Alicia Asín: “El rastro digital puede hacer una imagen tan precisa de nosotros que influya al buscar trabajo”

La zaragozana es CEO de la empresa tecnológica Libelium y ha volcado en su nuevo libro “Toma el control de tus datos” todas las reflexiones sobre esas preguntas que todo el mundo debería hacerse antes de aceptar las condiciones de esas herramientas tecnológicas
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photo_camera Alicia Asín es CEO de Libelium y autora del libro "Toma el control de tus datos"

Nunca hemos contado con tantos avances tecnológicos como ahora, pero eso nos enfrenta como sociedad a nuevos retos reguladores, legales y hasta éticos. En la nueva era digital nada es gratis y eso lo sabe muy bien Alicia Asín. Esta zaragozana es CEO de la empresa tecnológica Libelium y ha volcado en su nuevo libro “Toma el control de tus datos” todas las reflexiones sobre esas preguntas que todo el mundo debería hacerse antes de aceptar las condiciones de esas herramientas tecnológicas que aceleran a un ritmo vertiginoso. 

PREGUNTA.- ¿Cuál era tu objetivo con este libro?
RESPUESTA.- En estos momentos que veo que son de mucha incertidumbre con respecto al mundo tecnológico pretendía trasladar tres mensajes. Uno, que la tecnología es neutra y que no es una cosa mala ni buena, sino que todo depende del uso que queramos darle. Dos, recordar las cosas buenas que nos proporciona la tecnología y, en tercer lugar, recogiendo este guante de que la tecnología es neutra y que depende de nosotros que sea bueno o malo, hacer un llamamiento a la autorresponsabilidad. Por eso este es un libro que no pretende ni asustar a nadie ni decir que no pasa nada, sino que quería hacer hincapié en qué hacemos las personas ante esto.

P.- Con este libro das algunas las herramientas para ser más libres o conscientes del entorno en el que nos movemos a través de ejemplos prácticos. ¿Era ese otro de los objetivos?
R.- Como CEO de una empresa tecnológica como es Libelium, la mayor parte del tiempo me relaciono con gente del mundo de la tecnología, pero me di cuenta de que tengo un sesgo pensando que todo el mundo entiende los riesgos de lo que está sucediendo. Pero luego hablo con mis amigas o las madres del colegio de mis hijas y me doy cuenta de que no es así. Cuando en una conversación me preguntan sobre lo que opino me daba cuenta de que no podía tener una respuesta corta, sino que formarte una opinión sobre ello necesitaba algo más de reposo. 

P.- En el libro tratas conceptos que pueden resultar familiares pero que quizás no todos sepamos sus verdaderas implicaciones. Uno de ellos es el rastro digital. ¿En qué consiste este concepto?
R.- Es un concepto que surge de todas esas miguitas de pan que vamos dejando cuando navegamos por Internet, cuando posteamos cosas y opiniones en redes sociales o cuando hacemos determinadas compras. Vas dejando un rastro que de alguna manera genera un perfil de lo que es nuestra persona. En mi caso, mi primer smartphone lo tuve pasados los 26 años y nunca he sido muy activa en redes sociales y mi rastro digital está limitado a esa mitad de mi vida. Pero en el caso de todos estos nativos digitales tienen registrada toda su vida desde que han sido bebés y ese rastro digital puede servir el día de mañana para hacer una imagen tan precisa de nosotros que pueda servir incluso para ver nuestra idoneidad en un puesto de trabajo. 

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En el libro, Alicia pretende transmitir las cosas buenas que aporta la tecnología

P.- Tú misma dices que todo lo que hagamos en Internet queda registrado. Especialmente en las generaciones más jóvenes, ¿puede afectar eso a la hora de encontrar trabajo?
R.- Totalmente. Antes se pedían referencias en los anteriores sitios y ahora un número de teléfono y un email son la llave para, a través de brokers de datos, comprar suficiente información sobre nosotros que permite crear un perfil incluso más preciso del que se pudiera tener antes con unas opiniones subjetivas de tu anterior empleador. 

P.- Otro de los temas que tratas es el uso de la privacidad en las redes sociales. Unas redes sociales que han cambiado el paradigma en todos los aspectos. ¿Qué es lo que más te preocupa?
R.- Las redes sociales para mí tienen dos problemas fundamentales. Uno, que surge derivado de la economía de la atención que es al utilizar un producto que es gratuito, el producto eres tú y eres tú en forma de que tienes que servir a los anunciantes que se publicitan en estas redes sociales con tener la oportunidad de clicar en mayor número de veces en el mayor número de anuncios y convertir el mayor número de compras posibles para que estas personas les siga saliendo rentable todo lo que esto conlleva. Eso nos lleva a una economía de la atención que está modelando nuestra sociedad. Estos diseños totalmente adictivos para hacer que pasemos el mayor tiempo posible en nuestras redes sociales han hecho que reduzcamos el tiempo que pasamos en actividades al aire libre, en relaciones personales, durmiendo e incluso quitándoselos a los medios de comunicación tradicionales. Lo cual me lleva al segundo problema, que es esa polarización que ofrecen estos hilos de contenido totalmente personalizados. Cuando abrimos una red social y vemos el tipo de noticias que nos aparecen no es lo mismo que cuando vemos la portada de un periódico digital en el que todos vemos lo mismo. 

