Un céntimo innecesario

Aragón se ha comprometido en el Consejo de Política Fiscal y Financiera a cumplir el objetivo de déficit del 1,5% para este año. Lo hará sin subir los impuestos y fiando todo al recorte del gasto en sus cuentas públicas.

Aragón se ha comprometido en el Consejo de Política Fiscal y Financiera a cumplir el objetivo de déficit del 1,5% para este año. Lo hará sin subir los impuestos y fiando todo al recorte del gasto en sus cuentas públicas.

Una vez más, la Comunidad se vuelve a apretar un agujero más del cinturón sin reflexionar antes cuál será el daño que pueda sufrir una ya deprimida actividad económica. Si la locomotora pública no carbura, el peso de la creación de empleo vuelve a caer en manos de la empresa privada, en un momento donde el consumo interno se contrae cada día más y pocas son las que están resistiendo el vendaval de la crisis.

El Gobierno de Aragón defiende que todos los ajustes que se realizarán se llevarán a cabo sin que los ciudadanos lo noten. En total, 220 millones de euros que se han presupuestado y que no se usarán este ejercicio. Una cantidad lo bastante considerable como para desvelar partida a partida dónde no se gastará ese dinero.

Y es que ninguna de las inversiones vitales para el futuro de la Comunidad debe ser tocada. Todos los consejeros tienen que hacer el esfuerzo de cuadrar sus inversiones, sin que se vean afectados todas aquellas ideas y proyectos que sirvan para generar empleo, aunque sea a medio plazo, y retomar la senda del crecimiento económico.

El Ejecutivo se ha marcado como primer objetivo cumplir con la estabilidad presupuestaria y contener la deuda de Aragón. Un esfuerzo que debe ser parte de su política, pero no el fin máximo. Sin unas políticas de crecimiento y un horizonte claro, la Comunidad no será de las primeras en salir de la crisis y cuando por fin lo haga se encontrará con un tejido productivo demasiado debilitado como para competir en igualdad de condiciones en el mercado nacional e internacional.

La Diputación General de Aragón debe intentar no solo cumplir ajustando el capítulo de gasto sino que debe incidir en el de ingresos. Un aumento de la recaudación que no debe herir el ya exiguo bolsillo de las clases medias y los autónomos y las cuentas de resultados de las pequeñas y medianas empresas, verdaderos soportes del consumo en este país. Medidas como el aumento del IVA o el céntimo sanitario pueden permitir, sobre el papel, unos mayores ingresos en las arcas públicas, pero lo que harán será empobrecerlos aún más y dar una estocada de muerte a su poder de consumo y de generar empleo, las dos claves para resucitar a esta moribunda económica.