Lapao, más gasto en momento de crisis

Leyendo las noticias referentes a la ley de lenguas, que aprobará el próximo jueves el Gobierno de Aragón, y que dará al idioma que se habla en la Franja el nombre de Lapao, me he dado cuenta de que a la vez que sonreía, por lo absurdo de la cuestión, sentía pena.

Leyendo las noticias referentes a la ley de lenguas, que aprobará el próximo jueves el Gobierno de Aragón, y que  dará al idioma que se habla en la Franja el nombre de Lapao, me he dado cuenta de que a la vez que sonreía, por lo absurdo de la cuestión, sentía pena.

Soy leridana, he estudiado tanto en Lleida como en Zaragoza, y tengo amigos de La Franja, además, por cercanía, muchas veces me he acercado a las poblaciones del área oriental de Aragón para realizar gestiones, y nunca he tenido problemas para comunicarme, ya fuera utilizando el castellano, el catalán o por lo visto el Lapao.

Personalmente no me importa que la lengua en la que me esté expresando se llame catalán, mallorquín, valenciano o lapao, de hecho, y siendo un poco irónica, también podríamos reivindicar una lengua diferente para Lleida, ya que el catalán que hablamos es distinto al que se habla en Girona, Tarragona o Barcelona, e incluso los andaluces, por no decir los murcianos o los cántabros, utilizan palabras y expresiones distintas, y también podrían pedir que su español no fuera español sino Lapasp (Lengua Andaluza Propia del Área Sur de la Península).

Yo creo  que, con la cantidad de problemas que ya tenemos para entendernos, sólo nos falta ahora que ni tan siquiera hablemos el mismo idioma. Si no hubiera tanto paro, corrupción, y un etcétera muuuuy largo, entendería que los gobernantes, ya sean centrales o autonómicos, se dedicaran a darles nombres raros a todos los dialectos que se hablan en el país, pero no es el caso.

Además, ¿se ha parado alguien a pensar en el coste que tendrá este cambio? Porque supongo que se deberán hacer notificaciones para informar a todas las instituciones del cambio, y se querrán adecuar algunos documentos administrativos a dicho lenguaje, y no digamos el gasto que puede tener el cambiar los carteles públicos de la zona o incluso la enseñanza del nuevo Lapao.

¿No sería más lógico destinar todo el dinero que haya podido costar esta nueva ley, y el que cuesten sus repercusiones, a pagar las deudas que tiene el mismo Gobierno de Aragón?