La DGA da un ultimátum a la empresa responsable del colegio Ana María Navales de Arcosur

Educación y los representantes del centro celebrarán una nueva reunión la semana que viene. Foto: Archivo
photo_camera Educación y los representantes del centro celebrarán una nueva reunión la semana que viene. Foto: Archivo

El colegio Ana María Navales de Arcosur centró las miradas del primer día lectivo entre obras de última hora. Las quejas, a pocos días de las vacaciones de Navidad, están lejos de terminar. El Consejo Escolar ha difundido una carta pública para pedir una nueva reunión con el Gobierno de Aragón y, según fuentes del Departamento de Educación, podría tener lugar el próximo martes. La DGA ha dado un ultimátum a la empresa responsable, mientras del otro lado impera el malestar porque la infraestructura está “inacabada” y en estos primeros meses se han impartido clases sin garantizar las condiciones para profesores y alumnos.

En su extensa lista de reclamaciones, la comunidad educativa del centro hace referencia a “aulas sin suelo, falta de cristales o puertas, cables sueltos y un largo etcétera de despropósitos”. “Un verdadero riesgo para los niños y adultos que compartimos el espacio”, insisten. Respecto a situaciones concretas, señalan que la separación de aulas “sin puertas ni cristales” hace el ruido “insostenible” y que los trabajos de los albañiles llenan todo de polvo, que se mantiene incluso durante el horario lectivo. “Varios docentes tuvieron que ir al médico por problemas respiratorios”, añaden, a raíz de esta cuestión.

Asimismo, denuncian que un niño sufrió “un corte en la mano” como consecuencia de un perfil metálico que se encontraba en el suelo. A estas molestias se suma, según los representantes del colegio, la presencia de goteras, el no poder utilizar “completamente” el sistema de calefacción o la poca “seguridad y vigilancia” que aprecian el claustro, equipo directivo y AMPA. Además, argumentan que este mes han llegado los últimos materiales que debían estar en septiembre.

Este listado de ‘remates’ pendientes se va engordando desde septiembre, se comunica mensualmente a Gerencia de Infraestructuras con la esperanza de que se vayan solventando estos problemas que detectamos semana tras semana, sin que haya avances significativos”, exponen. No obstante, Educación aclara que la comunicación ha sido constante durante estos meses, así como la presencia en el barrio de los responsables del Departamento.

Estado del colegio el primer día de curso. Foto: Archivo

STEA PIDE APROVECHAR EL PARÓN POR LAS VACACIONES

Por su parte, algunos de los sindicatos que han estado a disposición del colegio, caso de UGT o STEA, “corroboran” el listado de quejas. Estos últimos recuerdan que ya les parecía “un disparate” la apertura inicial en su emplazamiento. “El anterior consejero no dejó los deberes hechos”, aseguran, lo que no quita a su juicio que haya habido “margen de maniobra” a lo largo de estos tres meses. Ahora, ven el parón navideño como una oportunidad para “volver con todo solucionado” tras las fiestas o, al menos, avanzar a lo largo de esos 16 días sin clases.

Lo sucedido con el edificio principal les hace desconfiar también para el de Primaria, donde continúan los trabajos de cara a la primavera de 2024. Debería estar listo para entonces, de acuerdo a las previsiones iniciales de la administración, pero ven los últimos hechos como “una mala señal” a futuro. De fondo, aseguran, está la “falta de inversión” tanto a nivel aragonés como estatal en el ámbito educativo. Y es que, según fuentes sindicales, “lo del Navales es más sangrante por las condiciones” pero no deja de ser un fenómeno recurrente, por ejemplo, con el IES Martina Bescós de Cuarte.

El próximo viernes, día 22, está convocada una manifestación frente al Departamento de Educación, si la reunión no lo remedia. Se repetiría la escena del inicio de curso, cuando varios centenares de personas se desplazaron hasta el edificio de la Consejería, en la Avenida de Ranillas.

UNA VUELTA AL COLE ENTRE MÁQUINAS

Ese mismo día, el 7 de septiembre, buena parte de los alumnos se quedaron en casa por decisión de sus padres, una medida para ganar tiempo. Según explicaron entonces miembros de la Consejería, sí existían órdenes tanto para el equipamiento como para la habitabilidad del colegio, si bien esta última llegó pasada la medianoche del primer día de clase. Esa misma mañana, llegó la del comedor.

La comunidad educativa dejó patente su malestar, que viene de lejos. Hasta la apertura del nuevo espacio, los niños dieron clase en barracones, una medida a la que puso fin la anterior administración, con Felipe Faci, si bien el cambio a las aulas no fue el deseado.