Calvo i Mayayo, un nuevo concepto de galería artística

La galería de arte Calvo i Mayayo abrió sus puertas hace dos años en las proximidades del Coso Bajo de Zaragoza. Su peculiar espacio, rico en obras de arte decorativo, está compuesto por tienda y sala de exposiciones y ha sido configurado a partir del modo de entender el arte por los profesionales que conducen o participan de este campo.

Zaragoza.- El prolijo estudio de todo lo relacionado con el mundo artístico que tanto David Calvo i Mayayo, propietario de la galería, como María José Espinosa, colaboradora, desarrollaron en su etapa de formación académica, acabó gestando la idea de concebir un espacio de arte con las características del actual. “Habíamos estado fuera de Zaragoza y veíamos que aquí había algunas iniciativas, pero de gente mayor, que llevaban mucho tiempo, y no le daban mucho carácter a lo que es arte emergente o el arte real de la calle”, expone David.

Calvo i Mayayo ha desafiado la estática concepción de galería de arte, nacida en la década de los años sesenta, en Estados Unidos, como recinto minimalista con obras pictóricas expuestas, y que llegó a nuestro país, dos décadas después, junto con la movida madrileña o el "fashion victim". Alberga, en sus dos plantas, joyería de autor, pintura de artistas nacionales e internacionales, restauración textil, o indumentaria tradicional, tratada aquí desde el punto de vista histórico-artístico. Trabajan piezas por encargo y su elaboración es muy personalizada, lo que las hace exclusivas.

Entre estas piezas, se pueden encontrar desde alianzas matrimoniales hasta trajes regionales del siglo XVIII, que ellos denominan ex novos, por ser verdaderas falsificaciones de los trajes originales. Para David, el referente de esta idea de galería se halla en la sensibilidad artística cotidiana de la sociedad actual. Según él mismo explica, “nuestras casas son eclécticas, algo antiguo, algo nuevo, algo de esas cadenas comerciales, supuestamente de diseño, que nos fascinan a todos. Pues nuestra galería es exactamente igual, tenemos grabados japoneses, joyería, decoración, arquitectura de interiores, textil japonés, pintura de artistas aragoneses, etc.”. Y es que el arte lo entienden como algo accesible al gran público, de este modo, la particularidad de conjugar tienda y sala de exposiciones, facilita que un variado abanico de población se acerque a este tipo de establecimientos y consuma o contemple arte, que es un modo de consumirlo.

La sala de exposiciones alberga obras de artistas contemporáneos tanto nacionales como internacionales

Para Calvo i Mayayo, uno de los objetivos principales es romper las barreras que han mantenido alejado al gran público del arte ya que el arte supone “crear sensaciones y objetos bellos, que les hagan fácil la vida emocional a las personas”, apunta.

Comunicación internacional

La galería mantiene relaciones con el exterior, fundamentalmente con Japón, a través de su corresponsal allí, Fumiko Nakajima. Estos lazos comunicativos permiten dar a conocer en Zaragoza artistas japoneses y mostrar la obra de artistas aragoneses en el país nipón. El resultado; cuando el visitante accede a la galería, es sorprendente, pues, por ejemplo, en una reducida distancia de separación se pueden encontrar expuestos trajes regionales de corte antiguo junto con kimonos japoneses de ricos tejidos. Cada uno tiene su lugar en este espacio, sin hacer de la variedad confusión. “Nuestro concepto de negocio es muy japonés, es muy ecléctico como los japoneses. Tenemos bastante relación, por eso vendemos muchos productos japoneses, no sólo textiles, como pueden ser los kimonos, sino, creo que puedo decir, que somos la única galería de arte en Zaragoza que tiene en su fondo arte de diferentes artistas contemporáneos japoneses”, aclara David.

El galerista nos muestra los últimos diseños en joyería

 

Entre sus proyectos de futuro está introducir nuevas disciplinas artísticas como el arte floral, arquitecturas efímeras y dar mayor protagonismo a la joyería de autor. “Con respecto a la joyería, tenemos como referencia la escuela alemana porque conciben la joya como una escultura de pequeño formato en material precioso que, además, se puede llevar encima. Creo que es muy propio para Zaragoza porque nos gusta ponernos todo encima para que nos lo vean. Hemos de aprender a reírnos de cómo somos y poder llevar las propias esculturas de materiales preciosos, que son las joyas de autor”, comenta David.

El modo en el que llevan a cabo la elaboración de cada pieza les acredita para denominarse artistas y no artesanos, pues rechazan el trabajo seriado en provecho de que cada objeto realizado goce de la esencia última de Calvo i Mayayo y de la creación con base académico-artística. Y algo nada desdeñable, el hecho de ser productores de obras de arte y ofrecerlas en sus instalaciones anula, de la cadena comercial, el eslabón distribuidor, con lo que se abaratan costes en el producto final y se favorece, de nuevo, el acceso de estos enseres a una mayor diversidad de público.

Sensibilidad artística de los zaragozanos

Pero si hay una dificultad con la que la galería se topa, y que es la más dificil de solventar, es la referente al público. David se muestra rotundo cuando habla de la sensibilidad del público zaragozano al respecto y dice que "es nula". “Es un negocio difícil, y ha de ser vocacional, eso hará que nos permita seguir adelante.” El análisis del público zaragozano consumidor de arte va más allá, hasta se puede relacionar con la climatología: demasiado calor en verano, demasiado frío en invierno... En definitiva, según estos galeristas, la actitud en aquellos es “lenta”, ya que “los zaragozanos somos tercos, pero una vez que aceptamos lo nuestro es lo mejor. Una vez que se acepte y se valore el arte seremos el mejor sitio donde se pueda hablar y vivir de arte.”