“Ha sido un error pensar que la Expo llevaría gente a los centros culturales”

Joan Sureda es el comisario de "Goya e Italia", una de las grandes apuestas culturales para el periodo Expo. A este catedrático de Historia del Arte, la celebración de la fiesta del agua le pareció una "desventaja" a la hora de compaginarla con la muestra sobre el pintor aragonés. A pesar de todo, está satisfecho con el resultado.

Zaragoza.- Fue el responsable de la muestra artística más importante de la Expo Universal de Sevilla, y, 16 años después, ha comisariado "Goya e Italia", una de las grandes apuestas culturales de Zaragoza para acompañar a la gran fiesta del agua en la tierra. Sin embargo, Joan Sureda i Pons no está convencido de que acontecimientos como la Expo Zaragoza 2008 encajen bien con las muestras culturales, ya que se trata de “dos mundos distintos”. A pesar de todo, está satisfecho con el resultado de la muestra del Museo Provincial, y opina que el ciclo que está teniendo lugar este año en torno a Goya servirá para acercar el arte al gran público.

Este catedrático de Historia del Arte en las universidades del País Vasco, Hispalense de Sevilla y Complutense de Madrid es experto, entre otras cosas, en los procesos de formación de los llamados “unicums”, o figuras únicas del arte universal. Para ello, utiliza los casos de estudio de tres hombres: Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y Francisco de Goya.

Pregunta.- “Goya e Italia” ha sido una de las grandes exposiciones de Zaragoza para la Expo, y usted también comisarió otra muestra en Sevilla ’92. ¿Tienen algo en común?
Respuesta.- Yo hice una exposición en 1992, dentro del recinto la Expo de Sevilla, en la Cartuja de Santa María de las Cuevas, con el título “El arte y cultura en torno a 1492”, no sólo en Europa, sino también en otros continentes. Era un análisis de cómo se producía el arte en un momento de cambio cultural, a finales del siglo XV, cuando Europa descubre un nuevo mundo.

En “Goya e Italia”, el objetivo es buscar cómo se genera o se forma un genio, cuáles son las redes o estructuras que constituyen esta genialidad, y esto enlaza con la exposición del 92, porque, en el caso de Goya, esta formación también se dio en un momento de cambio siglo muy significativo. El paso del XVIII al XIX es tan traumático y tan renovador como el paso del siglo XV al XVI, porque se hunde el antiguo régimen, y con él toda la estructura intelectual e ideológica forjada, precisamente, a finales del siglo XVI. Por eso me interesa mucho este tema, porque es un momento de crisis de valores, como en cierta manera era el cambio de siglo que traté en la muestra de Sevilla.

P.- La exposición que usted ha comisariado es uno de los grandes eventos culturales que Zaragoza ha organizado para acompañar a la Expo. Sin embargo, el Museo de Zaragoza ha alcanzado a lo largo de estos meses sólo el 1% de la cifra total de visitantes de Ranillas: 50.000 frente a 5 millones. Los galeristas de arte de la ciudad han abierto excepcionalmente durante el verano, para ver como sus locales se quedaban prácticamente vacíos. ¿Qué cree que ha pasado?
R.- Aquí en nuestra tierra, los veranos suelen ser páramos culturales, silencios. Creo que ha habido un malentendido al pensar que la Expo llevaría gente a los centros culturales. Yo creo que es un error, incluso dije que no me apetecía, no encontraba ninguna ventaja en que esta exposición se hiciera coetáneamente a la Expo, sino más bien una desventaja.

P.- ¿Por qué?
R.- Primero, porque a los museos que prestan obras esto de las exposiciones internacionales les da un poco de miedo. Viene gente que no es necesariamente habitual de la cultura, con otros intereses, de excursión, como si estuvieran un espacio grande como la Expo: con los bocadillos, las mochilas, las botellas de agua... A los que prestan obras les da cierto miedo, y en eso yo tengo mucha experiencia porque en la exposición que monté en Sevilla estaba dentro del recinto.

