El porqué de los nombres de las borrascas: una tradición que evoluciona

El porqué de los nombres de las borrascas: una tradición que evoluciona y que se originó en los Estados Unidos en 1950.
La costumbre de asignar nombres a las borrascas se originó en la década de 1950 en Estados Unidos.
photo_camera La costumbre de asignar nombres a las borrascas se originó en la década de 1950 en Estados Unidos.

En el mundo de la meteorología, las borrascas son fenómenos climáticos comunes que a menudo desatan lluvias intensas, fuertes vientos y en ocasiones inundaciones. Si bien su comportamiento y sus efectos son estudiados con precisión, un aspecto que ha suscitado curiosidad y debate es la tradición de nombrar las borrascas con nombres de mujer. ¿Por qué este peculiar vínculo entre las tormentas y el género femenino?

La costumbre de asignar nombres a las borrascas se originó en la década de 1950 en Estados Unidos. En ese momento, la Armada de los Estados Unidos y el Servicio Meteorológico Nacional (NWS) comenzaron a utilizar nombres de mujeres para identificar las tormentas tropicales. El propósito inicial de esta práctica era simplificar la comunicación y evitar la confusión entre varias tormentas en una misma temporada. Al darles nombres, los meteorólogos y el público en general podían seguir más fácilmente las tormentas y tomar medidas de precaución.

La elección de nombres femeninos fue una tradición basada en la influencia de la aviación militar, en la que las aeronaves también eran bautizadas con nombres de mujeres. Esto se hizo en parte para atraer la atención de la prensa y el público en general, y para destacar la relación entre la gracia y la belleza de las mujeres y la serenidad de los cielos antes de la llegada de la tormenta.

Sin embargo, a medida que el tiempo pasó, surgió una creciente controversia sobre la práctica de nombrar borrascas con nombres de mujer. La principal crítica fue que perpetuaba estereotipos de género y se basaba en conceptos desactualizados de feminidad, relacionando a las mujeres con la destrucción y la imprevisibilidad de las tormentas. Además, se argumentaba que esta tradición no era inclusiva ni representativa de la diversidad de género.

Para abordar estas preocupaciones, en la década de 1970, el NWS y otros organismos meteorológicos comenzaron a alternar entre nombres masculinos y femeninos para las tormentas tropicales. Esto marcó un cambio positivo hacia la equidad de género en la denominación de las tormentas y ayudó a desterrar algunos de los estereotipos negativos.

En la actualidad, en muchas partes del mundo, incluyendo Europa, las tormentas se nombran de manera intercalada entre nombres masculinos y femeninos. Este sistema de nomenclatura es más equitativo y refleja una visión más moderna de igualdad de género. Los nombres se seleccionan de antemano en listas preparadas por comités de meteorología, y se asignan de manera secuencial a las tormentas a medida que se forman.

Si bien la práctica de nombrar borrascas con nombres de mujer tuvo un comienzo cuestionable, ha evolucionado hacia una forma más equitativa y representativa de asignar nombres a las tormentas. Este cambio refleja la creciente conciencia sobre la importancia de la igualdad de género en todos los aspectos de la sociedad, incluso en la meteorología.