Un año de un error. La invasión de Ucrania por Rusia

Son días para recordar, para reflexionar, para comprometernos y para actuar. Para recordar como en la madrugada del 24 de febrero de 2022, cuando el mundo seguía afrontando las consecuencias de una pandemia planetaria que nos impactaba con dureza, Putin y su gobierno tomaron la errónea decisión de invadir militarmente Ucrania, dando inicio a una guerra en el corazón de Europa que está sembrando dolor, miedo, indignación, desorientación, desplazamiento humano, separación de familias y generando el drama, la sinrazón y la pérdida de valores humanos.

Reflexionar sobre las causas y las consecuencias de la guerra como símbolo del fracaso del ser humano, de la palabra y del respeto hacia los Derechos Humanos. Una guerra que en este año ha dejado miles de fallecidos y heridos en ambos bandos, miles de personas que han perdido su vivienda, su trabajo, sus referencias y su cotidianidad, viéndose forzadas a abandonar su tierra buscando un espacio de seguridad y protección en los países limítrofes y en toda Europa.

Según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) más de ocho millones de personas ucranianas se han visto obligadas a salir de su país en este primer año de guerra, de los cuales casi 170.000 han sido acogidos en España, fundamentalmente familias compuestas por madres e hijos/as a cargo y personas mayores, dado que en muchos casos los hombres se han quedado en Ucrania sumándose al ejército. Muchas de estas familias han sido acogidas en plazas del Sistema Nacional de Acogida a Solicitantes y Beneficiarios de protección internacional, un sistema liderado y coordinado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, en coordinación con entidades sociales especializadas, como es el caso de Convive Fundación Cepaim. Como organización comprometida ante cada crisis, hemos dado acogida y acompañamiento a centenares de personas y familias en nuestra red de centros, con las que hemos podido compartir en este año, las sensaciones, trayectorias y experiencias ligadas a esta experiencia vital tan traumática para cualquier ser humano.

La respuesta de España y de Europa ante las consecuencias de esta guerra ha estado a la altura de las circunstancias, habiendo creado en tiempo récord centros de acogida y recepción, plazas de emergencia, habilitando los recursos necesarios en un marco de coordinación con las entidades del tercer sector de acción social, los ayuntamientos y las comunidades autónomas. El Gobierno español ha sabido gestionar la solidaridad de las familias acogedoras y la Unión Europea ha tomado decisiones acertadas como ha sido la activación de la Directiva Comunitaria de acogida temporal, demostrando que sabemos, podemos y debemos hacer lo posible para solventar los obstáculos que garanticen la seguridad de las personas, no solo como respuesta ante esta crisis humanitaria, sino también como oportunidad ante otras crisis como es el caso de Siria, Afganistan, el Sahel, Yemen y tantas otras, como sucede en estos momentos ante la necesidad de ayuda humanitaria, acogida y colaboración ante el terremoto en Turquía y Siria.

Europa y España no pueden responder de forma diferenciada ante cada situación, generando un clima de discriminación y de comparación entre personas refugiadas que consideran que son tratadas de forma diferente sin entender el porqué.

Desde Fundación Cepaim en estos días que se multiplican los actos en recuerdo por este primer año de guerra, queremos hablar en primera persona, recordando las palabras y los mensajes que nos dejan las personas ucranianas que acompañamos, dejándonos la mirada, el rostro humano, su historia, sus vivencias, emociones, anhelos y sueños. Personas como Vladimir cuando nos dice que “durante este año la guerra sigue presente en mi nativa y buena Ucrania, en la distancia se me entremezclan las emociones de dolor y añoranza. Yo, como muchos ucranianos en los primeros días de guerra, estábamos en estado de conmoción y miedo, pero con el tiempo estas emociones se han convertido en fuerza y orgullo por mi pueblo, por mi país. En la distancia, residiendo en España es difícil superar la culpa de estar lejos, con la sensación de ser un traidor por no estar en mi país”.

O mujeres como Uliana que nos dice desde la emoción que “sus recuerdos del 24 de febrero de 2022 están atravesados por la conmoción, la confusión y el dolor, sabiendo que la guerra significa muerte y destrucción. En este momento, la principal emoción que siento al pensar en Ucrania es el orgullo. Sentimos un gran agradecimiento a España y a todos los pueblos del mundo por el apoyo y la ayuda que nos están prestando”.

Son momentos de actuar y posicionarnos frente a esta y a todas las guerras, para denunciar una invasión injustificable y seguir mostrando la solidaridad del pueblo español hacia las personas solas y familias que se ven a ver obligadas a permanecer entre nosotros mucho más tiempo del que pensaban y que anhelan el poder regresar para reconstruir sus vidas y su país.

Juan Antonio Segura Lucas. Director de Fundación Cepaim