Villarreal B 0-0 Real Zaragoza

El Real Zaragoza tira la enésima oportunidad a la basura

El cuadro blanquillo finaliza el duelo frente al filial amarillo ante 2.500 desplazados a La Cerámica y con un bagaje de un tiro a puerta en los 90 minutos.
El Real Zaragoza volvió a perder la oportunidad de dar buena imagen y crecer ante su gente. Foto: LaLiga
photo_camera El Real Zaragoza volvió a perder la oportunidad de dar buena imagen y crecer ante su gente. Foto: LaLiga

El Real Zaragoza de esta temporada puede ser perfectamente recordado como el que se dedicaba a tirar oportunidades a la basura. Oportunidades de crecer, de reconciliarse con su afición, de demostrar saber cuál es el club al que representan, de respetar el escudo... pero se ha vuelto a fallar. La última, este sábado ante un Villarreal B que estuvo más cerca de la victoria que los maños, y en un Estadio de La Cerámica absolutamente tomado por el zaragocismo. El 0-0 final fue un desastre para todos aquellos que se hicieron centenares de kilómetros para animar a su equipo y se tienen que volver con el insulso y soporífero resultado gafas.

Velázquez daba un giro a su flota volviendo a la defensa de cuatro en La Cerámica, teñida de blanquillo. Edgar Badía ocupaba la portería, mientras que Zedadka se ubicaba en la derecha y, primera novedad, Lecoeuche en la izquierda. Francés y Lluís López tomaban un centro de la defensa sin Mouriño. Marc Aguado y Francho compartían la sala de máquinas; la segunda línea ofensiva era para un trío interesante: Germán Valera (segunda novedad), Maikel Mesa y Mollejo. Arriba, Iván Azón. Por parte del Villarreal B, los hombres más peligrosos eran Ontiveros y Álex Forés.

Arrancaba el partido sobre el terreno de juego, donde se vio desde el principio a dos equipos con intensidad, pero con pocas ocasiones. Ambos peleaban la iniciativa del duelo y la posesión del balón, con el cuadro aragonés buscando el error de su joven rival, un filial del Villarreal marcando el descenso. Azón fue el primero que casi lo consigue para los maños, aunque Íker Álvarez estuvo atento para hacerse con el cuero. Ya para entonces se avecinaba un partido soso, de esos habituales en Segunda y de los que gustan más bien poco.

Apenas podían contabilizarse un par de acercamientos, muy similares ellos, hasta el minuto 15. Primero, Tasende no podía rematar un pase de la muerte en el área y, después, Azón lo que no pudo fue encontrar rematador. Pero a partir de ahí, un bajonazo llevaba a no ver ocasiones claras de ningún tipo hasta prácticamente el final del primer asalto. En el baremo de peligro, quizá podía decirse que el Villarreal B inclinaba la balanza; no así en el de cantidad, con el Real Zaragoza más constante. Pero de ahí a marcar gol había un auténtico abismo.

La afición del cuadro aragonés, haciendo de La Cerámica su Romareda, suspiró al filo de los 20 minutos cuando Ontiveros no encontró a Collado dentro del área. Para entonces, los acercamientos blanquillos llegaban con cierto barullo. Se logró meter miedo en un par de ocasiones, aunque todavía faltaba para definirlo como ocasión de gol. Como la que tuvo Azón a centro más que digno de Lecoeuche, enviándola por encima de la portería de Álvarez, que no llegaba a elevar las manos de los desplazados a la cabeza.

En cambio, sí notaron alivio cuando Adriano, en el 40, se plantaba en el área para no llegar a rematar. Si el Villarreal B hubiese acertado en la última decisión, el Real Zaragoza tendría el partido cuesta arriba. Esa tesitura no la pudo aprovechar Maikel Mesa en la primera ocasión real del cuadro aragonés, que no llegó hasta el minuto 42. Mollejo consiguió robar un cuero en la frontal del área rival que quedó muerto para el 11, y este sacó el látigo a pasear sin éxito, porque desvió Álvarez para irse directamente a saque de esquina.

