Agua, naturismo y sol a raudales en las orillas del Ebro

Los inicios del Centro Naturista Helios junto a los primeros socios. Fotografía inédita tomada por el abonado Mariano Crespo en 1926. Archivo Hernández-Aznar
Los inicios del Centro Naturista Helios junto a los primeros socios. Fotografía inédita tomada por el abonado Mariano Crespo en 1926. Archivo Hernández-Aznar

Aquellos primeros chapuzones a las orillas de nuestro río más celebrado junto a la arboleda de Macanaz, colmaron de libertad las incursiones acuáticas llegadas en los años 20 del siglo pasado a través del Centro Naturista Helios.

El bienestar se abría paso en la ribera del Ebro en su margen izquierda con la llegada del naturismo hace cien años. Una moda supuestamente estrafalaria seguida por la burguesía más adelantada que se hacía eco de las tendencias vegetarianas, esperantistas y nudistas de dudosa moralidad, permaneciendo al aire libre sin más objetivo que el disfrute personal, la mejora de la salud aprovechando las frescas aguas del río y los rayos de sol bañando la piel.

Los primeros “sport-men” que coparon las orillas del Ebro compartieron los ecos llegados desde Europa para contagiar a los suyos de esta nueva tendencia. Lo hicieron realizando sus ejercicios gimnásticos que cualquiera podía imitar proyectando además actividades sociales como la apertura de una biblioteca naturista, jardines, escuelas al aire libre y zonas de baño para señoras, entre otras.

Había llegado una nueva forma de beneficio personal abierta a cualquiera que estuviera dispuesto a aceptarla.
Decía Leoncio Labay, presidente del propio centro naturista, cuya sede social se encontraba entonces en la calle de Antonio Pérez nº 6, mientras construían sus instalaciones, lo inaceptable de que en una ciudad como Zaragoza todavía hubiera casas sin ventilación ni luz natural o cuartos de baño en 1925. Afirmaba rotundamente que las muertes provocadas por las enfermedades asociadas a la falta de higiene y aireación en las casas eran muy superiores a las producidas en cualquier guerra sufrida hasta la fecha, por lo que reclamaba medidas urgentes para mejorar la situación y una de ellas era la apertura de un centro como el que él publicitaba. Razón no le faltaba.

Los pequeños posan en la puerta del hoy desaparecido chaletito del Centro Naturista Helios para Mariano Crespo, socio fundador, durante el verano de 1926. Archivo Hernández-Aznar
Los pequeños posan en la puerta del hoy desaparecido chaletito del Centro Naturista Helios para Mariano Crespo, socio fundador, durante el verano de 1926. Archivo Hernández-Aznar

De modo que, un año más tarde, con su chaletito-biblioteca en marcha, solicitaba de nuevo al ayuntamiento terrenos aledaños que se añadirían a los ya cedidos por este con los que poder ampliar sus instalaciones para beneficio de todos, ya que la mejora en la calidad de vida de las clases bajas repercutiría en las de situación más acomodada evitando contagios no deseados de enfermedades que resultaban endémicas en la población. Ahí el altruismo se le quedó un poco justo, es cierto, pero en honor a la verdad hay que añadir que el señor Labay hizo una encendida defensa de los ciudadanos más modestos clamando por una playa para todos ellos: “¿Por qué los vecinos de posición más modesta no han de tener una hermosa playa, sitio con regulares comodidades y un veraneo al alcance de sus fortunas?”

Con el cierzo raboseando a su antojo en nuestros rostros, la luz que deslumbraba buena parte del año y la abundante agua del Ebro, quedaba claro que la propuesta tenía todo a su favor a pesar de la bravura que muestra el cauce al tratarse de una zona inundable haciendo estragos cada cierto tiempo.

Aquellos visionarios como Leoncio Labay Giménez, Manuel Marín Sancho, Narciso Hidalgo, Miguel López de Gera y José Grasa, entre otros, se lanzaron a la creación de un centro para deportes náuticos que llegaría a congregar a más de seis mil personas entre el público asistente en la primera exhibición durante las Fiestas del Pilar de 1926. Contó con excursiones náuticas, piraguas, natación, saltos de trampolín, gimnasia rítmica y hasta fiestas venecianas en barcas quemando fuegos artificiales en el centro del río gracias al talento del pirotécnico zaragozano Ángel Sanz o las inolvidables regatas… sus gestas serían seguidas y reconocidas tanto dentro como fuera de nuestras fronteras en años venideros.

