Mago Yunke: "Si haces las cosas con pasión y la gente se divierte te puedes permitir fallar"

Si Salvador Vicent, ya metido en su "alter ego" Mago Yunke, tuviese que definir su "Hangar 52" de alguna manera escogería tres adjetivos de un plumazo: "emocionante, espectacular y entrañable".
photo_camera Salvador Vicent define su espectáculo "Hangar 52" como: "emocionante, espectacular y entrañable".

Si Salvador Vicent, ya metido en su "alter ego" Mago Yunke, tuviese que definir su "Hangar 52" de alguna manera escogería tres adjetivos de un plumazo: "emocionante, espectacular y entrañable". Solo así puede definir un show que aterriza, por segunda vez en Zaragoza, este fin de semana, y que ahora cambia las tablas del Principal por el Príncipe Felipe para viajar del Antiguo Egipto a la actualidad a través de trucos imposibles, dos de ellos los que hicieron que Yunke se convirtiese en el mejor mago del mundo, en el que el espectador no podrá ni pestañear si no quiere perderse detalle. Con más shows a sus espaldas de los que puede contar, bien subido a las tablas de los teatros de todo el mundo, bien en programas como "El Hormiguero", para Yunke lo importante es la sorpresa y la diversión del público, pues solo así se puede permitir fallar.

PREGUNTA.- Vuelve a Zaragoza con Hangar 52, primero fue en el Principal ahora en el Príncipe Felipe. ¿Impone más?
RESPUESTA.- Bueno, impone, yo te diría que por igual, porque para mí siempre que subo al escenario es imponente, el Teatro Principal es muy bonito, es un lugar clásico, pero esto es otro lenguaje distinto, aquí me permite hacer más efectos especiales, llevar más montaje, más iluminación, entonces es un montaje más grande, pero no quiero desmerecer tampoco al Teatro Principal, que es un lugar muy bello, muy bonito. Los teatros son lugares donde se siente la magia del público, porque la atmósfera se crea por sí sola. Un pabellón es más desangelado, pero te permite otro tipo de reacciones, más fuerte, más montaje, entonces son lenguajes distintos para un mismo espectáculo.

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En su espectáculo viaja del Antiguo Egipto a la actualidad a través de trucos imposibles 

P.- ¿Nos sorprendemos menos ahora?
R.- Yo tengo dos hijos, uno de 16 y otro de 15 y veo cómo se mueven, cómo actúan, cómo interactúan y es diferente a mi generación. Yo con 48 veo que pensamos de formas distintas, pero que la magia sigue impactando por igual. Creo que las tablets son algo virtual, los teléfonos son cosas virtuales y ahora cuando tienes la oportunidad de sentir que algo te atrapa, que de verdad es verdad lo que estás viendo y puedes sentir, es mucho más potente porque la gente no está tan acostumbrada.

Nosotros antes jugábamos mucho en la calle y ahora están más aislados, entonces hay menos contacto y, por tanto, cuando tienes el contacto creo que es más poderoso porque están menos acostumbrados.

P.- En el espectáculo viajamos al Antiguo Egipto, no nos vamos a ir tan lejos, pero ¿cómo ha cambiado la magia desde que empezó?
R.- Bueno, la magia ha evolucionado, lo que pasa es que yo te diría que soy un poquito adelantado a los tiempos, porque cuando yo empecé siempre pensé en utilizar objetos cotidianos, no cajas de magos, porque antes era todo como purpurina, brillantina, y flores y todo eso, pañuelos de colores, y yo nunca he estado por esa línea, siempre he querido hacer algo que sea más cotidiano.

Después, siempre he visto otra cosa que es un maltrato directo hacia las ayudantes del mago, siempre había un maltrato hacia la mujer, que creo que esto viene por parte de la literatura y de la pintura. Entonces pensé que era muy interesante en magia, por ejemplo, al partir a una persona por la mitad, que eso me pasara a mí mismo. Si había que disparar con una ballesta que me dispararan a mí mismo y así con todo. Esa parte de igualdad y que no suceda siempre como una cosa hacia una persona que es una mujer, que estás partiendo a los dos y tal, pues creía que era un cambio, entonces yo decidí que las cosas pasaran sobre mí y no sobre mis ayudantes.

