La revolución de los tejuelos

El desprecio por los valores intelectuales nos estancará como territorio de segundo mundo, devaluado no solo en lo cultural sino también en lo económico. En esta sociedad de la información, en donde los datos y el conocimiento son valores inapelables, es un riesgo no apostar por las ciencias de la documentación.

El desprecio por los valores intelectuales nos estancará como territorio de segundo mundo, devaluado no solo en lo cultural sino también en lo económico. En esta sociedad de la información, en donde los datos y el conocimiento son valores inapelables, es un riesgo no apostar por las ciencias de la documentación. Mientras que en los países atlánticos “la cultura de la cultura” está fuertemente arraigada junto a valores como creatividad, conocimiento y diseño; en los países mediterráneos se sigue destilando el “gasto subvencionado en el concepto partidista de la cultura y el conocimiento” y el “desarrollo industrial con autómatas”.

A estos niveles no va a ser difícil que cualquier empresa con sueldos bajos (y rozando los derechos humanos) procedentes de otros lugares se coman a las nuestras. Entre un producto y otro, si no hay valor o diferencia, el cliente compra el más barato. Este factor es el que vamos a tener que asimilar como parte de ciudadanos del siglo XXI.

Por eso, debemos apostar por la investigación, el diseño, la cultura, la información y el conocimiento como motores de desarrollo que apoyen al turismo y a unos nuevos sectores primarios y secundarios más cercanos al siglo XXI.

Si el estado quiere volver a niveles del 95 no tendrá que volver a apostar por el fomento de la compra de vivienda y la “ayudita” al sector “inmobiliario- mobiliario” sino que tendrá que confiar en integrarse en la sociedad de la información; y eso no significa subvencionar al sector cultural, a la investigación, al conocimiento, sino dejarla partir a buen puerto y sin especulaciones: fomentar la iniciativa privada en estos sectores ayudando a que el pueblo vuelva a tener un “siglo de oro económico-intelectual”.