Los albores de la industria eléctrica. El agua nos trajo la luz

molino de San Carlos en Casablanca
Antiguo molino de San Carlos en Casablanca, sede desde 1893 de la Compañía Aragonesa de Electricidad. Estudio Coyne, ca. 1895. AHPZ

Vapor o fuerza hidráulica. La fuerza del agua a fin de cuentas. A finales del siglo XIX se fundaron en Zaragoza dos empresas para producir energía eléctrica y cada una se basó en un sistema diferente. La primera fue Electra Peral, que optó por el vapor, fundada por Isaac Peral en 1893, constituida el 2 de agosto, y que estableció su central y oficinas en los locales del antiguo Teatro Goya en la calle de San Miguel. Esta céntrica ubicación facilitaba el suministro eléctrico a domicilios y establecimientos evitando así las pérdidas por el transporte de la energía. La sociedad puso a disposición del distinguido exmarino la cantidad de 30.000 duros, a fin de que procediera a adquirir el material necesario con destino a las instalaciones de la industria de alumbrado eléctrico para particulares. Su chimenea de 40 metros de altura y construida por el madrileño Juan Alén fue un icono del paisaje zaragozano durante años.

La creciente demanda del uso de la electricidad para el alumbrado hizo que la opción del aprovechamiento de la fuerza hidráulica, más económica que la del vapor, se desarrollara y, bajo el impulso del ingeniero de la Diputación Provincial Jenaro Checa, quien después fue director del Canal Imperial, surgió la segunda de las empresas, la Compañía Aragonesa de Electricidad, constituida el 6 de octubre de 1893.

Desde 1890 había una concesión de fuerza en el llamado molino de San Carlos, en Casablanca, de 15 caballos y hecha por 10 años por la Junta del Canal, representada por Enrique Sánchez Muñoz, barón de la Linde, a Tomás Higuera para la fabricación de harinas. En marzo de 1893 esta concesión pasó a ser indefinida y la potencia se aumentó a 200 caballos.

Por aquel entonces, Eduardo Leví era el representante en España de la firma alemana Allgemeine Elektricitäts-Gesellschaft, dedicada a la fabricación de aparatos eléctricos para el hogar, y que fue más conocida por AEG. Disuelta en 1996, hoy sigue comercializándose integrada en el grupo Electrolux. Aprovechando su experiencia, Jenaro Checa realizó junto a él estudios enfocados a la posibilidad de transportar a Zaragoza la corriente de alta tensión producida por el salto de agua en el molino y posteriormente obtuvo la transferencia de los derechos de su aprovechamiento del Sr. Higuera.

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Panorámica de la sede de la Compañía Aragonesa de Electricidad con las esclusas de Casablanca y la fábrica militar de harinas de Urriés, ca. 1898. Kutxateka/Fondo Alday/Fotógrafo Juan Rafael Alday

Ya en junio de 1893, el gerente de la Compañía, Nicolás Palacios, daba cuenta de que una vez aprobados los reglamentos de instalaciones por el señor gobernador, empezaría sus trabajos a gran escala para inaugurar su servicio en el plazo más breve que fuera posible. Con el fin de activar los preliminares y ultimar los proyectos, la Sociedad estableció sus oficinas en la calle de los Sitios número 6, entresuelo.

Para poder aprovechar el salto de agua, se convocó un concurso abierto a la industria nacional y extranjera para el suministro de una turbina de 300 caballos, la más potente que en aquellas fechas se habría instalado en todo el país. Acudieron al concurso siete casas constructoras: tres españolas, otras tantas francesas y una suiza, y el Jurado técnico a quien se encomendó el estudio de los proyectos consideró que el más adecuado era el presentado por Antonio Averly, con una turbina Fontaine Girard, con lo que la industria local salió favorecida con la nueva Compañía. El Sr. Averly formaba parte del primer Consejo de Administración de Electra Peral, por lo que participó en las dos empresas pioneras de Zaragoza en la producción de electricidad.

La corriente alterna producida por esta turbina se transportaba mediante corriente bifásica, lo que minimizaba las pérdidas hasta llegar a la central de transformación, a través de una línea eléctrica de 3 km pionera en España en la época. Allí se transformaba en corriente continua de baja tensión para su distribución a los clientes particulares. Esta central se encontraba situada en la calle de San Miguel, número 11, próxima a la de Electra Peral.

En esta central, la Compañía Aragonesa disponía de una batería de acumuladores de la casa Tudor, fabricada en Alemania, que permitía lograr una mayor estabilidad en el suministro, evitando las oscilaciones provocadas por la mayor o menor demanda de la red y la irregularidad del movimiento de las máquinas. Años después, y ya con la fábrica Tudor establecida en el Camino de Cuéllar, 103, en una vieja fábrica de harinas propiedad de Antonio Portolés llamada “La Pilar”, se adquirió una segunda batería de igual capacidad que la primera.

