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Frank Stella & Santiago Calatrava en el IAACC Pablo Serrano

El IAACC Pablo Serrano muestra por primera vez en España la obra conjunta "The Michael Kohlhaas Curtain" de Frank Stella y Santiago Calatrava. Esta nueva versión de la instalación podrá verse del 22 de mayo al 15 de diciembre. Arte, literatura y arquitectura se combinan para formar una instalación con energía exuberante.

Zaragoza.- Por primera vez dos figuras clave y emblemáticas del arte de esta época, el arquitecto Santiago Calatrava (Valencia, 1951) y el pintor-escultor Frank Stella (Malden, Massachusetts, 1936) -considerado el gran maestro del arte abstracto y precursor del minimalismo del siglo XX- se han unido para realizar una obra de arte sin precedentes: "Frank Stella & Santiago Calatrava: The Michael Kohlhaas Curtain".
 
Se trata de una colaboración grandiosa y sublime que fusiona una de las obras monumentales de Frank Stella, un mural de 30 metros de largo y una tonelada de peso realizado en 2008, con una estructura-escultura de acero de Santiago Calatrava, diseñada con una forma atípica en arquitectura y en geometría: un toroide, una figura en armonía y equilibrio perfectos que se encuentra ya presente en la obra del arquitecto español desde sus inicios y que podrá verse en el IAACC Pablo Serrano del 22 de mayo al 15 de diciembre.
 
La comisaria de la exposición, Cristina Carrillo de Albornoz, propuso que el trabajo fuera expuesto en Zaragoza, en el IAACC Pablo Serrano que estaba a punto de reabrir sus puertas. Es entonces cuando el IAACC Pablo Serrano entra en colaboración con la Neue Nationalgalerie de Berlín -Nueva Galería Nacional, diseñada por Mies van der Rohe en 1968- donde la pieza se expuso el pasado año, lo que ha permitido ofrecer dos versiones distintas de la instalación.
 
En Zaragoza, debido a las dimensiones de la sala, se muestra ligeramente abierta por un lado para que el visitante pueda penetrar en ella encontrándose en un refugio arquitectónico. La instalación se convierte en una compleja y mágica experiencia espacial para los espectadores.
 
Esta colaboración es una oportunidad para que los dos artistas, que comparten una pasión por transgredir los límites e ir más allá, corroboren que la eliminación de las barreras entre diferentes disciplinas del arte puede crear una perspectiva artística única.
 
Stella y Calatrava
 
Ésta es también una historia de la influencia recíproca entre la pintura, la arquitectura y entre dos artistas que se admiran. Ambos muestran gran interés por el movimiento y la austeridad en la obra de arte, fusionan maravillosamente el barroco y el minimalismo y son muchos los puntos que comparten más allá de su amor por Roma, por Picasso o por los puentes. De hecho la obra de ambos transciende las fronteras entre pintura, escultura y arquitectura.
 
Stella es un pintor-escultor que se ha sentido atraído por la arquitectura y el espacio desde los años 60. Stella utiliza la pintura como medio para perforar el espacio a su alrededor. Paralelamente, las obras del arquitecto, pintor y escultor Santiago Calatrava poseen formas escultóricas cercanas a la anatomía humana y a las formas de la naturaleza como sucede en puentes suspendidos y edificios que se retuercen sobre sí mismos como el famoso “Turning Torso” de Malmö (Suecia).
 
Stella y Calatrava se conocieron en 1990 cuando el artista americano fue a visitar la estación de tren de Saint-Exupéry que Calatrava estaba construyendo en Lyon. La colaboración surgió cuando Calatrava, a principios de 2009, visitó el estudio de Stella próximo a Nueva York. Allí vio The Michael Kohlhaas Curtain, un gigantesco mural de colores, vibrantes inspirado la novela Michael Kohlhaas del escritor alemán Heinrich von Kleist. Stella, gran amante de la cultura alemana desde su época de estudiante al igual que Santiago Calatrava, escogió este relato de rebeldía por su sorprendente modernidad, dinamismo y las posibilidades narrativas que encierra para trasladarlo a la pintura. Al verlo, Calatrava pensó en una de las claves de la obra general de Frank Stella; esto es, en la tensión de los límites y el problema del marco de las obras pictóricas, una cuestión sobre la que paradójicamente Calatrava realizó su tesis doctoral en 1981 y cuyo punto central era cómo las formas lineales pueden adoptar la tridimensionalidad.
 
Tras este encuentro ambos concluyeron que Calatrava resolvería esta cuestión en la colaboración, creando una delicada estructura arquitectónica en forma de toroide, creado con múltiples redes, de gran simpleza visual y enorme complejidad técnica. En ésta se insertaría el mural de Stella quedando sujeto y suspendido en su interior. Luego en un gesto arquitectónico el conjunto se situaría elevado del suelo.
 
La comisaria del proyecto, Cristina Carrillo de Albornoz, comenta que “el impacto final de la obra conjunta es innegable. La obra colosal y densa de Stella, pintada por ambos lados con colores vibrantes y patrones dinámicos, cobra dentro del toroide no solo una nueva dimensión escultórica y arquitectónica sino una ligereza sorprendente (…) a la vez, queda envuelta en un marco sin principio ni fin. Y dentro del toroide, entre la estructura y el espacio, se pueden ver ambos lados del lienzo. Pero lo milagroso es que la elegante y poderosa estructura de Calatrava se alza casi invisible, recordándonos el deseo como decía Yoshio Taniguchi que la finalidad de la arquitectura contemporánea no trata solo envolver sino de desparecer”.

En conclusión, según Cristina Carrillo, “arte, literatura y arquitectura se combinan para formar una instalación con energía exuberante que trasciende las formas tradicionales de clasificación. Completamente inesperado”.