Vivir para ver

(Contestación a la carta, CALATAYUD: UNA CIUDAD SIN ALCALDE) Siempre he pensado que los Ayuntamientos eran Instituciones serias y merecedoras del máximo respeto. Por supuesto, Alcalde y Concejales, sean del signo político que sean, me han transmitido seriedad y sensatez.

(Contestación a la carta,  CALATAYUD: UNA CIUDAD SIN ALCALDE)

Siempre he pensado que los Ayuntamientos eran Instituciones serias y merecedoras del máximo respeto. Por supuesto, Alcalde y Concejales, sean del signo político que sean, me han transmitido seriedad y sensatez.

Recientemente, y en base a un hecho protagonizado por el Sr. Ruiz de Diego, Concejal del PSOE del Ayuntamiento de Calatayud, empiezo a dudar de mis pensamientos anteriores.

Días atrás, tuve conocimiento de un cartel colocado en la puerta del despacho del PSOE del Ayuntamiento de Calatayud. Consistía, para quien no lo haya visto, en un elefante ataviado con los colores de la bandera tricolor. Dirán Vds. que a qué cosas tan curiosas dedican el tiempo los Concejales del PSOE. Lo entendí como no podía ser de otra manera, un panfleto con intención de caricaturizar e insultar, y desde luego no acorde con el lugar.

A su autor, o a quien ideó su colocación en el Ayuntamiento de Calatayud, lo catalogaría como una persona con una mente infantil, no demasiado evolucionada y la actitud por supuesto pueril. Por consiguiente, insté a su retirada.

A raíz de este hecho, el Sr. Ruiz de Diego ha aprovechado la coyuntura, para remitir una carta a diferentes medios de comunicación titulada “Calatayud: Una Ciudad sin Alcalde”. En ella, como no podía ser de otra manera, aprovecha para atacar de una manera insulsa y no razonada la gestión municipal del Alcalde en lo que llevamos de legislatura. Realmente, tiene un mensaje cansino, repetitivo y poco vendible en estos momentos.

Criticar a un Alcalde porque tenga una profesión y la compatibilice, porque no tenga dedicación exclusiva, porque asista a los actos que corresponda, porque atienda todos los asuntos por la mañana o por la tarde, resulta cuando menos surrealista. Todo ello, sin duda, motivado por haberle retirado la dedicación exclusiva de la que disfrutó durante seis meses y ocho días y que con gran desvergüenza compatibilizó con la práctica privada de su profesión.

Yo sí que tengo que decir, que el Sr. Ruiz de Diego, mientras fue Alcalde de Calatayud, lo compatibilizó con un puesto de libre designación como Asesor del Grupo Socialista de DPZ y realmente desconozco que asesoraría ni a quién. Se trata de esos puestos, por los que se paga sin necesidad de acudir al mismo. Y también, mientras fue Alcalde de Calatayud, fue Apoderado de, al menos, una empresa que trabajó para el Ayuntamiento de Calatayud.

E incluso, quien ahora se declara republicano, utilizó a la Familia Real, concretamente a Su Alteza Real La Princesa de Asturias, en el Programa Electoral del PSOE empleando fotografías tomadas durante su visita a Calatayud. ¡Eso es coherencia! ¡Vivir para ver!

Y memoria, pues qué vamos a decir, el Sr. Ruiz de Diego es un desmemoriado. No sabe lo que significa vitalicio. Le dije y le repetí en el Pleno, que Franco no tiene ninguna Medalla de Oro de Calatayud. Vitalicio significa, mientras vive y por lo tanto, la Medalla la perdió al morir. Pero el Sr. Ruiz de Diego y los suyos viven del pasado, de la falsa Memoria Histórica y en estos momentos de las Algaradas.

Estamos cansados de Mociones de Factoría, de las Mociones del Corta y pega, de las Mociones que cada cierto tiempo se desempolvan y se vuelven a sacar.

Este Alcalde, trabaja para organizar el desaguisado que nos han dejado. Recuerden: 16 meses de deuda con la empresa de Basuras, 270.000 euros pendientes de pago de la Empresa Plantel, 3.000 euros por alguna Conferencia de Periodistas, 90.000 euros por no hacer un Polideportivo, 60.000 euros por un ascensor en un Edificio Privado. Subvenciones concedidas fuera de plazo, adjudicaciones de obra que luego es preciso devolver y podríamos seguir hablando y hablando.

A lo mejor, Sr. Ruiz de Diego, se tiene que dedicar a trabajar en su profesión, porque puede perder o ha perdido el tren de vivir de la política.