Yo entiendo que la gente que va a la Expo no vaya a las galerías, como muchos tampoco han venido a “Goya e Italia”. Son dos mundos distintos, las galerías deben de haber hecho un esfuerzo importante que no se ve recompensado. Y, aparte, el verano no es una buena época, aunque haya una Exposición Internacional. Lo que sí que han hecho es un beneficio cultural a la ciudad, porque siempre va a alguien.

P.- ¿Cree que hay alguna manera de acercar más el arte, especialmente el contemporáneo, al gran público?
R.- Yo lo veo muy difícil. Ha de ser algo muy especial, que atraiga. Es difícil compaginar una cosa con la otra.

P.- ¿Qué soluciones hay?
R.- La solución fundamental viene desde la enseñanza básica, irlo inculcando desde pequeños. Tampoco es tarea fácil, pero es la única solución. En este sentido, la televisión ha hecho bastante daño, porque es un gran instrumento cultural pero aún no la hemos asumido culturalmente, sólo como diversión.

Aquí ha venido bastante público, inauditamente, porque habitualmente al museo viene muy poca gente. Pero tiene que ser algo muy especial, que atraiga, que provoque ese boca-oído. Eso hace que la gente se vaya animando. Una solución es conseguir que esto sea algo frecuente, por ejemplo, a “Goya y la modernidad”, que es otra gran exposición, yo me imagino que irá más gente, porque vinieron a ésta y la encontraron interesante.

Así, ya habrá una cierta tradición. Es muy importante crear una tradición, que haya una continuidad en ciertos acontecimientos para que la gente pueda ir. Si “Goya e Italia” es como una mancha en el océano y ya no se vuelve a repetir nunca más, a la gente se le olvida. Pero si se hacen seminarios, o ciclos cinematográficos, se va adquiriendo una cierta tradición de ir, la gente se va acostumbrando a pisar este tipo de espacios.

Joan Sureda, en el patio del Museo de Zaragoza

Una nueva visión de Goya

P.- Volviendo a Goya e Italia, es la primera vez que se trabaja a fondo sobre su etapa de formación. ¿Por qué se ha tardado tanto, tratándose de uno de los grandes maestros universales de la pintura?
R.- Se ha trabajado muy poco por un problema importante. De cara al público de las exposiciones, lo que le gusta ver es grandes obras, pinturas que siempre se reproducen. Cuesta más entrar en periodos menos conocidos de los artistas, y en este caso aún más porque se conocen muy pocas obras de este período de Goya. Al no conocerse muchas obras -hasta el año 93 ni tan siquiera se conocían las dos obras más importantes, que son el Aníbal que atraviesa los Alpes y el Cuaderno italiano- , y al no haber cánones, se han acumulado muchas obras dudosas encima de Goya.

No se conocen obras suyas, pero se piensa como podía pintar Goya en aquellos momentos. Éste ha sido uno de los problemas, que se han hecho muchas falsas atribuciones, y se ha creado todo un magma de equivocaciones alrededor de Goya. Todo con intereses comerciales, no con intereses académicos. Ahí está el gran problema, ésta época no se ha trabajado porque estaba tomada por los que trabajan comercialmente el arte, los anticuarios, las galerías, los que especulan.

P.- ¿Qué hay que hacer para cambiar esta situación?
R.- Lo que hay que hacer ahora, que sí se está intentando hacer, es crear un comité de expertos sobre Goya para hacer un catálogo crítico de Goya. Pero a título individual, como era hasta ahora, de estudiosos independientes que hacían su catálogo según su conocimiento. Creo que esta individualidad ha pasado a la historia, y es un grupo de estudio el que quiere hacer este catálogo, con los medios científicos y físicos necesarios. Se ha de replantear de arriba abajo el catálogo de Goya, como se está replanteando el de Rembrandt o de otros grandes autores a los que se les atribuye mucha obra, como Van Gogh, con el que también se está haciendo este trabajo. Es un paso que se va a hacer también con Goya.

P.- ¿En qué fase está este trabajo y quién va a formar parte del grupo de estudio?
R.- Pues todavía es un proyecto, se está viendo cómo se va a constituir este grupo. Pero estará encabezado, como es lógico, por el museo que más Goya tiene de todo el mundo: el Prado.

