Las cosas de casa

Llevo ya algunos años asomándome cada semana a la magnífica ventana que me presta aragondigital.es. Quizá haya llegado la hora de mostrar mi agradecimiento al señor director por soportarme durante todo este tiempo. Quiero reconocer que nunca me ha corregido ni una sola coma, ni tachado párrafo o sugerido algún tema que le pudiera interesar.

Llevo ya algunos años asomándome cada semana a la magnífica ventana que me presta aragondigital.es. Quizá haya llegado la hora de mostrar mi agradecimiento al señor director por soportarme durante todo este tiempo. Quiero reconocer que nunca me ha corregido ni una sola coma, ni tachado párrafo o sugerido algún tema que le pudiera interesar. No crean ustedes que esto es lo habitual, conozco innumerables casos de solventes periodistas que han visto cómo su jefe de Redacción les ha modificado sustancialmente sus trabajos, artículos o crónicas; ni qué decir que les han impuesto la absoluta prohibición de mencionar de una manera no positiva a sus anunciantes. Les pongo el ejemplo de algo que ocurre con cierta asiduidad. Existen en nuestro país unos grandes almacenes de gran prestigio y suculentos beneficios que tienen docenas de edificios, todos ellos con sus magníficas escaleras mecánicas. Con frecuencia puede ocurrir que en momentos de mucha afluencia: rebajas, ofertas, promociones... el público suela acudir masivamente y haga abundante uso de las mencionadas escaleras provocando, en algunos casos, pequeños y no tan pequeños accidentes. Pues bien, éstos no los verá usted nunca reflejados en la prensa. En una ocasión, no hace mucho tiempo, en un periódico nacional de gran tirada e influencia política, un articulista en plantilla le dedicó al presidente de un gran banco su columna semanal, relatando en ella su comparecencia en un juzgado madrileño por una denuncia; a los pocos días el veterano periodista fue despedido. Se ve que la libertad de expresión no está bien vista por los poderosos.

Siendo Aragón Digital una empresa aragonesa, es normal que sus opiniones e informaciones sean de asuntos de casa, entendiendo por tal la Comunidad de Aragón. Si bien es cierto que en distintas cocinas he seguido las elecciones autonómicas y municipales, el grueso de mi trabajo lo he dedicado a asuntos nacionales e internacionales, quizá pensando que “las cosas de casa” están perfectamente atendidas por magníficos periodistas aragoneses. Mas en la actualidad, debemos hacer constar que son las noticias nacionales: sanidad, educación, presupuestos, bolsa, primas de riesgo y un largo etcétera, las que generan el grueso de la información, quedando para la prensa de provincias (antes se decía así con desdén), las consecuencias que van a tener dichas medidas en nuestra Comunidad. De todas las maneras prometo enmendarme y, a partir de ahora, y cuando sea menester, ya no sólo serán mencionados los Rajoys, Rubalcabas, Sorayas, Botines, etcétera, compartirán espacio con Luisa Fernanda Rudi, Belloch, Lambán, Beamonte y etcétera. Mis opiniones seguirán siendo respetuosas y naturalmente criticables; eso sí, me comprometo a contar con todo lujo de destalles si alguien se cae en un ascensor del Ayuntamiento de Zaragoza o si alguna entidad bancaria hace alguna fechoría. Termino intentando animar a las empresas de medios de comunicación que, a pesar de no haberme llevado especialmente bien en el pasado, en la actualidad me solidarizo con ellos. Lo están pasando igual de mal que cualquier hijo de vecino. Suerte chicos, seguirá siendo un placer leerse un diario tomándose un café y fumando un cigarrillo; eso sí, en la puerta del bar.

Por cierto, ya tenemos un nuevo presidente de la V República francesa. Hasta la semana que viene.

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