Mercedes y José María Lozano Gracia posan junto a los Baños del Ebro en octubre de 1933. Al fondo, el chaletito del Centro Naturista Helios. Archivo Esteban Lozano Alegre
Mercedes y José María Lozano Gracia posan junto a los Baños del Ebro en octubre de 1933. Al fondo, el chaletito del Centro Naturista Helios. Archivo Esteban Lozano Alegre

En ese tiempo, el propio consistorio de la ciudad se encontraba inmerso en la construcción de lo que se denominó Balneario del Ebro, más conocido como los Baños del Ebro, muy cerca del paraje elegido por los naturistas de Helios. El alcalde, Miguel Allué Salvador, lo inauguraba el 23 de junio de 1928 tras un desembolso de 5.000 duros con diseño del arquitecto municipal Miguel Ángel Navarro, también presente en el acto junto a los concejales Cándido Castillo y Lorenzo Lambán, así como el Director de Montes, don Martín Augusti.

Se trataba de una edificación de gran belleza que enseguida consiguió ampliar el número de usuarios y curiosos hasta la ribera de Macanaz haciendo seria competencia a los naturistas de Helios.
La decoración era de madera en vibrantes azules y blancos en sus escaleras, así como barandas al estilo de los edificios playeros de costas europeas tan en boga en la época. Estaba dotado de ocho cabinas individuales para los bañistas y otras muchas en la planta baja para los que no desearan tanta intimidad aunque separadas por sexos. Contaba con restaurante y hasta barquero a modo de vigilante de la playa por los constantes ahogamientos que se producían en las aguas del río, de ahí que se conociera como la “playa de las Cuerdas” por el límite que estas señalaban para el baño. Las propias cuerdas marcaban la separación entre este baño público y el del Centro Naturista Helios de carácter privado.

Ciertamente, el número de ahogados que salían a flote cada año iba en aumento y no solo durante los meses de estío, sino que en diversas ocasiones, algunos soldados que acudían con sus pontones a realizar ejercicios programados llegaron a tener que ser rescatados con fatales consecuencias.

Jóvenes “girls” aspirantes a concursos de belleza, alguna de ellas procedentes de las compañías de teatro llegadas a Zaragoza durante la tournée veraniega. Unos jóvenes se divierten junto a las candidatas. Foto Martínez. “Crónica”. Septiembre de 1931
Jóvenes “girls” aspirantes a concursos de belleza, alguna de ellas procedentes de las compañías de teatro llegadas a Zaragoza durante la tournée veraniega. Unos jóvenes se divierten junto a las candidatas. Foto Martínez. “Crónica”. Septiembre de 1931

Los menores de 12 años tenían prohibida la inmersión salvo que fueran acompañados por un responsable o el barquero. El encargado de la concesión, Pascual Romero, cobraba por cabina, traje, toalla o sábana. Por desgracia, en 1965 se derribarían los llamados Baños del Ebro tras las múltiples opciones que ofrecía la ciudad para el ocio estacional quedando absorbidos los terrenos municipales por el ya re denominado, Centro Natación Helios.

Bastaron muy pocos años desde la llegada del naturismo para que las estrictas normas sociales puritanas y altamente clericales se vieran cuestionadas por otras mucho más relajadas, menos encorsetadas y con una filosofía de vida que poco tenía que ver con lo impuesto de manera cultural o político-social hasta la fecha. Eran hombres y mujeres dispuestos a zambullirse literalmente en una nueva forma de entender la vida apartando viejos estigmas relatados con anterioridad porque todo era tachado de pecado. Así, recién proclamada la II República Española, podían verse círculos de personas de ambos sexos bañándose juntos, sobre todo jóvenes, disfrutando de las frescas y revoltosas aguas del Ebro sin que ello supusiera un escándalo. Entendían que la nueva forma de gobierno había traído una moral limpia, tolerante y amable que sin aspavientos de mojigatería trasnochada se bañaba en el Ebro en la parte acotada entre el Puente de Piedra y el Puente del Ferrocarril, y frente a la fábrica aplanada y severa del templo del Pilar. Así lo relataba la revista Crónica en septiembre de 1931, momento que recoge la imagen anterior. Reflejaban la falta de comprensión de vivir a espaldas de los ríos Ebro, Huerva y Gállego huyendo masivamente a lugares del norte como San Sebastián o a los pintorescos pueblos del Pirineo en los meses de estío si se disponía de posibles, obviando que las corrientes fluviales también eran motivo de gozo para quien estuviera dispuesto a disfrutarlas.

Miss Ebro posa para la revista "Crónica" en su número de septiembre de 1931. Además de su belleza consiguió ser la mejor nadadora en el evento. Colección particular
Miss Ebro posa para la revista «Crónica» en su número de septiembre de 1931. Además de su belleza consiguió ser la mejor nadadora en el evento. Colección particular

Llegados a este punto, es importante resaltar que, hasta el 28 de marzo de 1930, momento en el que se aprueba en Junta General Ordinaria del Centro Naturista Helios la modificación de algunos artículos del reglamento, no estaba permitida la entrada de mujeres, hecho que cambió desde esa fecha aunque debía constar en ese mismo reglamento la oposición de no pocos socios a la incorporación de las mujeres que lo deseasen, hombres claro está, todos ellos.