P-. ¿Por qué ahora, y no antes?
R.- Se está empezando a vivir este cambio porque cada vez quedan menos goyas en el mercado, es muy difícil comprar o vender un goya si no es de ésta época, y por lo tanto ya a todo el mundo le interesa que se ponga en claro el catálogo de uno de los más grandes artistas.

P.- El futuro espacio Goya también pretende ser un foco de estudio e investigación sobre el maestro. ¿Cómo ve esta iniciativa?
R.- Conozco el proyecto, aunque no he estado en el foco del debate. Durante tres años he estado preparando esta exposición, porque, inicialmente, la muestra tenía que inaugurar el espacio Goya. Yo creo que, como iniciativa, es muy importante. El Museo de Zaragoza tiene que tener un apartado fundamental dedicado a Goya, pero es un edificio de dimensiones pequeñas, y hay mucha parte de arqueología, como es lógico, de la Zaragoza romana. Que también tiene que crecer más, porque tampoco está muy bien representada.

Así que es necesario un espacio, y si este espacio se puede situar junto al museo, yo lo veo muy correcto. La cuestión es si la intervención arquitectónica es correcta o no. La historia no ha de anquilosar el dinamismo. Es decir, que el edificio de la Escuela de Artes sea patrimonial es muy importante, pero la conservación no significa que no se pueda intervenir, siempre que sea para mejorarlo.

Aparte, no creo que ese edificio sea útil para una escuela de diseño, yo durante muchos años he sido director y catedrático de Bellas Artes, y se necesitan otro tipo de espacios y talleres, mucho más abiertos. Lo único que se ha de vigilar es que la intervención arquitectónica no ataque al edificio, sino que lo mejore. Por esto se ha de velar, que no sea una agresión. Yo, por lo que he visto, creo que no lo es, aunque lo puede parecer. Debe haber un espacio dedicado a Goya, no sólo para exponer, sino como centro de estudios y de investigación. Porque Goya es una figura de las únicas.

El catedrático estudia a Goya, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel como casos únicos del arte universal

La formación de un genio

P.- Una figura de las únicas, cuyo proceso de formación usted estudia junto a los de Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, nada menos. ¿Cómo se hace un genio?
R.- Estos tres autores son el tipo de persona que supera la media de largo, llegan a la excelencia y sobrepasan las alturas de una determinada época. No es sólo que sean buenos pintores, es que son grandes creadores, creadores de mundos nuevos. Esto se consigue porque hay una parte de dotes innatas, como la capacidad física de los atletas, que tiene que haberla; pero, además, los procesos de formación son muy importantes, y la intensidad de la formación también. Una persona puede estar en Roma, como estaban muchos pintores en la época de Goya, pero tener unos intereses muy dispersos. Goya fue una persona muy intensa en su trabajo. Esto es un elemento fundamental, y también los lugares donde se forman las redes de conocimientos y amistades, los mecenas... Es una suma de cuestiones que han de coincidir con las capacidades innatas y con la voluntad.

Para Goya la presencia en Italia fue notable, y luego otros elementos, incluso negativos, como su sordera, también influyeron mucho. Ese encerrarse en sólo utilizar la vista le hizo adentrarse hacia sí mismo, y ahí empieza el mundo de los sueños, las visiones, los fantasmas... primero con los Caprichos y luego con los Desastres de la guerra. Al quedarse privado de un sentido, intensifica otros, y ese es el resultado.

P.- ¿Está de acuerdo con la imagen general que existe del genio loco y atormentado?
R.- Hay dificultades ante la vida, minusvalías o posiciones psicológicas ante la realidad, que influyen. El autismo, por ejemplo, ha producido estructuras geniales, como en el caso de Einstein. Muchas de estas personas que sobrepasan la realidad sufren una de estas situaciones críticas ante la vida, o ante el mundo que les rodea. Es la limitación de unas capacidades lo que acentúa otras. El corte, o la desgracia, o la enfermedad, les provoca esta sobreactuación. Entonces, uno puede apartarse del mundo, o -y ahí está la genialidad- actuar.