La princesa de Asturias recibe el sable de la Academia General Militar, símbolo del mando que ejercerá

La princesa Leonor, en la entrega de sables | Foto de Casa Real
photo_camera La princesa Leonor, en la entrega de sables | Foto de Casa Real

La princesa de Asturias ha recibido en la Academia General Militar de Zaragoza (AGM) el sable, símbolo del mando que ejercerán los cadetes que ahora se incorporan a la formación de oficiales.

En el acto de entrega han participado los 560 cadetes de nuevo ingreso para el acceso a las Escalas de Oficiales de los Cuerpos General, de Intendencia y de Ingenieros Politécnicos del Ejército de Tierra, así como al Cuerpo de la Guardia Civil.

La ceremonia, según informa el Ministerio de Defensa, ha estado presidida por el general de brigada Manuel Pérez López, director de la Academia General Militar. Los cadetes de segundo curso han entregado los sables de oficial a los componentes de una nueva promoción de caballeros y damas cadetes, como la princesa Leonor.

Este acto interno, uno de los más tradicionales de los que se realizan en la Academia, "se ha significado por ser el primero en el que participan los alumnos de reciente ingreso y porque simboliza la obtención de sus títulos de caballero o dama cadete".

En la actualidad, el empleo del sable se limita a actos y ceremonias solemnes, siendo portado por aquellos que ejercen el mando de las unidades. Por tanto, su recepción adquiere un primer valor como símbolo del mando que ejercerán en unos años los cadetes que ahora se incorporan a la formación de oficiales.

Así, con la recepción del sable, el caballero o dama cadete asume la función de mando para la que se tiene que preparar, formalizándose la obligación de abrazar los valores del patriotismo, honor, lealtad y servicio, base de su formación moral, recogidos en el decálogo del cadete.

"Por otra parte, y como es tradición, la participación de los caballeros y damas cadetes de segundo curso también ha resultado fundamental en la ceremonia, dado que en ellos, como componentes de una promoción más antigua, se deposita la responsabilidad de materializar la entrega de los sables que distinguirán a sus compañeros como futuros oficiales. Dicha entrega se sella, de forma individual, con un abrazo fraternal.