REAL ZARAGOZA - SEVILLA

Enamorados del empate (0-0)

Real Zaragoza y Sevilla demostraron en La Romareda que prefieren dejar los deberes para la vuelta. Ambos equipos brindaban un mal espectáculo, sin prácticamente ocasiones, que no pudo tener otro resultado que el 0-0 que mantiene la eliminatoria completamente abierta. Javi Álamo, de lo más positivo en el ataque maño.

Zaragoza.- Si en algún partido se puede aplicar lo de empate a nada, ése fue el Real Zaragoza – Sevilla. Un choque entre dos equipos que apenas gozaron de ocasiones y que dejan todo para la vuelta que tendrá lugar en el Sánchez Pizjuán la próxima semana. Apenas los disparos lejanos de Postiga y la actividad de Negredo inquietaron a Leo Franco y Palop. El 0-0 supone la cuarta vez en la que el argentino deja la puerta inmaculada de los cinco partidos disputados.

Arriesgando más que nunca por la importancia de la cita, Jiménez apostaba por las temidas rotaciones. Así, Paredes acompañaba a Álvaro en el centro de una zaga completada por Sapunaru y Abraham en los costados, con Leo Franco confirmado como portero de Copa. Movilla volvía al doble pivote junto a Apoño y, en las bandas, las sorpresas de Javi Álamo y Wílchez, relegando a Montañés y Zuculini al banquillo. Arriba, y lo preocupante es que es el único, el goleador zaragocista Hélder Postiga.

En los visitantes, estreno de Emery en la banca y, en el césped, Navas, Negredo y Reyes como principal amenaza. Poco que llevarse a la boca en la primera parte, más propicia para pensar en el bocadillo del descanso. El ambiente frío, con unos 7.000 espectadores en la grada, tampoco acompañaba a dos equipos que se sentían demasiado cómodos con el 0-0 en el marcador.

Movilla y Apoño neutralizaban y eran neutralizados por Medel y Maduro, por lo que las llegadas al área se veían muy mermadas. Ambos equipos, sobre todo el local, insistía con demasiada frecuencia en el balón largo y plano, fácil para dos torres como Fazio y Spahic. La nota positiva la ponía Javi Álamo, participativo en ataque, con descaro, y colaborativo en tareas defensivas con Sapunaru.

Las oportunidades brillaron por su ausencia y el lógico cerocerismo era el resultado al descanso. En el Real Zaragoza, apenas dos disparos desde la frontal de Apoño que no obligaban a Palop ni a mancharse. En el Sevilla, algo más. Primero un gol anulado a Negredo por fuera de juego que parecía por centímetros. El propio delantero vallecano pinchaba un balón en la frontal y soltaba un latigazo con su diestra que se marchaba a la derecha de Leo Franco poco después. Y la tercera y más clara, Maduro de cabezazo desviado, completamente solo, a balón parado.

Más de lo mismo

El inicio de la segunda parte se comenzaba a parecer, peligrosamente, a la eterna historia del 0-1 en La Romareda esta temporada. El Sevilla salía con peligro y el Real Zaragoza continuaba sin encontrar huecos. Jiménez apostaba por Edu Oriol en banda zurda por Wílchez, algo inadvertido. Mientras, Reyes perdonaba el 0-1 tras una galopada de Navas, precedida de un salto mal medido de Apoño. Ahí estaba Álvaro para, providencial, rechazar el derechazo.

Movilla y Apoño conversan con Álamo, una de las novedades
Movilla y Apoño conversan con Álamo, una de las novedades

El primer tiro a puerta entre los tres palos del Real Zaragoza llegaba en el minuto 60, tras un saque de falta de Postiga que Palop despejaba atento con los puños. El ritmo crecía, sin grandes alardes, y se repitieron protagonistas con otro tiro lejano del portugués que se quitaba de encima el meta. Y Jiménez, aprovechando los minutos más ofensivos, daba entrada a Paco Montañés bajo una gran ovación y sustituía a Víctor.

Jiménez volvía a colocar al veloz jugador detrás de Postiga, mermando quizás su capacidad desborde. Mientras, las oportunidades más claras seguían teniendo color rojo. Primero Negredo, revolviéndose y encontrándose a un atento Leo Franco. Segundo Navas, aprovechando un balón suelto para poner el miedo en la grada. El partido entraba en la zona del miedo y cualquier pelota perdida suponía un apuro interesante. Jiménez quemaba los cambios con la entrada de Loovens por Paredes, con molestias.

Hasta el final, un susto en el área de Leo Franco tras un mal entendimiento entre el central holandés y el meta argentino, similar al que el propio Loovens protagonizó en el Calderón con Roberto. Pero ya nada movería el 0-0 del marcador, un resultado que deja la eliminatoria completamente abierta para la vuelta. Y, visto lo visto, justo, entre dos equipos que no lograron imponerse salvo ráfagas aisladas. 


Editorial: Volver a soñar