Ganó "el flan"

En la cocina de hace dos semanas les manifestaba mi admiración por la sociedad francesa y sus instituciones. Para ellos los valores republicanos están cada día más vigentes, independientemente de sus preferencias políticas. Las elecciones y sus resultados lo han vuelto a demostrar. Hoy, quiero resaltar dos acontecimientos que se han dado.

En la cocina de hace dos semanas les manifestaba mi admiración por la sociedad francesa y sus instituciones. Para ellos los valores republicanos están cada día más vigentes, independientemente de sus preferencias políticas. Las elecciones y sus resultados lo han vuelto a demostrar. Hoy, quiero resaltar dos acontecimientos que se han dado.

El primero, la alta participación, 80%, y siempre teniendo presente que el 50% del electorado ha tenido que votar a un candidato distinto al que votó en la primera vuelta, al no pasar su preferido a la segunda. El segundo es los escasos minutos que pasan desde que se cierran las urnas, 20.00 horas, hasta la comparecencia del perdedor para reconocer su derrota y felicitar al nuevo presidente de la V República. En esta ocasión, Sarkozy tardó exactamente 22 minutos. Cinco años antes, la entonces perdedora Ségolène Royal, compareció a los 27 y con el mismo discurso.

Debemos de saber que, en ese momento, el Ministerio del Interior francés lleva escrutado poco más del 5% de las papeletas. ¿Cómo es posible esto?, nos preguntamos los españoles que comenzamos a dar por buenos los resultados, a partir de los datos que arroja nuestro Ministerio del Interior, con más del 75% de los votos ya escrutados. Verán, es la televisión pública francesa la que pocos minutos después de haberse cerrado las urnas informa de una encuesta elaborada por ellos, consistente en el recuento de las primeras 50 papeletas de una serie de mesas previamente seleccionadas. Los resultados que ofrecen pueden variar de otras encuestas realizadas por gabinetes demoscópicos de distintos medios, en poco más de un punto; que se realizan a pie de urna. Ambos procedimientos han sido realizados en nuestro país con escaso éxito. ¿Qué explicación podemos encontrar? Al parecer, nuestros vecinos cuando son interrogados dicen la verdad sobre su voto emitido.

Bien, ya tenemos nuevamente un presidente socialista tras 17 años de oposición. Hollande es elegido con el apoyo de las izquierdas francesas y una parte del voto de centro, que en Francia sigue existiendo. La biografía del ganador no es nada espectacular, se le considera un hombre del aparato del PSF, por lo tanto, con muchas horas de despacho en la calle Solferino, sede del partido. En sus propias filas le han llamado “flou” (flojo) “mou” (blando) y la derecha sarckozysta “flanby” (flan) estos motes cariñosos no se corresponden con lo que un día dijo de él Lionel Jospin: “Es el mejor, el más brillante y el más político de todos”. El propio François Mitterrand, poco dado a elogios, le llegó a pronosticar: “Su turno vendrá, Hollande”.

Termino. De todas las promesas electorales me quedo con dos: retirar en este año las tropas francesas de Afganistán y subir hasta el 75% los impuestos a los que cobren 100.000 euros al mes. Veremos. La semana que viene hablaremos de las cosas de casa.

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