El chollo de ser chino, en Zaragoza y en España

Acabo de dejar la presidencia... de la comunidad de propietarios, que a mí sólo me caen cargas, no cargos, y lo hago con el disgusto de no haber conseguido que el Ayuntamiento de Zaragoza cumpla las leyes y sus propias ordenanzas o normas reglamentarias. En los bajos de mi casa –Avenida del Tenor Fleta, número 60-, hay un local dedicado al comercio de toda clase de géneros y artículos, llamado, no sé si premonitoriamente, “Chollo Aragón”, y que lleva siete u ocho años abierto, con entrada al público por dos calles y acceso por tres. Está lleno de plásticos, muebles de madera, de poliuretano, etc. En fin, productos peligrosos y fácilmente inflamables y de rápida combustión.

Acabo de dejar la presidencia... de la comunidad de propietarios, que a mí sólo me caen cargas, no cargos, y lo hago con el disgusto de no haber conseguido que el Ayuntamiento de Zaragoza cumpla las leyes y sus propias ordenanzas o normas reglamentarias. En los bajos de mi casa –Avenida del Tenor Fleta, número 60-, hay un local dedicado al comercio de toda clase de géneros y artículos, llamado, no sé si premonitoriamente, “Chollo Aragón”, y que lleva siete u ocho años abierto, con entrada al público por dos calles y acceso por tres. Está lleno de plásticos, muebles de madera, de poliuretano, etc. En fin, productos peligrosos y fácilmente inflamables y de rápida combustión.

Pues bien, ante el peligro que ello supone para las treinta y una familias que habitamos el inmueble, y tras requerirles para que nos aportasen copia del seguro de responsabilidad civil que –se supone- tienen concertado, así como información sobre su plan de seguridad y extinción de incendios, con escaso resultado –mí no entender, no hablo español...-, formulé la queja correspondiente al Ayuntamiento de Zaragoza, para que el local fuese debidamente inspeccionado y verificado el cumplimiento de la normativa correspondiente.

La Gerencia de Urbanismo nos informa de que el local carece de licencia de apertura. Es decir, que llevan siete u ocho años funcionando sin permiso alguno –no quiero pensar cuál será su grado de “cumplimiento” en materia laboral, de seguridad social y fiscal-, y que van a abrirles un expediente sancionador, para el que hay prevista una sanción que oscila de 600 a 6.000 euros.

Efectivamente, así ha sido. El Ayuntamiento les ha impuesto una sanción de 600 euros –la mínima legalmente permitida-, y aquí paz y después gloria. Por supuesto, siguen abiertos al público, pues nadie les ha precintado o cerrado el local. La situación de grave peligro para los vecinos no le quita el sueño al señor Belloch, más preocupado por poder simultanear el cobro de dos sueldos públicos –alcalde y senador- que por el bienestar de sus convecinos, digo expoliados...

Tras presentar otro escrito al Ayuntamiento, haciéndoles responsables civiles de cualquier incendio o siniestro que pudiera acontecer, por su dejadez, desinterés e incumplimiento de su propia normativa, nos notifican que han propuesto el cierre del establecimiento –hace ya varios meses-, sin que al día de hoy se haya ejecutado –ni siquiera firmado- dicho decreto, o al menos no nos ha sido notificado debidamente.

Realmente para los chinos ejercer actividades empresariales en Zaragoza es un chollo, pues incumplen sistemáticamente toda la normativa habida y por haber, y no les pasa nada. La Policía Local, al parecer, no comprueba las licencias de apertura de los establecimientos abiertos al público. Debe de ser que andan tan ocupados poniendo multas a los contribuyentes que no les queda tiempo para ejercitar su función principal, que debiera ser la vigilancia del cumplimiento de la normativa y la protección de la seguridad ciudadana.

He contado un caso anecdótico, que he vivido y sufrido personalmente, pero creo que la anécdota puede ser elevada al rango de categoría. Mucho me temo que la mayoría de los comercios de orientales “navegan” en la ilegalidad más absoluta. Por no hablar de los pisos de prostitutas del lejano Oriente, que también abundan mucho en nuestra ciudad –y en toda España-, a juzgar por los numerosos anuncios en prensa, en Zaragoza destacados en color amarillo para llamar la atención. Tampoco creo que quienes ejercen esta actividad alegal –y delictiva en el caso de los proxenetas e “intermediarios”- paguen muchos impuestos al fisco español o cotizaciones a nuestra seguridad social...

Cuando sea mayor quiero ser chino...