Hace unas semanas que veo que mi hijo de 18 años está muy triste. Va bien en los estudios y, aparentemente, no tiene problemas, pero sé que algo le ocurre.

La adolescencia es una etapa complicada para los padres y muchas veces los adultos no sabemos cómo ayudar a nuestros hijos a superar sus problemas.

Hay que saber que la tristeza y la apatía son dos estados de ánimo bastante habituales en los adolescentes, ya que para ellos son unos años de cambio y transición complicados y en los que los jóvenes son más sensibles a su entorno social y familiar.

Habla con tu hijo. Busca un momento en que le veas tranquilo y receptivo. Puedes empezar la conversación hablando de otra cosa diferente, por ejemplo, contándole algún problema tuyo para romper el hielo y no ponerle a la defensiva. También para que vea que todo el mundo atraviesa por momentos complicados, que no es el único y que no está solo. Pregúntale cómo se ha estado sintiendo últimamente, si tiene algún problema o hay algo de lo que quiera hablar contigo.

Mi consejo: Presta atención a los cambios de su estado de ánimo, observa si se generalizan y se extrapolan a todas las esferas de su vida. Si perduran en el tiempo, buscad la ayuda de un profesional.

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