El Real Zaragoza saca un punto pese a merecer caer goleado (1-1)

Mateu y Mesa pelean por un balón
photo_camera Mateu fue una pesadilla para el cuadro zaragocista. Foto: LaLiga Hypermotion

Pensar que el Real Zaragoza empataría en el campo del Eldense y que iba a ser un resultado milagroso no era, sin duda, el plan esperado para nadie después de casi un mes para preparar el choque. Los de Velázquez arrancaban un 1-1 del Pepico Amat en un resultado que, si el fútbol entendiera de justicia, hubiera supuesto una goleada sangrante a favor del cuadro local.

Velázquez metía alguna variante en su primer once de 2024. Una, obligada y esperanzadora, Edgar Badía en la meta, y por otro lado el regreso de Lecoeuche al carril zurdo tras superar lesión. El resto, incluyendo el sistema con tres centrales, el de memoria con Maikel Mesa y Mollejo en punta de lanza. El primer cuarto de hora, eso sí, tuvo al cuadro local como protagonista. Especialmente con dos de sus hombres, indetectables de primeras para la zaga blanquilla.

Era el caso de Chapela, protagonista de la mejor ocasión estrellada en el lateral de la red en el 11 tras una gran asistencia de Bernal. Y poco después, era el primero el que buscaba al segundo, quien fallaba el control en una posición muy franca para batir a Badía. Tocaba espabilar. En ataque, las arrancadas de Francho Serrano, con escaso tino en el tramo final de campo, y algún detalle aislado de Mollejo y Mesa. Pero se veía un equipo muy deslavazado, con una claridad de ideas poco brillante. Por utilizar un eufemismo.

Cuando menos se atisbaba el plan del equipo, apareció la genialidad. Empezó con ella Gámez, listo en el robo, rápido en la contra y mágico como asistente, con taconazo incluido. Y Maikel Mesa a lo suyo: dale una en la frontal y será gol. El ex del Albacete, en el 29, encontraba mallas con un disparo colocado que servía para un 0-1 de altos quilates. Eso sí, el discurso no cambiaba con el gol, porque la reacción local no iba a tardar.

Primero Edgar Badía salvaba su primer tanto como portero zaragocista, ayudado con Moya enviando a córner. Pero la zaga, en modo verbena, no evitaba un cabezazo de Soberón a envío de Marc Mateu. Ahí Badía no pudo hacer otro milagro e igualaba en el 35. Teniendo que dejarse la sangre en cada balón dividido, el Eldense era el que ahincaba colmillo en cada centro al área, con una pasividad maña que dolía.

Con algún susto por dos faltas consecutivas de Mollejo, llevando ya amarilla, y dos córners infartantes seguidos, el choque se encaminó a los vestuarios con 1-1. Probablemente con los locales mereciendo más. Más que probable, seguro. Y con un Real Zaragoza necesitado de cambiar un mundo para puntuar en el Pepico Amat, donde apenas Gámez había estado a la altura con Maikel Mesa como preciso ejecutor.

SEGUNDA PARTE

Como un guion calcado. Así comenzó la segunda parte, con un Marc Mateu haciendo magia desde la esquina y, tras una maraña de piernas, Edgar Badía sacando la suya para desbaratar el posible 2-1. También en saques de banda con Mateu poniéndolas al área, una peinada y Clemente llegando solo de nuevo. Eso sí, cabeceando centrado. Cero defensa ante un fútbol práctico y arcaico, pero evidentemente eficaz ante el Real Zaragoza. Era lógico pensar en un cambio absoluto en la dirección de partido de Velázquez y llegó por todo lo alto.

En el 54, Azón por Mouriño. Vuelta a los cuatro defensas, el nueve en punta, con Mollejo y Maikel Mesa entrando en principio desde banda. Eso sí, el bombardeo local con Marc Mateu seguía y seguía, con el Real Zaragoza defendiéndose como podía. Como gato panza arriba, más bien. Cada vez que el interior zurdo recibía, todo temblaba y nadie lo paraba. Parecía cuestión de tiempo que el Eldense encontrara el tanto del triunfo naciendo de sus botas, como el del empate.

Con el equipo más perdido que nunca, movía más banquillo Velázquez. Francho al lateral zurdo, Vallejo al campo en posición más adelantada por la zurda y Lecoeuche al banco. Mollejo cambiaba a diestra y Mesa volvía al medio. Mareante, no cesaba la sangría atrás y en ataque nada funcionaba. Juanjo Ortuño le comía la tostada a Francés, se adelantaba a Badía pero su vaselina, forzada, se marchaba fuera por poco en el 72. Tres después, Marc Mateu y su guante obligaban a Francho a cabecear hacia atrás con la fortuna de que lo repelía el poste mandándola al córner. Por entonces, ya era junto al del Huesca el peor partido de la temporada zaragocista.

No caben en la crónica más ocasiones de Mateu, pero su exhibición lo merecía. Sólo un auténtico milagro, un paradón, de Edgar Badía evitó su gol olímpico ayudado de nuevo por el poste. Ya como medida desesperada, Velázquez quemaría los cambios con Bermejo, Enrich y Grau en detrimento de Maikel Mesa, Mollejo y Toni Moya.

Tras una vida sin acercarse, Francho metía un buen balón con la zurda al corazón del área pero la zaga bloqueaba el cabezazo de Azón. Primer acercamiento semipeligroso, minuto 87, con su consiguiente córner donde el meta local hizo de Badía para negarle el tanto a Grau. Restaría el descuento con ese impás de haber perdonado tanto el Eldense que cualquier cosa podía pasar. De hecho, Grau con la derecha tendría el 1-2, pero demostró no ser su pierna hábil y le salió demasiado centrado.

El choque, por fortuna, acabó. Y con un punto para el Real Zaragoza que no le saca de pobre pero que es, de largo, lo único rescatable. Eso y el buen estreno de Badía, clave para puntuar ante un Eldense que fue tremendamente superior a un cuadro, el de Velázquez, que cuajó un choque paupérrimo.