Patrimonio en el olvido

No es la primera vez que el patrimonio aragonés está en peligro. Muchos son los ejemplos que reflejan la escasa preocupación de las instituciones con lo que debería ser una muestra de orgullo para la Comunidad y una palanca para descubrir su riqueza histórica al resto del mundo.

No es la primera vez que el patrimonio aragonés está en peligro. Muchos son los ejemplos que reflejan la escasa preocupación de las instituciones con lo que debería ser una muestra de orgullo para la Comunidad y una palanca para descubrir su riqueza histórica al resto del mundo.

En esta ocasión la iglesia de San Miguel de Otal en Sobrepuerto, catalogada como Bien de Interés Cultural, ha sido víctima de la dejadez y la desidia. La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (Apudepa) ha denunciado el hundimiento de su techumbre entre el ábside y el coro y ha exigido al Gobierno de Aragón una actuación urgente para salvarla de la ruina.

Los millones de euros malgastados en el olvidado, y todavía sin proyecto, Teatro Fleta; el peligro que corrió la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de Burbáguena; las moles de piedra que caen sobre el patio de una casa anexa a la iglesia de Híjar, por no hablar de la falta de protección del Pueblo Viejo de Belchite, son el presagio de lo que puede ocurrirle a muchos monumentos que, siendo patrimonio histórico, pasan aún más desapercibidos al pertenecer a pueblos deshabitados como el caso de Otal.

Ya el pasado mes de abril las Cortes de Aragón instaron por unanimidad al Ejecutivo autonómico a elaborar y completar un inventario en los pueblos no habitados con el objetivo de continuar rehabilitando sus lugares simbólicos y poniendo en valor la existencia que tuvieron en el pasado.

Un acuerdo que no debe quedar en una mera declaración de intenciones y que no tendrá que subyugarse a las políticas de austeridad. Con el derrumbe de Otal, se destruye algo más que un templo: la memoria de los aragoneses y su historia.