Nieves Gil: “No busco hacer ningún logro, simplemente quiero sentir la libertad de vivir”

Su nombre es tan puro como su incondicional amor hacia la montaña y refleja a la perfección su historia. Esta chesa estaba destinada. Nieves Gil, alpinista y escaladora aragonesa, ha puesto su vida en juego infinidad de veces para seguir disfrutando de su pasión
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photo_camera Nieves Gil, alpinista y escaladora aragonesa, ha conquistado numerosas cumbres en todo el mundo

Su nombre es tan puro como su incondicional amor hacia la montaña y refleja a la perfección su historia. Esta chesa estaba destinada. Nieves Gil (Huesca, 1991), alpinista y escaladora aragonesa, ha puesto su vida en juego infinidad de veces para seguir disfrutando de su pasión. La adrenalina, el entusiasmo por conocer mundo y esa sensación constante de superarse es lo que le hace sentirse libre y viva. A sus 32 años su experiencia en cumbres es inimaginable, recorriendo las montañas más altas y complicadas de todo el globo terráqueo. La Patagonia, los Alpes, el Himalaya, El Gran Capitán… Incontables retos superados con éxito, entre los que destaca también formar parte de la primera cordada femenina española en subir al Eiger por su cara norte. Sin duda, y sin buscarlo, Nieves se ha convertido en una pionera y referente en su campo.

Respirando el aire puro de su pueblo, su querido Hecho natal, se crio entre las montañas y la naturaleza del Pirineo aragonés, donde la oscense empezó a hacer sus primeras excursiones imitando los pasos de sus padres. Poco a poco, desde los picos más bajos y de menor desnivel de la cordillera, fue ampliando sus horizontes hasta conquistar el mundo con su disciplina, hambre incansable y actitud positiva.

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Nieves Gil formó parte de la primera cordada femenina española en subir al Eiger (Alpes) por su cara norte

PREGUNTA.- En su familia siempre ha existido afición por la montaña y desde muy pequeña se ha empapado de ella. Pero, ¿en qué momento decidió adentrarse en estas aventuras más extremas?
RESPUESTA.- Esto ha sido gracias al equipo español de alpinismo de la Federación de Montaña, donde estuve cuatro años formándome. Hicimos una piña muy fuerte, cuando acabamos estábamos muy motivadas para conocer mundo y hacer este tipo de expediciones de forma autónoma. Por mi propia iniciativa no habría llegado a este nivel.

P.- La adrenalina, conocer nuevos lugares y paisajes… ¿Qué es lo que realmente le motiva a enfrentarse a tantos riesgos?
R.- Está todo ligado. Confías mucho en la persona con la que vas, te gusta pasar tiempo con ella. Además, descubres culturas distintas, es una manera de viajar, de conocer sitios nuevos. A eso le sumas el plus de que puedes llevar al extremo el deporte que tanto te gusta y que tanto has practicado.

P.- Una vez que viaja a un lugar para hacer una nueva ascensión, hay que tener en cuenta muchos factores. ¿Cómo lo planea todo?
R.- Nosotras no tenemos un sólo objetivo. El pasado año no teníamos claro que fuéramos a escalar la Supercanaleta al Fitz Roy, sino que una vez ahí tienes un montón de opciones y depende de la meteorología haces una u otra. Viajamos al lugar y ahí nos adaptamos, de hecho, hay veces que no puedes hacer nada. Por muchos planes que tengas y por mucho que hayas mirado todo, al final siempre te adaptas en el último momento a las condiciones.

P.- Comparte todas sus aventuras con su inseparable compañera, Lucía Guichot. Se conocieron en el equipo de alpinismo de la Federación y su relación es muy estrecha desde entonces, pero, ¿en algún momento tienen discrepancias sobre qué hacer?
R.- Con Lucía me entiendo muy bien, a veces no nos hace falta ni hablar, nos vemos todo en la cara. Cuando yo estoy cansada coge ella las riendas, o viceversa. A veces discutimos porque no nos callamos lo que pensamos, pero sabemos que no pasa nada y se nos olvida. No somos personas negativas ni que buscan el conflicto, o sea que no tenemos problemas.

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La chesa empezó en estas aventuras gracias al equipo español de alpinismo de la Federación de Montaña

P.- Ha vivido grandes aventuras y experiencias inolvidables. ¿Cuál es su mejor recuerdo en la montaña? ¿Alguno de cuando era más joven que recuerde con cariño?
R.- El mejor recuerdo que puedo pensar en la montaña son las noches haciendo vivac. A pesar de pasar frío y de no dormir mucho, estás tranquilo, descansando, feliz de estar donde estás, disfrutando con gente que amas y con la que quieres hacer estas cosas. Remontándome a cuando era más pequeña… Me quedo con las de cerca de casa. El castillo d’Acher, por ejemplo, al que subía con mis padres. También recuerdo que cuando era joven me gustaba mucho salir de fiesta y a veces había quedado al día siguiente para ir al monte con mi madre, y me decía que si había salido habiendo quedado, tenía que ir. Aunque no tuviera ganas, iba y me lo pasaba muy bien.

P.- No todo son momentos bonitos, pues en esas experiencias hay muchas situaciones delicadas. ¿Alguna vez ha pensado que de ahí ya no salía?
R.- Sí, en varias ocasiones. La primera en el Eiger, porque en el primer vivac llegué muy cansada y como tengo el calcáneo roto, tenía miedo de levantarme al día siguiente y cojear. Me desperté y no me dolía nada, pero pasé miedo. Por supuesto, también en la expedición final del equipo de alpinismo, porque abrimos una vía de mil metros en el monte Chekigo y era una arista de roca, con nieve y hielo. Era la primera vez que rapelaba así y te da miedo porque si salta una estaca te precipitas al vacío.

