El voto emigrante puede afectar los resultados electorales: ¿ahora importamos? 

En noviembre de 2019 los votos de la emigración pudieron cambiar pocos resultados y mayoritariamente lograron confirmar el color político del país.

Por aquel entonces la participación no superó el 6,8% cuando en estas elecciones en Mánchester ha habido un 20% de participación, o en Polonia o Irlanda ha superado un 26%.

El voto de Latinoamérica ha sido muy inferior pero aún así superara los resultados de participación tras la abolición del voto rogado, multiplicando varias veces los datos de 2019.

La lectura de que pasará con este voto del exterior va de la mano con el análisis de lo que sucedió en 2019, y quizás podamos extrapolar algunos de los datos de la repetición electoral de noviembre de hace 4 años al de las elecciones del domingo pasado.

En 2019, el bloque progresista llegó al 46,7% mientras que el bloque conservador/ultra derecha se quedó en 36,7%... por aquel entonces 3 partidos sumaban en este bloque con Ciudadanos.

El voto de los emigrantes más jóvenes y expulsados tras la crisis de 2019 y localizados principalmente en Europa fueron el mayor contribuyente en la balanza del voto exterior que contribuyó a aupar a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias hace 4 años.

Las sacas de correos llegadas desde el exterior ahora tendrán que sumarse a los votos en urnas y quizás lleguemos a ver que, en ciertas provincias, algunos escaños en el Senado y Congreso puedan cambiar de manos, pero solo sucederá en aquellos lugares donde hay una diferencia mínima que haría bailar en un sentido u otro esos asientos.

Hay 3 escaños que parece que están al límite pero que exigirán recortar la distancia.

En la autonómicas de mayo, Díaz Ayuso perdió un escaño que fue a parar a la ultraderecha.

Por ejemplo, en Valladolid, mi ciudad, en 2019 un senador pasó del PP al PSOE tras el recuento de la diáspora vallisoletana.

En Cuenca, el PSOE ganó un asiento a VOX por 200 votos, y en Melilla la distancia entre el PP y Coalición por Melilla estuvo en 180 votos.

Girona, Cantabria, Madrid o Albacete han aparecido en algunos medios como lugares con un escaño que podría cambiar de mano, pero en algunas de estas provincias solo se alteraría si el voto exterior mostrara grandes diferencias entre partidos.

Ciertos cambios pueden llegar, pero no se espera que pudieran volcar el resultado general de las elecciones.

La única manera que el voto de la diáspora pudiera tener un efecto claro sería si la provincia exterior tuviera una circunscripción exterior con un número de escaños que reflejara el tamaño de una ciudadanía formada por 2.327.388 personas, la tercera provincia en nuestro país.

Si se asignaran 5 escaños (muy por debajo de la representación que Valencia con menos habitantes tiene en la actualidad), entonces sí que podríamos tener una influencia más directa y quizás así un interés real en nuestros votos, y en proponer soluciones a nuestros problemas.

… de momento hasta el viernes se va a hablar del voto CERA en todos los medios y los partidos al menos estos días, tendrán que tenernos en cuenta.

David Casarejos. Presidente de la Comisión de Derechos Civiles y Participación en el CGCEE / Presidente del Consejo de Residentes de Manchester (CREeCUK)