Disciplina, sacrificio y pasión: así es un día en el Conservatorio Profesional de Danza de Zaragoza

El centro acoge unos 180 alumnos con mayoría femenina. Foto: Laura Trives

Decía la coreógrafa Agnes de Mille que bailar es estar fuera de uno mismo y que cuando uno lo hace se vuelve más grande, más fuerte y más poderoso. Y esa fuerza desmedida habla de pasión y sensibilidad en el Conservatorio Municipal Profesional de Danza de Zaragoza, donde unos 180 alumnos se dejan llevar por una de las artes escénicas más disciplinadas y bellas. Allí donde se erige el antiguo Cuartel Palafox, el conservatorio de danza es el único centro de Aragón con enseñanzas profesionales en este ámbito, tanto en la especialidad de danza clásica como contemporánea.

Sacrificio, disciplina y constancia comienzan a aflorar cuando unos pequeños artistas de 8 años pisan por primera vez el parquet de conservatorio. Música, danza clásica, danza española o preparación física son algunas de las asignaturas que se imparten durante los cuatro cursos que duran las enseñanzas elementales. Después, la mayoría, comienza los seis años que duran las enseñanzas profesionales tanto en la disciplina de danza clásica como contemporánea. Allí aprenden además lenguaje corporal, maquillaje, interpretación o historia de la danza. Una formación «completa e integral» para la que se necesita una dedicación y esfuerzo que se ve reflejado en cada gota de sudor y en cada herida que los bailarines tienen en sus pies.

Foto: Laura Trives

«La danza se puede comparar con cualquier otro tipo de deporte de élite y requiere una dedicación integral. Muchos de los jóvenes lo compaginan con sus estudios ya sea en el instituto o en la universidad. La sociedad y también las administraciones deberían reconocer el esfuerzo que hacen los bailarines y también las familias», asegura Silvia Gonzalvo, directora del Conservatorio Municipal Profesional de Danza de Zaragoza.

Cuando la música del piano comienza a sonar, en las aulas del conservatorio los jóvenes comienzan a deslizarse y a moverse como si fueran uno, haciendo girar su cuerpo y con una pose tan elegante y tan recta que uno no puede más que quedar embriagado. La realidad es que esas aulas las llenan desde niños de ocho años hasta jóvenes de 20. De gustos, actitud y carisma diferentes, pero con algo en común: una aplastante mayoría son mujeres.

«Tendremos un 92% de alumnado femenino y un 8% masculino. Desgraciadamente la danza todavía se considera de chicas y eso se refleja en las aulas. Es una pena porque hay en muchísimos países en los que la practican más hombres que mujeres y la consideran como si fuese el fútbol», relata Gonzalvo. Sin embargo, este pequeño porcentaje de hombres hace que sus oportunidades se incrementen cuando salen a un mundo laboral «muy complicado» y comienzan a descubrir que su sueño es más difícil de lo que parecía.

«Ellos lo tienen mucho más fácil porque no es lo mismo que a una audición para una compañía se presenten 70 bailarines y tengan una oportunidad que las 5.000 bailarinas que podrían presentarse a la misma. Las salidas profesionales de la danza son complicadas, en el conservatorio ofrecemos una formación integral y eso puede hacer que se dediquen finalmente a la interpretación o a otros ámbitos completamente diferentes, pero lo más seguro es que si quieren vivir de la danza tengan que hacer las maletas e irse fuera», reconoce Gonzalvo.

Foto: Laura Trives

Y es que una de esas dificultades del mundo de la danza radica en la «falta de reconocimiento y apoyos» a las compañías y centros que se dedican a impartirlas. «El actual director de la Compañía Nacional de Danza, Joaquín de Luz dice que todo el presupuesto que tiene esta es igual al que tiene el Ballet de Nueva York solo en zapatillas de punta. La realidad de la danza en España es un problema y eso que tiene grandísimas compañías y tanto a nivel nacional como autonómico ha sido cantera de grandes bailarines y profesionales», dice la directora del centro.

Y parte de esos grandísimos bailarines que han sido antiguos alumnos del centro son los que ahora forman la compañía de danza Lamov o la compañía de danza aragonesa Miguel Ángel Berna. Compañías que igual que lo fue el Ballet clásico de Zaragoza en su día son ese aliciente de los jóvenes bailarines para apostar por sus sueños de bailar grandes piezas en grandes escenarios.

El Conservatorio Municipal Profesional de Danza se fundó en 1983 bajo la dirección de Cristina Miñana. No había lugar igual en Aragón y pronto comenzó a forjarse como siempre se forjan las grandes cosas: con tanta magia como ilusión y trabajo. Ahora, es el único centro en Aragón profesional y cada año acoge a más jóvenes dispuestos a formarse en este ámbito.

Unas seis horas diarias entre pliés y relevés, armonías, estiramientos y lenguaje corporal. Hablar a través del cuerpo y sacar la belleza de uno mismo a través de movimientos delicados y sensibles. Los alumnos del Conservatorio Municipal Profesional ya no son sin la danza y la danza, al fin y al cabo, no tendría sentido sin nadie que la sintiese.

Print Friendly, PDF & Email
Conservatorio Profesional de Danza de Zaragoza