El milagro de Jiménez

Volver a creer. Despertar a una ciudad aletargada por una temporada tremendamente complicada. Una situación deportiva e institucional insostenible. Hasta que llegó él. Manolo Jiménez aterrizó en Zaragoza para levantar un vestuario hundido anímicamente y cuestionado por su escaso rendimiento.

Volver a creer. Despertar a una ciudad aletargada por una temporada tremendamente complicada. Una situación deportiva e institucional insostenible. Hasta que llegó él. Manolo Jiménez aterrizó en Zaragoza para levantar un vestuario hundido anímicamente y cuestionado por su escaso rendimiento.

Cuenta la leyenda que nadie fue capaz de remontar una distancia tan grande para salvar la categoría. Pero llegó él. Disciplina, trabajo, esfuerzo y, sobre todo, implicación. Desde que el andaluz se sentó en el banquillo zaragocista los valores que habían desaparecido durante buena parte del curso regresaron a La Romareda.

Sus palabras transmitían ilusión y confianza, pero nadie creía que fuera capaz de revertir el descalabro. Los resultados han ido dando la razón a Manolo Jiménez y un final de campeonato escandaloso ha ofrecido la oportunidad al conjunto aragonés de llegar con vida a la última jornada. Nadie sabe qué pasará en Getafe, pero la contagiosa fe de Jiménez ha transformado Zaragoza en una ciudad orgullosa de su equipo.

Antes del encuentro de este sábado ante el Racing, zanjó la polémica de los amaños asegurando que los únicos maletines de este equipo eran 35.000 almas que han cubierto La Romareda de optimismo y seguridad. Es el alma de miles de aficionados blanquillos que han llenado el campo poseídos por el sueño de un milagro. Él es el creador y ejecutor del fenómeno. Pase lo que pase.