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Salvador Vicent cambia las tablas del Principal por el Príncipe Felipe

P.- Después de tanto truco, ¿hay alguno al que le tenga especial cariño?
R.- Pues hay juegos que para mí tienen mucho simbolismo, mucho significado, porque al final yo intento hacer encima del escenario algo de verdad. Cuando hablo de verdad no quiero decir que tenga poderes para hacer la magia, porque evidentemente no tengo poderes, lo que hago es un arte, un arte de ilusionar, de hacer creer cosas imposibles, pero que todo el mundo sabe que hay una técnica detrás de eso.

Entonces cuando hago alguna cosa que a mí realmente me emociona, son cosas que tienen que ver con mi infancia, con mis recuerdos, con un juego en concreto que hice con mi padre cuando tenía 16 años, que lo construimos juntos. El juego eran unas tablas de madera, un baúl, y me inspiré en Houdini, el mejor escapista de todos los tiempos. Este truco se puede ver en Hangar 52 y también lo hice durante mucho tiempo en El Hormiguero.

P.- Piensa e idea sus propios trucos, ¿cómo trabaja un mago?
R.- La parte de la creatividad es difícil de explicar, porque yo que conozco muy bien el mundo de la magia y viajo muchísimo, siempre que puedo voy a lugares como Corea, China, Estados Unidos, me cuesta encontrar muchas veces shows de magia unipersonales, que sean del mago que está interpretando el espectáculo porque lo que normalmente hace este es comprar los efectos de magia a unos fabricantes y los interpreta, que eso es lícito y está muy bien, pero yo prefiero ver un mago que los interpreta y que encima los crea, los inventa, y ese es mi caso, mi caso es que yo, desde pequeño, desde que empecé con mi padre, empecé a construir efectos de magia y a desarrollar la creatividad.

Utilizo el pensamiento lateral, el pensamiento lateral a la hora de crear es buscar otras opciones, buscar otros caminos, y salirte fuera de lo que es lo común, entonces yo hago una idea central, y a partir de ahí voy sacando líneas y voy probando. También lo que hago es trabajar con dos o tres trucos, dos o tres efectos distintos al mismo tiempo. ¿Por qué? Porque hay un momento que tú te puedes quedar en blanco, y no saber cómo continuar, o estás esperando un material que te hace falta para construir ese efecto de magia y para no detener el proceso de creatividad, lo que hago es trabajar con tres ideas diferentes al mismo tiempo, entonces siempre tengo cosas para poder pensar.

P.- ¿Va a ver el público lo mismo que ya vio en el Teatro Principal?
R.- Absolutamente no. En cada espectáculo tiene que haber cosas distintas cada vez que actuamos. Si hacemos una gira, por ejemplo en Madrid, de 54 funciones, pues quiere decir que tenemos 108 cambios desde que comenzó hasta que terminó. Pueden ser cambios pequeñitos, un efecto de sonido, un cambio de iluminación, o un efecto que se quita por completo y se mete otro, o cambias las piezas de lugar, o quitas el descanso, siempre son dos cambios, dos mejoras, todos los días.

Y además del año pasado este hay muchos cambios, porque todo el espectáculo se montó en una nave. Se contrató otro director de escena, otro iluminador, otra coreógrafa, se pulieron los detalles, se mejoran los vídeos, se acabaron los finales, se cambiaron músicas... Entonces el espectáculo ha dado otro paso. A lo mejor no entiende que es diferente, pero sí lo es. Y hay cosas que son sutilezas que quitando un tiempo muerto, dos segundos, tres segundos, mejora muchísimo el efecto.

Entonces yo creo que al final todo lo que son shows en vivo y en directo, cualquier pequeño detalle hace que sea mucho más interesante y que tenga más ritmo el espectáculo. Yo creo que al final hay que ser divertido porque el público siempre te va a perdonar un fallo, pero lo que no perdona jamás es el aburrimiento. Esto lo decía un mago que se llama René Laban.

Si eres lento, aburrido y monótono, pues al final la gente se va a cansar. Pero mientras haces las cosas con ritmo, visuales, con pasión y la gente se está divirtiendo, te puede permitir fallar. Por eso a mí no me preocupa nunca un fallo encima del escenario. Sea televisión, cien o cuatro millones de personas viéndote, no me pone nervioso. Igual soy un inconsciente. Pero yo sabía hacer un juego y nunca me preocupa el que pueda fallar.