Es decir, mucho naturismo y libertad pero con recelo de que las mujeres también pudieran hacer suyo ese derecho. Tal vez tuviera que ver la dimisión del dictador Primo de Rivera dos meses antes en el cambio de mentalidad.
Tanto los naturistas de Helios como el propio consistorio habían adecentado esa parte de la ribera atrayendo cada vez más a los zaragozanos de la época, viendo la posibilidad además de acercarse a sus aguas sin necesidad de esconderse por no tener dinero para unas vacaciones lejos de la atronadora urbe.

Los empresarios del ocio capitalino aprovechaban el frescor de las aguas del Ebro para atraer a las jóvenes promesas del teatro o de la revista patrocinando reportajes en traje de baño, uniendo de este modo, belleza, juventud, salud y deporte al ocio de las variedades y el espectáculo. Y es el que, el negocio es el negocio, y una buena forma de mantenerlo durante la canícula evitando la espantada de los clientes era ofrecer un aperitivo con el que poder disfrutar de las chicas de la Gámez, las de Velasco, las de Eslava y otras.

La nadadora Blanquita toma el sol en la playa sin mar del Ebro frente al Pilar y la Seo. Foto Martínez. “Crónica”. Septiembre de 1931
La nadadora Blanquita toma el sol en la playa sin mar del Ebro frente al Pilar y la Seo. Foto Martínez. “Crónica”. Septiembre de 1931

A pesar de ello, se seguían pidiendo mejoras en las instalaciones tanto públicas como privadas y también en los lugares acotados para el baño, insistiendo una vez más en los ahogados que seguían saliendo de vez en cuando de las tripas del Ebro. De este modo, Francisco Clavero, apodado “Canina”, llegó a ser una institución durante los años 30 como empleado del Centro Naturista Helios poniendo en riesgo su vida para sacar a cuantos pedían auxilio en las traicioneras aguas del río. Desde diferentes medios de comunicación se ponderaba el valor y destreza de “Canina” casi como un ángel salvador, algo que él aceptaba con total naturalidad.

Pero volvamos con recuerdos más amables y es que el verano trae alegría, ganas de disfrutar y como no, trae ganas de darse chapuzones, y por supuesto, ganas de practicar deportes náuticos como las regatas, ya sean estas a remo o a vela. Dada la falta de experiencia en estos menesteres, la máxima de ensayo-error era la única manera de mejorar buscando un hueco en las competiciones que se celebraban en España con contrincantes que nos llevaban años de ventaja. Sin embargo, hubo verdaderos deportistas que consiguieron hazañas dignas de mención como las efectuadas por el periodista de “La Voz de Aragón” o “Campeón”, Narciso Hidalgo Falcó, que lo mismo le daba a los rallyes como miembro y secretario de la Real Asociación Automovilística de Aragón que se embarcaba en su piragua. No en vano, fue el introductor de la misma en nuestro territorio. Miembro fundador de Montañeros de Aragón, fue un ferviente defensor de que la mujer practicara deporte, tanto es así, que su esposa, Conchita Arribas, fue de las primeras mujeres en ascender a las montañas pirenaicas efectuando la práctica de esquí alpino. Miembro fundador del Pedal Aragonés y Cónsul para Aragón de la Unión Velocipédica Española, y como no, socio fundador del Club Naturista Helios, fue nombrado vicepresidente en la junta fundacional presidida por Manuel Marín Sancho otorgando la presidencia a José Grasa Sancho, con nombramiento como secretario a Miguel López de Gera aquel histórico 25 de julio de 1925.

Piraguas en el Ebro. Las aguas del Ebro acogieron a regatistas de toda condición desde finales de los años 20. En la imagen, exhibición lúdica. Fotografía extraída del libro "Cómo Hemos Cambiado". 1933. Archivo Heraldo de Aragón
Piraguas en el Ebro. Las aguas del Ebro acogieron a regatistas de toda condición desde finales de los años 20. En la imagen, exhibición lúdica. Fotografía extraída del libro «Cómo Hemos Cambiado». 1933. Archivo Heraldo de Aragón

Por si fuera poco, también fue miembro fundador y actuó como secretario del Aero-Club Aragonés, fundado el 24 de junio de 1930.

Todo un “sport-man” que dejaría patente sus éxitos náuticos en las aguas del Ebro no exento de un fino humor que siempre lo acompañó en sus artículos periodísticos y en sus travesías. Tal es así, que su gato “Unamuno” lo acompañó en varias de ellas en su afán por llegar hasta el Mediterráneo en piragua o bautizando a una de estas con el nombre de “Kemaogo” acompañado en distintas ocasiones de sus fieles amigos Trasobares o Aznar.

Loa a todos aquellos que hicieron de la libertad y el progreso su bandera por encima de fanatismos que acabaron, entre otras cosas, con el naturismo en los años inmediatamente posteriores a la república.

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Los inicios del Centro Naturista Helios junto a los primeros socios. Fotografía inédita tomada por el abonado Mariano Crespo en 1926. Archivo Hernández-Aznar