Casablanca apeadero Zaragoza Carinena antiguo molino San Carlos
Casablanca, con el apeadero de la línea Zaragoza-Cariñena, el antiguo molino de San Carlos y la fábrica de harinas de Urriés al fondo. A la izquierda, el puente de Madrid sobre el Canal Imperial. Ca. 1912. Fotografía tomada por Luis Gandú Mercadal. Colección Mamen Gandú

Para asegurar el suministro, toda central eléctrica hidráulica destinada a prestar servicio permanente necesitaba una instalación supletoria de igual capacidad, accionada por vapor. Interrupciones en el suministro de agua del Canal Imperial, reparaciones en las obras de la fábrica, averías en la línea de transporte o accidentes en turbinas y alternadores, exigían esta instalación supletoria que sustituyera a la hidráulica en todas las incidencias indicadas y en posibles contingencias durante el estiaje. La Compañía Aragonesa tenía instaladas con tal fin tres calderas, dos alemanas y una francesa que accionaban cuatro maquinas Westinghouse de 130 caballos cada una. Cuando el trabajo se hacía total o parcialmente con vapor, sustituían a los cuatro alternomotores de la estación secundaria.

Ya con la maquinaria y las instalaciones preparadas para su entrada en funcionamiento, se empezaron a publicar en la prensa local en enero de 1894 anuncios en los que la Compañía ofrecía sus servicios, con la instalación gratuita para todos los abonados que se suscribieran por un periodo de cinco años, tras los cuales la instalación pasaría a ser de su propiedad. Si el abonado no quería comprometerse durante ese tiempo, debía pagar 12,50 pesetas por cada lámpara colocada, cantidad nada despreciable para la época, que, eso sí, podían pagar en cómodos plazos. El primero en contratar el servicio fue el Casino Principal, por un importe de cinco mil pesetas anuales, aunque las pruebas de iluminación tuvieron que esperar hasta septiembre de 1893.

Pero antes de entrar en pleno funcionamiento, y como era casi obligado en aquella época, se tuvo que proceder a la bendición de las máquinas del antiguo molino de Casablanca. El 23 de octubre de 1894, los invitados al acto se dirigieron desde la calle San Miguel hasta allí y Francisco de Paula Moreno, canónigo designado para representar al cardenal Benavides, procedió a bendecir con el hisopo instalaciones y máquinas, tras lo cual pronunció sentidas y elocuentes frases, como no podía ser menos en un caso así. Tras el lunch de rigor, había que alimentar el cuerpo además del espíritu, le correspondió hablar a uno de los presidentes y principal impulsor del proyecto, Jenaro Checa, quien dio las gracias a todos por su asistencia y apoyo, y a Eduardo Leví, que como representante de la casa constructora hizo un elogio del obrero español, superior a los de otras naciones… todo sea quedar a bien y sembrar para futuros negocios. Lamentablemente, el Sr. Leví falleció pocos años después, en 1900, en un accidente ferroviario cerca de Bayona.

Teatro Pignatelli
Teatro Pignatelli, diseñado por Félix Navarro e inaugurado en 1878 en el entonces Salón de Santa Engracia, hoy paseo de la Independencia. En 1895 la Compañía Aragonesa de Electricidad sustituyó la iluminación original de gas por la eléctrica. Venancio Villas, ca. 1880. Fondos Coyne. Colección particular

Las dos empresas pioneras competían en iluminar lugares emblemáticos de Zaragoza. Si Electra Peral suministró luz eléctrica al cercano Teatro Circo, la Compañía Aragonesa de Electricidad lo hacía con el Teatro Pignatelli. Ambas ofrecían iluminación gratuita para lugares públicos con ocasiones festivas; la primera llenó de luz la Santa Capilla en las fiestas del Pilar de 1894, así como las plazas del Pilar y la Seo, mientras la segunda se ofreció para alumbrar las plazas de la Constitución y de Aragón.

En un principio, la existencia de dos competidores podría redundar en el beneficio del consumidor por el deseo de captar clientes, pero en la práctica multiplicaba los costes de instalación y expansión de las respectivas redes. Sumado a la necesidad de combatir los gravámenes sobre las sociedades anónimas y a la competencia de un rival como la Compañía del Gas, quien se oponía continuamente a la canalización en la vía pública, aconsejaba hacer un frente común, por lo que ya desde 1901 se planteó una fusión. Sin embargo, la primera que se realizó fue entre la Compañía Aragonesa y Fuerzas Motrices del Gállego, quienes aprobaron unas bases de fusión en 1902, aunque la unión efectiva tuvo lugar, ya junto a Electra Peral, en 1904, dando lugar a la nueva sociedad Eléctricas Reunidas.

Poco después, otras dos compañías, Teledinámica del Gallego y Electroquímica Aragonesa acordaron a su vez fusionarse con Eléctricas Reunidas, dando como resultado el nacimiento de la actual Eléctricas Reunidas de Zaragoza, S.A., el 1 de enero de 1911, cuyo primer presidente fue Pedro Bergua Urieta. Cincuenta años después, en abril de 1961, ERZ inauguraba su nueva sede en la calle de San Miguel, en el edificio que entonces llamaron “El Palacio de la Luz”.

Sin duda, y si nos basamos en la historia de las empresas dedicadas a la generación de energía eléctrica, la calle de San Miguel es la más luminosa de Zaragoza.

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