El plástico en su vida útil cuesta 10 veces más en los países pobres que en los ricos

Personas sobre una montaña de plástico en Vietnam
photo_camera WWF demanda que la ONU pacte un tratado mundial sobre contaminación por plásticos. Foto: Denise Stilley/WWF Vietnam

El coste real del plástico para el medio ambiente, la salud y la economía puede ser hasta 10 veces superior en los países pobres respecto a los ricos, pese a que aquellos consumen casi tres veces menos por persona que quienes viven en naciones de renta alta.

Esa es la conclusión principal de un estudio encargado por WWF y elaborado por Dalberg para analizar el coste de la cadena de valor del plástico.

El informe calcula que el coste total de un kilogramo de plástico a lo largo de la vida es de unos 150 dólares por kilogramo en los países de ingresos bajos y medios, ocho veces más que los 19 dólares/kilo de los países de ingresos altos.

Si se comparan solo las naciones de ingresos bajos y sus homólogos más ricos, la diferencia de costes se multiplica por 10, ya que los países pobres soportan costes de 200 dólares por kilogramo.

“USAR Y TIRAR”

Estos costes desiguales tienen implicaciones sustanciales para países de ingresos bajos y medios como Kenia, donde la ONU auspiciará la próxima semana la tercera ronda de negociaciones para elaborar un tratado mundial que termine con la contaminación por plásticos.

Precisamente, Kenia dio un paso decidido contra la contaminación por plásticos hace seis años al prohibir las bolsas de plástico de un solo uso. Hoy, este país lucha contra las importaciones ilegales de bolsas de plástico de un solo uso, lo que refleja la naturaleza transfronteriza del problema y las graves desigualdades inherentes a la actual cadena de valor de los plásticos.

"Nuestro sistema de plásticos basado en la cultura del usar y tirar está diseñado de una manera que afecta injustamente a los países más vulnerables y desfavorecidos de nuestro planeta. En lugar de resolver la crisis mundial de contaminación por plásticos de la forma más eficiente, el sistema traslada la mayor parte de los costes a quienes están menos preparados para gestionarlos, sin responsabilizar a quienes producen y utilizan los productos en primer lugar", indicó Alice Ruhweza, directora senior de Política, Influencia y Compromiso de WWF Internacional.

Luis Suárez, coordinador de Conservación de WWF España, apuntó que el informe señala “la urgencia de una revisión inmediata del actual sistema del plástico”. “Seguir como hasta ahora podría ser una sentencia de muerte no solo para un número cada vez mayor de animales, sino también para muchas de las comunidades vulnerables y marginadas de nuestro mundo, como consecuencia del aumento de los riesgos para la salud, incluida la ingestión de productos químicos nocivos y tóxicos y el aumento del riesgo de inundaciones y enfermedades”, añadió.

TRES DESIGUALDADES

El informe indica que los países de ingresos bajos y medios soportan una carga desproporcionadamente elevada de los costes asociados a la contaminación por plásticos debido a tres desigualdades estructurales que refuerzan el actual sistema de plásticos.

La primera es que el sistema coloca a los países de ingresos bajos y medios en una situación de desventaja, ya que tienen una influencia mínima sobre qué productos de plástico se fabrican y cómo se diseñan. Sin embargo, a menudo se espera que gestionen estos productos una vez que llegan al final de su vida útil. En cambio, el diseño de artículos y sistemas suelen hacerse en países productores y empresas multinacionales con sede en países ricos.

La segunda inequidad se refiere a que el ritmo de producción de plástico, sobre todo el de un solo uso, supera con creces la disponibilidad de recursos técnicos y financieros para su gestión cuando llega al final de su vida útil en los países de ingresos bajos y medios, que soportan la mayor carga de los impactos medioambientales y socioeconómicos directos de la contaminación plástica.

La tercera injusticia es que el sistema carece de una forma justa de hacer que los países y las empresas rindan cuentas de su acción, o inacción, sobre la contaminación por plásticos y su impacto en la salud, el medio ambiente y la economía (por ejemplo, a través de regímenes obligatorios de responsabilidad ampliada del productor en cada uno de los países en los que operan).

TRATADO MUNDIAL

Por ello, WWF demanda que la ONU pacte un tratado mundial sobre contaminación por plásticos basado en reglas globales armonizadas y vinculantes que incluya normas globales de diseño de productos para que estos puedan ser reutilizados o reciclados, independientemente del país en el que se produzcan o utilicen.

"Muchas de las opciones incluidas en el primer borrador del tratado tienen un lenguaje sustancialmente más débil y obligaciones menos específicas, lo que hace que sea tentador para los gobiernos volver a los viejos malos hábitos de confiar en la acción nacional o voluntaria en lugar de crear normativas comunes", ha afirmado Suárez.

En este sentido, Suárez ha subrayado: “No podemos seguir actuando como si el plástico fuera un producto barato de usar y tirar. Tiene un coste enorme para algunas de las comunidades más vulnerables que no tienen poder para cambiar el sistema. La inacción tendrá un costo mayor para todos nosotros. Los países deben aumentar su ambición y concluir un tratado con normas mundiales armonizadas y vinculantes si queremos lograr una cadena de valor del plástico equitativa y un futuro libre de contaminación plástica”.