Marcelino Zelig

No sé si ustedes recuerdan una película de Woody Allen de hace diez años o algo así. Fue rodada en blanco y negro, con un formato prácticamente documental y en ella narraba la insólita biografía de un peculiar personaje que, merced a una sorprendente metamorfosis, adoptaba la apariencia de las personas de su entorno. Era una forma de sentirse integrado en un colectivo, de sentirse alguien en una sociedad despersonalizadora como la contemporánea. El camaleónico personaje se llamaba Zelig y alcanzaba su máximo desarrollo cuando, siendo judío, lograba relacionarse con Hitler, mientras le crecía el bigote, se le reducía la melena y su ropa parecía convertida en una camisa parda de corte militar.
En nuestro país tenemos también personajes que asumen altas responsabilidades precisamente gracias a su capacidad para agradar a todos. Sólo así alguien pudo sobrevivir a los años del plomo en el PSOE aragonés, cuando la guerra entre las familias convirtió a este partido en un auténtico Beirut. Ese alguien, el Zelig de nuestro tiempo, es Marcelino Iglesias.

Llegó a ser secretario de comunicación de Pepe Marco y fue responsable de las descalificaciones más groseras a las manifestaciones a favor de la Autonomía plena (que si eran una baturrada –dijo-, que si eran un llamamiento a la guerra civil...).

Mientras el PSOE devoraba a sus líderes, él sobrevivió y llegó a presidir el Gobierno de Aragón y encabezar manifestaciones masivas. Las encuestas le señalan como el primer presidente aragonés que podría repetir en el cargo. Aunque la verdad es que también se pensaba lo mismo de Lanzuela a estas alturas de legislatura...

El éxito de Marcelino Iglesias Zelig se basa en su capacidad para llevarse bien con todos, en el arte de decirle al interlocutor lo que éste espera oír. Ahora está obsesionado por reeditar la coalición con el PAR. Ya ha anunciado a los cuatro vientos que, si la aritmética parlamentaria de las próximas elecciones lo permite, prefiere gobernar con el PAR antes que con CHA.

Para que ello sea posible, ha preparado todos los balones de oxígeno, respiración asistida, etc., para que el PAR llegue entero a las urnas del 2003. Parece que el PAR, ni con la gestión pesebrista de las subvenciones públicas en favor de sus clientelas, ni con la campaña antitrasvase que está desgastando al PP, está pudiendo evitar la tendencia a la baja que sufre desde hace años.

Quizá las decisiones de Marcelino Zelig, cada vez más parista que socialista, permitan al PAR sujetar la caída y aspirar a revalidar un gobierno bicéfalo, pero también es cierto que esas decisiones también pueden frenar el propio crecimiento del PSOE: generalizar la financiación pública de la educación infantil privada, que no es obligatoria, y cuando las necesidades en los centros públicos son todavía enormes; olvidar los compromisos con los afectados por obras hidráulicas y alentar el conflicto entre el llano y la montaña; permitir que se favorezca a alcaldes del PAR en el reparto del programa Leader, en detrimento de proyectos pioneros y de prestigio reconocido; hacer la vista gorda ante las irregularidades y chapuzas que caracterizan la gestión de algunos Departamentos en manos del PAR, como el de Industria por ejemplo... Marcelino Zelig se parece ya tanto a Biel que corre el riesgo de que el voto progresista no llegue a reconocer el año que viene al candidato socialista en los carteles.

* Chesús Yuste es secretario de Comunicación y Procesos Electorales de CHA