El acoso escolar, estrategias para su prevención

ONU: el acoso escolar es la «conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un estudiante contra otro de forma negativa, continua e intencionada»
photo_camera ONU: el acoso escolar es la «conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un estudiante contra otro de forma negativa, continua e intencionada»

El acoso escolar (bullying) representa una problemática a resolver en el ámbito educativo. Los centros educativos, las familias y la sociedad, tenemos una tarea pendiente. Los esfuerzos por reducir el acoso escolar merecen un gran reconocimiento y requieren ser visibilizados y reforzados con el apoyo público y privado. Recientemente, en un estudio liderado por la organización no gubernamental Educo, se advertía que «en un aula con 30 niños y niñas, 9 han sufrido acoso escolar u otro tipo de violencia en la escuela en algún momento de su vida». Teniendo en cuenta que la encuesta fue respondida por 1000 adolescentes, es muy probable que este dato pueda ser mayor. Pero, al margen del número, el acoso escolar no debe ser tolerado y es la educación una de las vías para contribuir a reducir estas cifras.

La innovación educativa está llamada a transformar los procesos de enseñanza-aprendizaje para favorecer la adquisición de conocimientos y competencias del alumnado. La activación de los protocolos contra el acoso en los centros educativos es una vía válida. La innovación tendría que ayudar prevenir el acoso escolar. ¿Cómo reducir este tipo de conductas caracterizadas por agresiones psicológicas, físicas o verbales? ¿Cómo crear espacios de empatía, tolerancia y de encuentro en los centros educativos para reconocer en el otro una persona que merece respeto? ¿Cómo incorporar a las familias desde los primeros niveles educativos para que sean una parte activa en el proceso de detección de quien es acosado y quien es acosador?

¿Estrategias? El «Protocolo de actuación inmediata ante posibles situaciones de acoso escolar» es una herramienta válida que, tal y como indica, refuerza la convivencia. Ahora bien, «la convivencia se aprende y se imita, por ello todos debemos asumir la responsabilidad de mejorar la convivencia, puesto que el ambiente de convivencia de un centro educativo no puede ser fruto de la casualidad». Sin embargo, hay que ir más allá. Por ejemplo, reforzando la educación en valores y habilidades sociales en todas las actividades curriculares o extracurriculares. Aprender y promover el respeto, la tolerancia y la solidaridad. Enseñar habilidades sociales y emocionales, como la empatía y la resolución de conflictos.

Otra vía es la formación continua del profesorado y de las familias: profesorado y familias juegan un rol clave en la detección temprana y manejo del acoso escolar, en la detección del acosado y del acosador. Es fundamental concienciar en la necesidad de una formación continua en técnicas de observación e intervención. Por supuesto, fundamental el apoyo psicológico al profesorado y las familias para que puedan actuar de manera efectiva. Es necesaria una participación comprometida. Integrar a las familias en el proceso educativo y en la prevención del acoso es clave. ¿Punto de partida? Detectar señales de alerta y cómo apoyar a los hijos e hijas en situaciones de acoso son esenciales para una estrategia integral.

Son necesarias iniciativas frecuentes que promuevan un ambiente escolar inclusivo y seguro. Reforzar continuamente las actividades que fomenten la inclusión y la diversidad, proyectos de colaboración entre estudiantes de diferentes edades, culturas, religiones, niveles sociales y caracteres. Solamente con proyectos de convivencia, liderados y supervisados, se puede ayudar a reducir las barreras sociales y promover un entorno de aceptación mutua.