Muy poco más del Real Zaragoza, que veía cómo debía aumentar el volumen ofensivo para sacar los tres imprescindibles puntos. Hasta entonces, ni por merecimientos ni por acercamientos merecía irse por delante. Ni que decir tiene por que lo señalase el electrónico. El balance de dos tiros y solo uno de ellos a puerta no valía para hacerlo, así que tocaba crecer en el segundo asalto. Por los desplazados, por no cortar la ilusión, por el escudo que representan, se exigía un paso adelante.

SEGUNDA PARTE DE SOPOR

Pero, tristemente, se quedarían con las ganas de ver algo digno. Lo que sí se veía al comienzo de ese segundo asalto era todo lo contrario. En apenas cinco minutos, el Villarreal B pudo hacer tres goles al Real Zaragoza en un auténtico aluvión. Primero, Forés no conseguía rematar el pase de la muerte de Alti; después, con los dos mismos protagonistas, esta vez el delantero lograba rematar en el corazón del área y salvaba Zedadka al lanzarse con todo. Y la que llevaba el sello de Edgar, evitando a contra pie que rematasen los delanteros del filial amarillo cuando casi cantaban el primero.

Algo había que hacer, y Velázquez apostó por tres cambios sorprendentes que desnortarían de forma definitiva al cuadro aragonés. En tres minutos (del 55 al 58) y dos ventanas, Toni Moya, Mouriño y Manu Vallejo ocupaban el hueco de Francho, Lecoeuche y Azón para volver a ser un equipo de esquema desconocido y no saber ni de dónde viene ni a dónde va. Una jugada maestra que sirvió para absolutamente nada más que demostrar que el equipo no tiene un ápice de gol.

El balance ofensivo de la revolución en el Real Zaragoza que Velázquez culminó con Enrich y Jaume Grau se saldó con la friolera de dos remates en ese periodo. Uno de Mouriño y otro de Enrich. De ellos, ninguno fue a puerta en lo que empezaba a ser un espectáculo irrespetuoso para esos corazones desplazados. No había jugadas de peligro, no se sabía por dónde jugar, se fiaba todo a que el Villarreal B no tuviese su día y que Edgar Badía respondiese.

Se entraba en el minuto 80 de juego sin saber qué hacer, a quién pasar, dónde buscar. No parecía que los jugadores del Real Zaragoza se entendiesen, y la realidad es que el peligro sobre la portería rival era nulo. Para entonces ya se olía perfectamente lo que iba a pasar, ese 0-0 soporífero que llevaba estampado el sello de un Julio Velázquez incapaz de encontrar soluciones. “Queremos un tiro a puerta” o “Velázquez, vete ya” comenzaron a ser las consignas de una afición que volvió a ser, de lejos, lo mejor.

Así que el Real Zaragoza terminó su partido tal y como lo empezó. En los 90 minutos, un triste tiro a puerta que llegó por error del rival. Y contra un equipo que se encontraba marcando en descenso. Los síntomas del cuadro aragonés son muy claros, pero hace falta un diagnóstico acertado y una solución, algo que no está encontrando el entrenador. Así que, tras tirar una nueva oportunidad de crecer a la basura, el conjunto maño se centrará de momento en llegar cuanto antes a los 50 puntos.

FICHA TÉCNICA

Villarreal B: Iker Álvarez; Altimira, Espigares, Lekovic, Tasende; Rodri Alonso (Lanchi, min 88’), Gelardo (Requena, min 80’), Carlo Adriano, Ontiveros (Pascual, min 67’); Collado (Novoa, min 88’), Álex Forés (Ferrari, min 80’).

Real Zaragoza: Edgar Badía; Zedadka, Francés, Lluís López, Lecoeuche (Mouriño, min 54’); Marc Aguado, Francho (Toni Moya, min 54’), Germán Valera (Sergi Enrich, min 82’), Maikel Mesa (Jaume Grau, min 82’), Mollejo; Iván Azón (Manu Vallejo, min 58’)

Árbitro: González Francés. Amonestó a Lecoeuche (min 5’), Ontiveros (min 62’), Alejandro Francés (min 72’)

Sin goles.