Modernizar el siglo XIX

Los robos con fuerza en los domicilios aragoneses han aumentado en los primeros tres meses del año un 56,7%, la mayoría de ellos en el medio rural. Unos delitos que no sólo generan daños económicos, sino que también crean una sensación de miedo e inseguridad entre sus víctimas que es necesario dar respuesta.

Los robos con fuerza en los domicilios aragoneses han aumentado en los primeros tres meses del año un 56,7%, la mayoría de ellos en el medio rural. Unos delitos que no sólo generan daños económicos, sino que también crean una sensación de miedo e inseguridad entre sus víctimas que es necesario dar respuesta.

En un momento en el que cada semana hay un anuncio de una reforma por parte del Gobierno de España, un buen día para hacerlo podía haber sido este jueves durante la visita que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha realizado a Calatayud. Sin embargo, allí sólo ha reconocido el problema, porque no ha dado ninguna solución. El titular de este Departamento, del que depende una parte del bienestar social, ha vuelto a protegerse con el escudo de la crisis económica para advertir de que, aunque le gustaría, no puede incrementar la plantilla de la Guardia Civil.

Por ello, ha apelado a hacer “más con menos”. Sin embargo, todo se ha quedado aquí porque no se atisba ninguna medida en el horizonte para reducir esta criminalidad que afecta a domicilios y a explotaciones agrícolas y ganaderas.

La competencia principal en esta materia la tiene un cuerpo como la Benemérita que tiene un despliegue territorial de tiempos fundacionales, según han llegado a reconocer sus propios mandos en Aragón. Las casas cuartel, diseminadas por todo el territorio, sólo originan gastos de conservación e ineficiencia al ocupar a agentes en labores burocráticas mientras podrían estar engrosando las filas de los efectivos de vigilancia y protección.

Guardia Civil y Policía Nacional forman parte de la misma Dirección General dentro del Ministerio del Interior, pero la organización de ambas es bien distinta. La solución pasa, mientras se espera la salida de la crisis, por hacer del Instituto Armado una fuerza adaptada a las necesidades de 2012. Algo que supondría cambiar su régimen de funcionamiento para que el “a buenas horas, mangas verdes” se quede en un dicho popular.