El Huesca ahonda en la herida zaragocista con una solvente victoria (0-2)

Obeng marcaba el primer tanto del partido. Foto: LaLiga
photo_camera Obeng marcaba el primer tanto del partido. Foto: LaLiga

La Sociedad Deportiva Huesca lograba imponerse con total solvencia en el Estadio Municipal de La Romareda ante un Real Zaragoza que apenas da ya síntomas de vida. Lo hacía por 0-2 gracias a los goles de Obeng en la primera mitad y de Nieto en la segunda, confirmando su dinámica ascendente y, de paso, ahondando más en la herida blanquilla. La afición local protestó airadamente contra sus futbolistas y también pidió la marcha de Fran Escribá.

Un Escribá que daba la sorpresa con la ausencia de Maikel Mesa, juntando arriba a Enrich y Azón, con la entrada de Mouriño por Francés (con la Selección) y dando el ala diestra a Bermejo y la zurda a Valera en lugar de Manu Vallejo. Por su parte, la S.D. Huesca apostaba por línea de cinco atrás, con Valentín y Loureiro en carriles, fortaleciendo también la zona del centro del campo para dejar arriba a Obeng. En la grada, buena presencia de aficionados oscenses y una hinchada zaragocista que al menos de primeras prefería olvidar lo sucedido en los últimos días y centrarse en alentar a los suyos en un choque tan importante. Aunque, eso sí, Escribá se llevaba cierta pitada al ser nombrado por megafonía. El himno a capela tampoco faltó en un ambientazo de Primera.

El Real Zaragoza trataba de aprovechar el inicio, intentando dominar y jugar en campo contrario, mientras que el Huesca no andaba incómodo esperando cerca de área propia y buscando balón directo a Obeng. De ocasiones nada de nada, pero tampoco quería decir nada. Porque como es habitual últimamente, se dio la doble condición para que los visitantes se adelantaran. Pájara defensiva, Azón perdiendo la marca y Obeng, a balón parado, hacía el 0-1 en el minuto 15. Ejecutaba bien la acción, pero habría que preguntarse por qué era el 9 zaragocista el encargado de cubrir al mayor baluarte ofensivo del cuadro altoaragonés.

En principio el dominio era blanquillo, pero más que ficticio. Buscaban una y otra vez a Bermejo recibiendo en banda, pero sin aliados cerca el Huesca le controlaba fácil haciéndole un dos para uno defensivo. De hecho, los de Antonio Hidalgo estaban francamente cómodos defendiendo los escasos centros laterales de los de Escribá, que perdía la batalla del planteamiento con claridad. Y llegaban los pitos en el 27, buscando la reacción local tras un disparo de Joaquín que se marchaba alto por centímetros.

Un Joaquín que estaba siendo un quebradero de cabeza y, poco después, provocaba una clara falta de Mouriño cuando se mascaba el 0-2. Era un lanzamiento muy peligroso para un especialista como Sielva, que obligaba a Rebollo a salvar con una notable mano. En el córner se caldeaba el ambiente, con los ánimos al rojo vivo, aunque por suerte no pasó a mayores. Lo cierto es que estaba más cerca el tanto del Huesca. En una contra guiada por Pulido, sólo Mouriño llegando in extremis lo evitaba. Y con el 0-1 se llegaba al descanso con un resultado justo visto lo visto. Más por deméritos locales que por un caudal ofensivo visitante, pero justo al fin y al cabo.

SEGUNDA PARTE

Sin cambios en ninguno de los dos equipos tras el paso por los vestuarios, más que sorprendente en el cuadro local. Y como dice Kase.O, “nada cambia si nada cambia”. Aunque al menos se veía algo de mordiente, de hambre, por parte de los de Escribá. Nieto llegaba con lo justo para salvar, similar a Mouriño en la primera mitad, un pase de la muerte con el que Azón se relamía para lograr la igualada. La música de viento, en forma de silbidos, volvía a La Romareda tras una serie de pases fallidos que cerca estuvieron de aumentar la ventaja para el Huesca, con un disparo del propio Nieto que se estrellaba en el lateral de la red.

El técnico local se llevaba más pitos que nunca con el triple cambio, siendo Borge uno de los damnificados junto a Enrich y Valera. Gámez, Mesa y Vallejo al campo. De hecho, La Romareda gritaba al unísono un claro y rotundo “fuera, fuera” acompañado de “Escribá dimisión”. La más clara para los zaragocistas llegaría en el 62, con un centro de Lecoeuche que cabeceaba Azón alto por poco. Mientras, Antonio Hidalgo también movía al equipo saliendo Kento en detrimento de Javi Martínez.

Todo pasaba por Azón en el partido, aunque el nueve, que lo intentaba todo, no podía estar más desacertado. Los minutos pasaban con corriente a favor del Huesca, que sólo tenía que esperar a que el tiempo le diera la razón. Y en una más que probable falta a Jaume Grau, Juanjo Nieto cogía la moto y colocaba un zurdazo sin oposición a la escuadra de Rebollo. 0-2 y a esperar que se desatara el polvorín en La Romareda. No tardó, con Pulido como centro de las miras. De hecho, en la zona del Fondo Norte se le lanzaron objetos que el colegiado recogió, poco antes de expulsar también a Lluís López, en el banquillo, por protestar. En medio de la ira, Marc Aguado y Pau Sans al césped con Grau y Bermejo huyendo rápido de la quema.

A todo esto, el partido parecía más que decidido allá por el minuto 70. Al menos Pau Sans, el más joven del lugar, lo intentaba con valentía y se llevaba los primeros aplausos locales en un buen rato. Antonio Hidalgo, consciente de la enorme ventaja, preparó también un triple cambio: Vallejo, Kortajarena y Villarrasa por Joaquín, Javi Mier y Sielva.

Nueve de descuento decretaba el colegiado, que sirvieron para volver a escuchar el "Escribá vete ya". Y para poco más. Porque el Huesca tenía el partido más que bajo control ante un Zaragoza romo, inoperante, sin cabeza ni apenas indicios de corazón. Un triunfo que da oxígeno a los oscenses y que hunde un poco más en la miseria al Real Zaragoza, cada día más lejos de los objetivos para los que estaba, supuestamente, diseñado.