Cómo hemos cambiado

10 de mayo de 1995. Mohammed Ali Amar Nayim grababa en París el nombre del Real Zaragoza en la historia de la Recopa. Su inolvidable gol al guardameta del Arsenal David Seaman hacía levantar de sus asientos a miles de aficionados zaragocistas, que nunca podrán dejar de recordar aquella noche en el Parque de los Príncipes. Se cumplen este jueves 17 años de la mayor gesta en la historia blanquilla. Absolutamente nada es igual que entonces.

10 de mayo de 1995. Mohammed Ali Amar Nayim grababa en París el nombre del Real Zaragoza en la historia de la Recopa. Su inolvidable gol al guardameta del Arsenal David Seaman hacía levantar de sus asientos a miles de aficionados zaragocistas, que nunca podrán dejar de recordar aquella noche en el Parque de los Príncipes. Se cumplen este jueves 17 años de la mayor gesta en la historia blanquilla. Absolutamente nada es igual que entonces.

Porque, lejos de los triunfos en competiciones europeas, el Real Zaragoza celebra haber salido del concurso de acreedores. Una noticia disfrazada de arma de doble filo. La parte positiva reside en la posibilidad de la entidad aragonesa de operar a partir de ahora con total normalidad, algo de lo que presume en su comunicado oficial. La negativa, que el club sigue en manos de la persona que lo hundió en unos años en el subsuelo del fútbol español. No ya por categoría, sino por prestigio, Agapito Iglesias ha reducido los objetivos de la entidad maña a la supervivencia, sin margen de error.

Una situación que vivirá un nuevo capítulo, probablemente el más dramático, el próximo domingo en Getafe. Sólo Manolo Jiménez y sus hombres saben de dónde han sacado fuerzas para darle la vuelta a la mayor desventaja de puntos con el descenso que se ha vivido hasta ahora en el fútbol español, si es que al final se logra eludir el infierno. Final auténtica en el Coliseum que no tendrá como premio un título como la Recopa, pero probablemente se celebre de la misma manera.

Para ello se desplazará hasta tierras madrileñas el mayor activo del club. Y no, no es Agapito Iglesias, quien ocupará su lugar en el palco junto al presidente rival, al contrario de lo que viene haciendo en La Romareda. Se trata de la afición, que realizará un nuevo éxodo masivo con cerca de 10.000 zaragocistas en el graderío, repitiendo la imagen vivida la pasada campaña en el Ciutat de Valencia a pesar de los prohibitivos precios. Allí hubo final feliz.

Se quede o no se quede el Real Zaragoza en la máxima categoría, el mayor de los peligros seguirá viviendo a diario en las oficinas. Porque nadie debe olvidar que Agapito Iglesias se mantiene al frente de la entidad, con el añadido de no contar a partir de ahora con el paraguas de la concursal. Cualquier vaivén desde este jueves podría suponer la liquidación de un club que hace escasos años no sólo soñaba sino que levantaba títulos. La nueva era anunciada por el constructor continúa quemando etapas funestas. Como consuelo, siempre nos quedará París.