En Fitz Roy había respeto, ya que estábamos Lucía y yo solas, y si pasaba algo, el rescate era muy complicado, tendríamos que haberlo hecho nosotras. Además, justo el día que llegamos nos dijeron que se había muerto una chica de hipotermia. En enero una compañera nuestra del equipo, Amaia Aguirre, tuvo una mala decisión o mala suerte y en el descenso le cayó una avalancha, muy pequeñita, que le arrastró hasta una grieta y la sepultó dentro. Por eso, para nosotras era una montaña muy especial. Esto nos hizo entender también qué le pasó a Amaia y fue como una despedida porque hicimos el mismo descenso. Fue una experiencia que nos chocó mucho, ya que es la primera amiga que se muere en la montaña. Piensas que eso no va a pasar nunca, pero ahora lo ves más cerca.

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Nieves Gil ha recorrido La Patagonia, los Alpes, el Himalaya o El Gran Capitán, entre otros

P.- ¿Qué se le pasa por la cabeza en esos momentos?
R.- En esos instantes tampoco tienes un gran miedo porque si sabes que es algo que pasa por una mala gestión tuya dices “¿por qué estoy aquí? Estoy haciéndolo muy mal”, y sientes arrepentimiento. Si sabes que puede pasar algo y no puedes controlarlo, como que te caiga una piedra o que tengas una caída, estás tranquila porque estás haciendo lo que te gusta y eres consciente de que esta actividad conlleva riesgos.

P.- ¿Cómo le explicaría a alguien la sensación de estar colgada en una pared o de dormir en lugares extremos?
R.- Es lo más cercano a la libertad. No piensas, no tienes que hacer nada, sólo disfrutar, subir para arriba, y hacer lo que te gusta. Estás disfrutando de tu compañera y no buscas hacer ningún logro ni ser la primera de nada, simplemente es para sentir la libertad de vivir y de llevar la vida como tú quieres. En el día a día no somos nada, pero ahí te sientes más insignificante todavía. Estás viviendo la vida como tú quieres y eso siempre es muy bonito. Sea montaña o no, hay que hacer lo que uno siente.

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Nieves Gil sueña con escalar el Cerro Torre en La Patagonia

P.- ¿Qué aprendizaje tiene esto que comenta para su vida diaria?
R.- Esta mentalidad la tengo por los valores que mis padres me han dado en la vida. Ellos no son alpinistas, pero sí muy montañeros, aunque no es únicamente el hecho de ir a la montaña, sino la superación de conseguir lo que te propones, de tener un trabajo digno, de tener tiempo, de ser humilde, de hacer siempre lo que sientes.

P.- El Eiger en el 2022, la Supercanaleta del Fitz Roy en 2023... No puede estar parada, ¿tiene en mente alguna expedición próximamente?
R.- No, porque ni en el 2022 sabía que iba a ir al Eiger, ni en el 2023 que iba a ir al Fitz Roy. Va surgiendo. Puede ser Perú, Pakistán, otra vez la Patagonia, o que no sea nada por disponibilidad. Uno de mis sueños es escalar el Cerro Torre.

P.- Habla de disponibilidad… ¿Cómo compagina sus aventuras y la preparación que implica con su trabajo como Agente de Protección de la Naturaleza en Canfranc?
R.- Tengo suerte de que trabajo en el monte y que en mi demarcación ando mucho, entonces me exige estar en forma física y siempre me gusta hacer deporte. Me voy en bicicleta, me voy a nadar, me voy a esquiar, al rocódromo o entreno en casa. Nunca me preparo para algo en concreto, pero siempre me gusta estar lista por si el día de mañana sale una actividad. Eso sí, no creas que no he pensado en cambiar de trabajo para tener más tiempo y poder viajar más.

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La aragonesa confiesa que no busca "hacer ningún logro ni ser la primera de nada, simplemente sentir la libertad de vivir"

P.- Durante los días de expedición está en constante riesgo y apenas puede hablar con su familia o amigos.
R.- Ahora hay unos teléfonos satélites en los que puedes mandar mensajes, aunque no haya cobertura, pero yo prefiero no decirle nada a mi familia para no preocuparla, mejor se lo cuento al final. A veces se lo imaginan porque estoy unos días sin hablar por el grupo. Sin embargo, a mi pareja sí que se lo conté e incluso nos pasaba la predicción meteorológica cada día.

P.- Lo que hace es muy complicado y ha sido pionera junto con su compañera Lucía en cordada femenina. ¿Por qué cree que hay tan pocas mujeres que se embarquen en el alpinismo?
R.- Hay pocas mujeres, principalmente, en el ámbito español. En Francia tienen una cultura más avanzada con respecto al alpinismo y no sorprenden tanto las cordadas femeninas. En España vamos un poco retrasados porque no ha habido tanta cultura, no se ha dedicado tanto a motivar a las chicas y darles confianza.

P.- Por último, dejando de lado la parte aventurera, también tiene su lado reivindicativo, defendiendo los orígenes de Aragón. Por ejemplo, con el cheso. ¿Qué significa para usted?
R.- Me siento muy orgullosa del sitio donde he nacido, del Pirineo, de Hecho, y de que tenga su propia fabla. Me da un poquito de pena no haberla mantenido, porque sólo la hablaba con mi abuela y ahora con nadie. Me gustaría retomarlo un poco y darle más visibilidad porque cuando te encuentras con gente por ahí y dices que eres de Hecho les gusta escucharlo.