Banco malo

Las entidades bancarias españolas se van a ver obligadas a provisionar otros 30.000 millones de euros correspondientes a créditos inmobiliarios sanos, es decir, sin riesgos de impagos. Asimismo, les obligará a traspasar todos sus créditos tóxicos a una sociedad especializada de gestión, que tratará de venderlos. O lo que es lo mismo, el Gobierno va a crear el denominado "banco malo".

Las entidades bancarias españolas se van a ver obligadas a provisionar otros 30.000 millones de euros correspondientes a créditos inmobiliarios sanos, es decir, sin riesgos de impagos. Asimismo, les obligará a traspasar todos sus créditos tóxicos a una sociedad especializada de gestión, que tratará de venderlos. O lo que es lo mismo, el Gobierno va a crear el denominado “banco malo”.

Que un Gobierno se vea abocado a la creación de un organismo que en su denominación, por muy coloquial que sea, lleve la palabra “malo” dice mucho de la gravedad de la situación financiera por la que atraviesa España. Del mismo modo que no es concebible la creación de un “hospital malo” o un “periódico malo”, la institución de un “banco malo” es un hito escandaloso.

Y el motivo de escándalo son las razones que conducen a la propia creación de este “banco malo”. Se trata, en primer lugar, del afán desbocado de los bancos y cajas de ahorros por hacer de lo inmobiliario, y todo lo relacionado con este sector, su principal negocio. Muchas entidades, en plena burbuja, dejaron de preocuparse por prestar dinero, a lo que se habían dedicado hasta entonces, y se lanzaron a una lucha sin cuartel por adquirir suelos e inmuebles. Una bomba que les ha estallado en las manos, mejor dicho, en los balances.

Un cambio de orientación en el negocio que ha estado propiciado, además, por las propias cúpulas directivas de las entidades. La conformación de consejos de dirección faltos de profesionales y trufados de ex políticos de todos los colores, sindicalistas o consejeros carentes, en muchos casos, de la mínima formación en materia económica o financiera, es otro de los motivos que ha llevado a la destrucción del sistema y a su pérdida de credibilidad y prestigio internacional.

Al Gobierno de Rajoy le toca el arduo trabajo de cambiar las tornas. De devolver a un sistema financiero sobredimensionado el tamaño adecuado y de purgar los denominados activos tóxicos. Una limpieza que también debería llevarse por delante a las “personas tóxicas”. Para ello, se va a encargar a dos entidades independientes, y probablemente extranjeras, la elaboración de un informe de situación de las carteras de todos los bancos ante las dudas planteadas por Bruselas. Mala señal. No nos fiamos ni de nosotros mismos.