Agosto caluroso y sin hielos: los cubitos desaparecen de los supermercados por la inflación

Al aumento de los costes de la luz y el plástico, se ha unido la crisis de la hostelería por la pandemia

Primero fue el papel higiénico, luego las estanterías se vaciaron de aceite de girasol y hoy, en pleno verano y con la inminente llegada de una tercera ola de calor, el hielo se ha convertido en el gran ausente de los supermercados. El aumento del coste en la electricidad provocó que en invierno la producción cayera en picado y ahora, con las reservas más bajas de lo habitual, los fabricantes no tienen capacidad de crear hielo a la misma velocidad a la que lo venden.

Plástico y electricidad son los dos ingredientes de las codiciadas bolsas de hielo que suponen el mayor coste para los productores. El primero se utiliza en los embalajes y la segunda es imprescindible tanto para la fabricación como en la conservación del mismo. Algo a lo que, luego, hay que sumar el precio del combustible para el transporte, también en aumento. Todo ello, unido a las altas temperaturas y a la reactivación del turismo tras dos años de pandemia, supone que a día de hoy fabricar hielo sea todavía más caro y la oferta no logre alcanzar la demanda.

Una situación que ha dado lugar a las ya habituales limitaciones en supermercados que, en algunos casos, no permiten a sus clientes comprar más de un número limitado de bolsas. Este racionamiento se ha dado en algunos establecimientos, mientras que otros ni siquiera han recibido los pedidos realizados, aunque también existen los casos en los que ni siquiera se ha notado esta falta.

La principal empresa de fabricación de hielo de Aragón, Frescofrío, produce al día 50 toneladas tanto en forma de cubitos como en escamas y es una de las más importantes de España. Su director comercial, Juan José Torralba, ha afirmado que al aumento de los costes de la luz y el plástico, “que ya eran elevados de por sí y que constituyen los gastos principales de los fabricantes de hielo”, se ha unido la crisis de la hostelería por la pandemia, “por la que muchos pequeños fabricantes se vieron abocados a cerrar”.

Demanda temprana

Desde el pasado 10 de febrero Frescofrío no ha dejado de fabricar hielo ni un solo día ni una sola hora, pero “muchas otras grandes fábricas, ante el incremento de los costes, decidieron limitar su producción al periodo de verano y no empezar a almacenar hasta mayo”, ha explicado Torralba, que ha admitido que ahora “se paga casi tres veces lo que se pagaba en 2021”.

Lo que esas empresas no tuvieron en cuenta a la hora de gestionar su estrategia fue que este año el verano iba a adelantarse tanto: “Desde junio estamos en una ola de calor permanente”, ha lamentado el director de Frescofrío, por lo que “no ha dado tiempo a almacenar hielo suficiente para cubrir una demanda tan temprana”.

Toda esa demanda que no ha podido satisfacerse a tiempo ha ido a parar a empresas como Frescofrío, donde se han visto obligados a decir que no a nuevos clientes. De enero a julio de 2022, la compañía vendió más de 998.000 sacos de 10 kilos de hielo, mientras que en 2019, la venta en ese periodo fue de alrededor 600.000. “Esto implica un aumento de las ventas de nuestra empresa en un 52% con respecto a la prepandemia”, indica Torralba, quien asegura que no existe capacidad para satisfacer tal demanda.

Desde la compañía esperan que las medidas tomadas en cuanto al precio del combustible y los planes de ahorro energético puedan al menos mitigar ese incremento de los costes y dar un respiro a los fabricantes de hielo, para que estos a su vez puedan dar ese respiro a consumidores ante la amenaza de una tercera ola de calor cada vez más latente.

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