La partida nacionalista

Para ganar una partida de ajedrez, lo único verdaderamente imprescindible es sentarse a jugarla. Esto es precisamente lo que ha hecho el independentismo catalán desde el minuto uno de la democracia. Mientras los que presumen de ser partidos de estado solo pensaban afianzar sus sillones, pactando con el nacionalismo catalán lo que hiciera falta para poder gobernar, los otros, a parte de pedir gestiones de dinero para su región, iban moviendo ficha, con una hoja de ruta que les llevaría a una posición ventajosa. 

Pero a mí me gustaría pensar que hubo un punto de inflexión, marcado por los acontecimientos que siguieron al referéndum unilateral de independencia. Quiero pensar, que a partir de entonces, los dos partidos mayoritarios y la Casa Real crearon una mesa de trabajo para terminar con la pasividad estratégica, ahora que la partida todavía no está completamente perdida. Algo discreto, con un perfil más técnico que político en los actores que la compusieran y con la mínima cantidad gente informada, porque no se pueden perfilar estrategias con las cartas levantadas. 

Si se hizo o no, no lo sabemos, porque lo que podemos apreciar desde fuera no es más que el conocido juego del poli bueno y el malo completamente coherente con el mejor plan, pero también, inevitable situación aunque no haya tal.

Todo lo que estamos viendo ahora, con la amnistía y las tremendas concesiones económicas a Cataluña o lo que veremos con el inevitable referéndum de autodeterminación, no es más que la consecuencia lógica de una posición de inferioridad, a la que nos han avocado los que tenían la responsabilidad de sentarse a jugar la partida en nombre de la unidad estatal. 

La cuestión es si el día después de los referendos de independencia catalán y vasco, seguiremos con un tipo de sistema electoral, que ha demostrado ser la piedra angular del secesionismo, fomentando la segregación de esas u otras regiones del estado a medio y largo plazo, a cambio de una gobernabilidad cara y a corto.

Miguel A. Castro