El 83% de los consumidores ha modificado sus hábitos de compra por la inflación y el 33% se siente “vulnerable”

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photo_camera Desciende la compra de productos frescos, principalmente pescado, carne, pasta y legumbres, con el aumento de la adquisición de producto congelado

Más de ocho de cada diez consumidores, en concreto el 83%, ha modificado sus hábitos de compra por la inflación, una cifra nueve puntos por encima de la registrada el año pasado. De ellos, un 42% lo hace buscando más ofertas, más del doble que entonces, y un 8% ha cambiado el tipo de productos que consume, cuando en 2022 el porcentaje era del 21%.

Así lo desvela la 'Encuesta de Hábitos de Compra y Consumo 2023' publicada este jueves por la Mesa de Participación Asociaciones de Consumidores (MPAC) -integrada por las confederaciones y federaciones de asociaciones de consumidores y usuarios Avacu, FUCI, UNAE y Ucauce junto con Mercadona- a partir de un estudio en el que participaron 3.500 familias durante el primer semestre de este año.

Por primera vez desde que la MPAC realiza esta encuesta desciende la compra de productos frescos, principalmente pescado, carne, pasta y legumbres, con el aumento de la adquisición de producto congelado. La carne congelada pasa del 6% en 2022 al 10% este año y el pescado congelado, del 29% al 36% y en el caso de las pastas y las legumbres sube 10 puntos la categoría de ‘Conservas/Otros’.

Aunque la cercanía sigue siendo el factor principal a la hora de elegir un establecimiento de compra (53%), el precio ha adelantado a la calidad (48% frente al 46% del año pasado) y esta última se coloca con un 38% frente al 51% de 2022.

La posibilidad de hacer la compra por Internet crece 10 puntos porcentuales (del 5% al 15%) y el precio se impone como el motivo más extendido para elegir uno u otro producto alimentario y pasa del 24% en 2022 al 38% este año, en detrimento de la calidad, que pasa del 42% al 29%.

EL SUPERMERCADO, EL PREFERIDO

El supermercado es el formato comercial preferido por los consumidores para realizar sus compras de alimentación y gran consumo, aunque baja dos puntos (62%), seguido del hipermercado, que pasa del 18% al 12%; la compra ‘online’, que gana seis puntos hasta el 7% y los mercados municipales (6%). Por lo que respecta al canal ‘online’, el 68% valora la compra por Internet de productos de alimentación, aunque solo un 40% la utiliza o utilizará y solo un 12% "desconfía" de ella, cinco puntos menos que en 2022.

Por otro lado, la mitad de los consultados este año asegura haberse sentido “influido directamente” a la hora de comprar o consumir un producto de alimentación y gran consumo por la información en Internet o redes sociales (el 50% frente al 43% de 2022) y sólo una quinta parte, pese a haberla recibido, “ha seguido comprando igual”.

Asimismo, el 33% de los encuestados se ve “vulnerable”, bien porque su nivel de renta es bajo (19%), bien por alguna variable psicosocial (4%), por el desconocimiento de las nuevas tecnologías (6%) o por su nivel de formación (4%) y la vulnerabilidad por renta afecta “principalmente” a las franjas de entre los 51 y 65 años y a los españoles de más de 65.

ETIQUETADO

En cuanto al etiquetado, la mitad lee “siempre” la etiqueta de los productos de alimentación, 16 puntos más que el año pasado, frente al 14% de quienes no la leen nunca. Los elementos que más se valoran del etiquetado son la fecha de caducidad (66%, aunque el mismo porcentaje consume productos pasada esa fecha); la composición (50%); los precios y las ofertas (35%) y la información nutricional (25%).

Además, los encuestados se muestran a favor de la inclusión de un código QR que aporte información adicional sobre nutrición (45%), procedencia (36%), conservación del producto (36%) y calidad y certificación de la misma (21%) y tres de cada cuatro añadirían en el etiquetado información sobre si el producto es sostenible (76%).

Más de la mitad (54%) valora la innovación en alimentación, si bien un 15% “desconfía” de ella y, en general, los encuestados abogan por dirigirla a la obtención de productos más saludables (24%) a un precio lo más ajustado posible (19%) y con la mayor calidad (17%).

Junto a ello, aumenta la población que considera sus hábitos saludables (68% frente a 66%), con un ligero descenso de quienes reconocieron no tenerlos (7% frente a 12%) y el 34% de los encuestados admitió que el impacto de la inflación “ha hecho no poder adquirir alimentos que considera saludables”.

La mitad de los participantes (51%) se ha planteado sustituir el consumo de algunos alimentos de origen animal por otros de origen vegetal y un 17% adquiere productos libres de alérgenos porque los ve “más sanos”, si bien el 66% no los compra, principalmente porque no son alérgicos (48%).

Por último, el 50% de los encuestados valoró la producción sostenible por parte de las empresas y aspectos como saber la procedencia del producto (24%) y cómo se ha producido (18%). También, otros aspectos como el compromiso con el medio ambiente, que aumenta alcanzando casi el 26%, diez puntos por encima de 2022, o que el fabricante sea “respetuoso” con el bienestar animal (17%).