Un rayo de esperanza

El Gobierno de Aragón destinará cuatro millones de euros anuales a ayudas al alquiler para las personas con menos recursos económicos. Esta medida afectará, sobre todo, a las familias que han sufrido un desahucio a partir del 1 de enero de 2012. Tendrán preferencia en el acceso a estas cuantías.

El Gobierno de Aragón destinará cuatro millones de euros anuales a ayudas al alquiler para las personas con menos recursos económicos. Esta medida afectará, sobre todo, a las familias que han sufrido un desahucio a partir del 1 de enero de 2012. Tendrán preferencia en el acceso a estas cuantías.

Este tipo de subvenciones se hacen más necesarias que nunca en un momento delicado para la economía de muchos hogares de la Comunidad. La duración de la crisis, más de lo esperado y deseado, la alta destrucción de empleo y la falta de oportunidades laborales han provocado que los ahorros de los ciudadanos hayan ido desapareciendo de manera paulatina.

Un proceso que se ha vivido más rápido en aquellas familias que se lanzaron a comprar una vivienda por encima de sus posibilidades o sin prever lo que podría deparar el futuro, alentados por la burbuja inmobiliaria y el acceso rápido a unos créditos baratos y atractivos. Una decisión relacionada también con la filosofía ibérica de contar con un hogar en propiedad, algo que no sucede de igual manera en muchos países europeos.

Una hipoteca es algo que acompaña a una persona casi toda la vida y debe ser una decisión meditada y estudiada a fondo. El falso crecimiento vivido durante los últimos años ha provocado que muchos se relajasen y no analizasen profundamente en qué se estaban metiendo. Llegada la crisis, han despertado del sueño en que ha vivido la sociedad y se han encontrado con cargas por encima de sus posibilidades, más de una residencia habitual pendiente de pago durante muchos años u operaciones arriesgadas multidivisa.

Lo más fácil en esta situación es echar la culpa a las entidades financieras, acusándolas de no haber informado suficiente de los riesgos, de no especificar que situaciones como estas podían suceder o de incluso de no querer negociar el pago de unas cantidades firmadas y aceptadas por ambas partes. Pero, la mayor parte de las veces ninguna de estas razones es la que ha provocado que se haya llegado a esa situación.

Ahora solo toca lamentar los miles de dramas humanos que se están sucediendo y concienciarse de que escenarios como éstos nunca deben volver a pasar. Sin embargo, todo esto no es suficiente para aliviar el sufrimiento de una gran multitud de familias que han visto cómo perdían su más valiosa posesión material o que viven con la incertidumbre de si al día siguiente podrán dormir bajo su techo. Por ello, iniciativas como ésta deben hacer más liviana una carga que nunca se debió llevar a los hombros.