Quevedo vuelve de "Columbia" y revienta el Espacio Zity

Quevedo en el Espacio Zity
photo_camera Quevedo arrasó en Espacio Zity. Foto: Pablo Velázquez

Tiene nombre de poeta del Siglo de Oro aunque ya (casi) nadie se acuerde del pobre Francisco al oír Quevedo. Ahora lo único que uno piensa o, más bien, canta es un "Quédate" que de tantas, y tantas, veces que ha sonado se lo saben hasta esos padres que este jueves acompañaban a sus adolescentes en un Espacio Zity a reventar. Decir que acompañaban casi es un eufemismo, pues su misión era apoyarse en la barra, intentar que no les cayese una cerveza por encima y ver cómo sus pequeños se perdían entre una marabunta en la que, literalmente, era imposible moverse. Aun así había motivos para estar felices y es que "solo" eran algo más de 14.000 los que habían conseguido una entrada para ver al canario de voz grave, 21 años y más éxitos de los que un mortal pudiera cosechar con tan tierna edad. Estaban en el primer concierto de Quevedo en Zaragoza y eso había que aprovecharlo.

Con gafas de montura naranja, cazadora marrón y jersey y pantalón negro (un look no muy acertado a juzgar por los incontables grados que hacía dentro de la carpa) el canario salió puntual a un escenario luminoso que tampoco fue tan apoteósico como algunos pudieran pensar. Apoteósica, eso sí, fue su entrada, pues nada más salir parecía que iba a derrumbar el Espacio Zity con la energía, gritos y euforia de los asistentes. Casi, casi, a la par que la de él. Entonces empezó a cantar. "Piel de cordero", "Yankee", "Respuesta cero". Si uno quería oír la voz del artista lo tenía un poco crudo. Primero por eso del autotune, los efectos y todo el artefacto de la música moderna y, segundo, porque el de al lado, y el de al lado, y el de al lado cantaban estrofa por estrofa, tono por tono todos los temas de principio a fin. La separación entre los asistentes era inexistente, por lo que era un concierto de 14.500 voces frente a la de uno, por muy grave que fuera.

En el primer "Buenas noches, Zaragoza", Zaragoza se derrumbó. Y en él "Zaragoza, qué alegría estar en los Pilares", también. Y cuando Quevedo se quitó las gafas y se puso el cachirulo la euforia ya fue desmedida. Entonces el canario decidió llevar esa "Playa del inglés" hasta la capital del Ebro. También intentó, en vano, que se guardasen los móviles y que el público se quedase "Sin señal". El tema, muy bien, los móviles, seguían en la mano. "Quevedo, si no estás me falta algo" se podía leer en uno de los carteles sostenidos por una joven. Y, de repente, empezó a sonar "Me falta algo" dando paso al momento romántico de la noche. Entre besos en los que poco importaba lo sudado que estuviera uno, cogidas de mano y bailes "lentos", las parejas vivían un sueño junto a su ídolo.

Quevedo estuvo solo en el escenario, ni bailarines, ni músicos, ni instrumentos. Nada. Aunque eso poco importaba, de hecho, seguro que más de uno agradeció tenerlo solo a él sobre el escenario para no perderse ni un segundo de sus movimientos. Después de una suerte de interludio de piano al más puro estilo Ludovico Einaudi, el canario volvió con una sorpresa. Algunos pensaban que era Saiko pero los cálculos fallaban porque Quevedo ya había cantado "Polaris" antes. Finalmente el que apareció en el escenario del Zity fue Soge Culebra con quien el canario sacó "No pienso llamar" hace apenas una semana. Daba igual, el público la coreó, de nuevo, de pe a pa.

Después de eso, Quevedo y el público, el público y Quevedo fueron uno y se vinieron todavía más arriba. Quedaban los temazos. Le cantó a todas las "Wanda" con su "carita buena pero eres mala", hizo que Zaragoza tuviera "Vista al mar" y subió los ánimos y las ganas de reguetón con el "Punto G". Zaragoza enloqueció cuando mencionó a una Lola Índigo que se subió al mismo escenario que el canario hace apenas tres días. En ese momento, parecía que nada podía ir a mejor.

Y cuando "Cayó la noche" Quevedo dijo que era la última pero el público, fiel y esperanzado, no lo creyó. ¿Cómo iba a ser la última si quedaba la sesión con Bizarrap? "¡¡Y Columbia tampoco la ha cantado!!", gritaban unas amigas a punto de perder los nervios. Entonces el canario se fue y volvió y empezó a sonar "Volvió de estudiar en Columbia a la isla, sin nada que hacer". Una de dos, misión casi cumplida. Luego, llegó el apogeo. Con las primeras notas, los asistentes casi se desmayan y eso que habían cantado el "Quédate" más veces de las que puedan contar. Eso sí, nunca con el mismísimo Quevedo sobre el escenario. "Venga, Zaragoza, que esta es la última". Y Zaragoza no pudo más que responder con un "Queeeeedate" ya afónico después de darlo todo pero tan eufórico que parecía que todo iba a saltar por los aires. Y todo saltó con un público entregado al que, brazos en alto y emoción en el rostro, solo le importaba que Quevedo se quedase un ratito más.

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