La fuente, la rana y el emperador

El pasado 9 de mayo le fue concedido el premio Príncipe de Asturias de las Artes a nuestro vecino de Tudela el insigne arquitecto D. Rafael Moneo, que ya contaba con innumerables premios nacionales e internacionales, incluida la medalla de oro de las Bellas Artes (1992).

El pasado 9 de mayo le fue concedido el premio Príncipe de Asturias de las Artes a nuestro vecino de Tudela el insigne arquitecto D. Rafael Moneo, que ya contaba con innumerables premios nacionales e internacionales, incluida la medalla de oro de las Bellas Artes (1992). Por lo tanto, podemos deducir que la arquitectura es considerada un Arte con mayúsculas. Don Rafael tiene en nuestra ciudad dos obras muy notables: la Fábrica Diestre, en la carretera de Madrid, que fue su primera obra profesional en el año 1964, y su centro Aragonia, que terminó en el reciente 2009; un magnífico edificio que contiene hotel, oficinas, centro comercial y un palacio de congresos. Hoy, a los grandes arquitectos se les considera artistas comparándolos con los grandes escultores y pintores que, eso sí, no pierden la propiedad intelectual al desprenderse de sus trabajos y los compradores de sus obras tienen limitada su propiedad. Me explico. Pablo Serrano, nuestro escultor más reconocido, le ganó un pleito a su cliente Hoteles Meliá por haber trasladado de lugar “sin su consentimiento” una de sus obras que, eso sí, religiosamente había cobrado. Ganó el pleito y fue indemnizado. Más recientemente, el zaragozano Andrés González, pintor y ceramista conocido artísticamente como “Galdeano”, demandó a la empresa CAMPSA por haber derribado un enorme mural de un edificio de la empresa en Madrid. Ganó el pleito. Los escritores tienen derechos de autor, lo mismo que los músicos, quizá estos últimos se hallan pasado con su SGAE. En definitiva, todos los artistas tienen derecho sobre sus obras y así lo reconocen los tribunales de justicia.

En la ciudad de Zaragoza, es su alcalde el que propone un “sano” debate sobre una remodelación de la Plaza del Pilar y la zona de las murallas romanas. Consistente en eliminar la Fuente de la Hispanidad, construida para sustituir el monumento a los “caídos por Dios y por España” en la nefasta Guerra Civil, que hoy con su gran cruz está felizmente instalado en el cementerio de Torrero, eso sí, recordando a todos los muertos en la guerra fraticida. Quiero recordar que su autor fue el arquitecto municipal don Ricardo Usón, el cual puede ver en caso de desaparecer la fuente cómo se amputa una parte de la plaza que él diseñó por encargo de la ciudad. El segundo caso: murallas romanas, arcos, rana y emperador; fue motivo de un concurso en los años 80, con su correspondiente jurado incluido el Colegio de Arquitectos, donde ganó el arquitecto zaragozano don Juan Martín Trenor. Se proponen trasladar la estatua de César Augusto a otro lugar por quinta vez, pieza, por cierto, donada a la ciudad por el fascista Mussolini y de escaso valor artístico; se derriban los arcos y se condena a la proletaria rana a un exilio involuntario. Vayamos a la cuestión. ¿Quizá alguien se atrevería a derribar una obra de Moneo o de Calatrava? Opino que los arquitectos también deberían tener algún derecho sobre sus obras, al igual que el resto de los artistas. Al parecer así lo entienden los tribunales de justicia. Hasta la semana que viene.

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