Una mirada a lo rutinario y al mundo post pandémico llega al Paraninfo en la obra de Ignacio Fortún

La exposición se podrá disfrutar desde el 1 de marzo y hasta el 29 de junio en las Salas Goya y Saura del Paraninfo de Zaragoza
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photo_camera “Ignacio Fortún. Cinco Capítulos” aterriza desde hoy en el emblemático edificio del Paraninfo.

El 2020 fue un punto de inflexión para mucha gente. El mundo se paralizó y todo lo que hasta ese momento se consideraba “lo normal” dejó de serlo. Una nueva realidad que en estos últimos años se ha ido modificando y que fue precisamente esa vuelta a la naturaleza, a los grandes almacenes y a esos paseos rutinarios lo que inspiró al artista Ignacio Fortún a realizar su última producción plástica.

“Ignacio Fortún. Cinco Capítulos” aterriza desde hoy en el emblemático edificio del Paraninfo para invitar a los espectadores a asomarse a través de sus cuadros como si fueran ventanas. “Nos asomamos también hacia lo más cotidiano, lo que está cercano, la calle, los comercios, los grandes almacenes, los paseos rutinarios por la ciudad que los retomamos, la naturaleza, el recuerdo de los viajes. Todo ese mundo aparece en la exposición pero no para hablar de la pandemia, simplemente para retomar de alguna forma la contemplación del hombre urbano en relación a un encuentro con ese nuevo mundo que esperamos y en el que tenemos esperanzas. Pero luego se demuestra que todo sigue igual”, explicaba el artista.

La muestra será presentada oficialmente esta tarde a las 20.00 horas en presencia del rector de la Universidad de Zaragoza, José Antonio Mayoral, y la vicerrectora de Cultura y Proyección Social, Yolanda Polo, en compañía del artista de la obra, Ignacio Fortún. Desde el 1 de marzo y hasta el próximo 29 de junio se podrá disfrutar de esta exposición en las Salas Goya y Saura del Paraninfo.

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Esta tarde a las 20.00 horas se inaugurará oficialmente la exposición. 

“Esta es una exposición que se desarrolla en un trabajo que parte del 2020. El tiempo en el que estamos comenzando a despertar de la pandemia y en el que comenzamos un poco a despertar hacia una nueva sensibilidad y observarnos de alguna forma como si fuera un espejo y hacernos preguntas en relación a cuál es el cambio, hacía dónde vamos”, concluía su intervención Fortún.

UNA MUESTRA DIVIDIDA EN CINCO CAPÍTULOS

La exposición muestra varios capítulos. De ahí su título. Hay capítulos que tienen como origen escenarios que no son ajenos al autor. Tras “La visita”, donde se encuentra la obra más grande del conjunto, le siguen los dos bloques siguientes, “Los viajes de Pilar” y “En el país de las sombrillas”. En ambos, el viaje está presente. Las fronteras más allá de lo cotidiano.

“Hay un camino antiguo” es un remanso en esta exposición. El sendero entre la naturaleza, desiertos, paisajes límite, el jardín obrero. Finalmente, “El agua que nos lleva” es el quinto y último capítulo de la exposición, y esta vez, de nuevo, vuelve el agua como el que regresa a un territorio conocido y donde se puede recorrer algo del nuevo urbanismo de Zaragoza.

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La muestra se divide en cinco capítulos. 

“De alguna manera son cinco capítulos en los que se demuestra que todo sigue igual. Interpelar y hacer que el espectador saque sus propias conclusiones y abra los cuadros como si fueran ventanas para mirar muchísimas posibilidades y elecciones”, explicaba el propio Fortún.

En definitiva, en palabras del propio artista, el nexo de unión de los cinco capítulos es “la contemplación y la reflexión a este nuevo tiempo y la presencia de la sociedad en el tiempo rutinario en la ciudad. Lo rutinario es lo que da la cohesión a esta exposición”.

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Desde el 1 de marzo y hasta el próximo 29 de junio se podrá disfrutar de esta exposición en las Salas Goya y Saura del Paraninfo.

La muestra está divida en dos espacios por los que discurre su actividad pictórica. Es conocido que Fortún abandonó la pintura sobre lienzo, pasó fugazmente por la tabla de madera y abrazó la extraña idea de pintar sobre superficies metálicas. En especial, sobre planchas de zinc previamente tratadas con ácido y lijadura. Se podría afirmar que el elemento que cautivó al pintor hace treinta años y le aconsejó abandonar la ductilidad del lienzo blanco por la superficie dura y agreste del zinc es la capacidad que descubrió en el metal para dialogar con la luz.

El artista moldea, por medio del bruñido de las superficies metálicas del aluminio, zinc o latón y la condensación de la pincelada de los esmaltes, unos efectos luminosos cambiantes según la disposición de la mirada del espectador en el espacio pictórico.