Al utilizar un producto que es gratuito, el producto eres tú

P.- ¿Qué consejo darías para utilizar las redes sociales con la mayor responsabilidad posible?
R.- Una de las cosas que recomiendo en el libro es, que ya es obligatorio gracias a la Unión Europea, que las redes sociales te ofrezcan la posibilidad de ver los hilos de contenido según lo que te sugieren o de manera cronológica, sin ninguna cocina. Yo recomiendo utilizar esta segunda opción que parece que puede ser más sana y, en segundo lugar, el no utilizar las redes sociales como fuente de información o al menos no como única fuente, sino alternar con medios más tradicionales. Y de esta manera complementar la idea que uno tiene de la actualidad que vivimos. 

P.- Aunque muchos saben de su existencia, pocos conocen realmente todo lo que se compra y se vende en la Dark Web, ¿qué riesgos conlleva este lugar?
R.- Hablo de la Dark Web en el capítulo en el que hablo de la economía de los datos y cuando intento explicar cuál es el valor que deberían de tener los datos, me pareció interesante hablar de unos estudios sobre cuánto costaban estos datos en la propia Dark Web, que es esa web oscura la cual no es que sea accesible para cualquiera, pero no es tan complicado acceder a ella. Esta organización había publicado unos informes en los que se hablaba de cuánto costaban determinadas cosas. Y me parecía interesante mostrar todos estos datos para que todas las personas que lo leyesen reflexionen de lo barato que puede ser el poder influir en estas redes sociales. También hablaba de cuánto cuesta el falsificar una tarjeta o conseguir datos personales de una tarjeta y los datos eran escandalosamente bajos y que algo sea bajo es que la oferta que hay es muy alta. 

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El libro plasma todas las perspectivas desde las que se deberían mirar los datos

P.- ¿Son los datos la información más valiosa actualmente en la sociedad?
R.- Al final este libro habla de datos, de ahí el título y realmente lo que he intentado es plasmar todas las perspectivas y las miradas y los ángulos desde los que deberíamos mirar a los datos. Desde cómo deberían ser para que podamos tomar decisiones informados hasta cuánto cuestan estos datos. Un concepto que me parece muy interesante que es la datocracia, que es esa parte en positivo de decir cuando los datos son de calidad y se han tomado una muestra amplia y representativa y sirven para justificar las decisiones que toman las administraciones públicas y para incrementar la transparencia que tenemos en nuestras administraciones. 

P.- Si miramos a temas de actualidad, hubo mucha polémica por una empresa que te daba dinero a cambio del iris de tus ojos, ¿cuánto de peligrosa es realmente esta práctica?
R.- Al final nuestro iris es un identificador único de nuestra persona y es uno de esos parámetros que sirven para autenticarnos biométricamente en aplicaciones o administraciones. En España hubo 400.000 personas que accedieron a hacer esto por el equivalente a lo que eran 80 euros en criptomonedas. En Portugal 300.000 y en el resto de Europa apenas hubo gente. Creo que es muy representativo y que muestra esa cara de cómo hay partes de la sociedad que abrazan todo lo tecnológico sin apenas pensárselo. Yo creo que si hubiera una persona con una carpeta en la calle pidiéndote dónde vives y tu dirección y te dijera que te va a dar 80 euros, probablemente te resultaría muy extraña esa petición. Sin embargo, nos piden el iris, que es algo igual que nuestro DNI o incluso más exacto todavía y no nos hacemos preguntas. Yo creo que hay que hacer una reflexión de el por qué. 

R.- En el libro hablas también de ChatGPT, una herramienta de la que tal y como expones todavía no somos conscientes de todo lo que nos espera.
P.- Lo que hablo en el libro es que con el tema de la Inteligencia Artificial estamos todavía en la primera de las tres fases que existen. Todas las aplicaciones como ChatGPT son ejemplos de IA estrecha, que esos algoritmos están entrenados para hacer una cosa concreta, pero no le puedes pedir a uno de esos algoritmos que haga otra tarea como reservarte unos vuelos o hacerte una planificación de movilidad urbana en una ciudad. En una IA general, la máquina ya sería capaz de emular un cerebro humano y tener diferentes áreas de conocimiento y en una Súper Inteligencia ya estaríamos hablando de ese momento en el que nos superen las máquinas a nosotros. 

P.- ¿Podemos hace algo como usuarios para protegernos?
R.- En primer lugar, tenemos que ser conscientes de lo que está sucediendo e integrar en nuestra vida el leer las políticas de privacidad de todas las herramientas tecnológicas que vamos utilizando al menos hacer una lectura en diagonal. Si no somos conscientes de todas esas transacciones que estamos haciendo a diario es muy difícil que seamos capaces de reaccionar, de dejar de utilizar ciertos servicios que no nos parezcan éticos y del mismo modo que cada vez hay más personas que miran las etiquetas nutricionales para saber qué es lo que estamos comiendo, yo creo que el siguiente paso es que nos preocupemos un poco por nuestra salud digital.