el doble pivote, con una línea de tres más adelantada compuesta por Tresaco en la derecha, Javi Martínez en la mediapunta y Hugo Vallejo en el otro interior. En punta, el clásico Obeng. Alti, el ex Ontiveros o Del Moral eran los nombres a tener en cuenta del Villarreal B.

Había que esperar a los primeros diez minutos para ver la primera internada seria con Hugo Vallejo como protagonista. Los de Ziganda sabían que no debían perder, pero de la misma forma, había una importante urgencia con el primer triunfo. El partido era lento, soso, donde se palpaba ese pánico a la derrota por parte del Huesca. Y en poco tiempo se demostró que, efectivamente, el cuadro altoaragonés se iba a venir abajo a la primera de cambio.

Corría el minuto 14 cuando un error garrafal de Álvaro Fernández dejaría a la Sociedad Deportiva Huesca al borde del drama. Balón largo del Villarreal B directo para que despejase un arquero que, sin embargo, no le daba al balón, sino al aire, y el esférico le quedaba muerto a Álex Forés, que ponía el 0-1. Tampoco ayudaba el colegiado, que se tragaba un penalti de libro cuando un zaguero visitante cogía el balón con la mano tras poner el balón en juego Morro. Tocaba reaccionar, porque no estaba el horno para bollos ni El Alcoraz para ver otra derrota.

Los oscenses supieron encajar el golpe, y la reacción llegó por medio de Javi Martínez, que disparaba al larguero en lo que hubiese sido uno de los goles de la jornada. Ahora bien, poco duraría ese tirón, porque quedaba por cumplirse la famosa ley del ex. Ontiveros recibió un pase en banda derecha totalmente solo, sin nadie rodeando a un extremo que se olvidó de esos días con la camiseta oscense para lanzar un latigazo y hacer el 0-2 en el entorno de la media hora. Efectividad máxima de un equipo que había tirado dos veces a puerta para lograr dos de ventaja.

Coincidían los mejores momentos del Huesca con el tramo final de la primera parte, pero no lograban recortar distancias. El conjunto altoaragonés estuvo cerca de hacerlo por medio de Obeng tras una gran jugada de Hugo Vallejo, pero la zaga rechazó para desesperación de la grada. Aún tuvo otra más después de una dejada perfecta de Javi Martínez, pero el equipo no se lo creía. Se necesitaba cambiar la mentalidad y mejorar la definición.

REMONTADA EN LA SEGUNDA PARTE

Tresaco se quedaba en el banquillo para que Gerard Valentín entrase por la banda derecha y así lograr más profundidad. El Huesca había empezado a conseguir algo más de intensidad, con recuperaciones para crear peligro, algo que hizo bien Pulido. El capitán remató un par de veces antes del minuto 50 y bien pudo recortar distancias, aunque no sería protagonista del momento. Lo haría perfectamente Loureiro, que se erigía esta vez como hombre gol del Huesca. Sielva botó un córner directamente a la cabeza del zaguero, que la pondría perfecta a donde no llegaba Morro. El Alcoraz empezaba a pensar que quizá sí.

Joaquín y Kento entraban al Alcoraz en lugar de Hugo Vallejo y Javi Mier para tratar de culminar la remontada. Una jugada extraña volvió a ir en contra de un Huesca que había despertado, cuando no se revisó una mano por un dudoso fuera de juego. Las cosas se ponían todavía peor cuando Kanté debía ocupar el puesto de Gerard Valentín, que se retiraba lesionado para hacer más difícil la empresa. El Huesca había bajado del nivel en ese tramo, pero seguía necesitando lograr al menos un punto.

Vilarrasa era la última pieza en entrar en lugar de Martos, previsiblemente por una cuestión física. Pero eso de poco servía una vez se llegaba al tiempo de descuento. La afición altoaragonesa comenzó a clamar contra la gestión de un cuadro altoaragonés que entraba en un momento muy complicado. La directiva estaba señalada.

Y fue entonces cuando apareció Óscar Sielva para levantar el estadio oscense tras una falta que provocó Joaquín. Se necesitaba un héroe que cambiase los gritos por una celebración, alguien que evitase la inmensa pitada en Huesca. Balón al suelo, cabeza alta y una mirada a la escuadra para saber que, en el minuto 93, había que poner ahí la pelota. El cuero tomó altura y una dirección estupenda para lograrlo y aliviar al estadio, a su entrenador y a una directiva con el agua al cuello. Al final se salvó un Huesca abocado al más profundo drama.