El busto de Santiago Ramón y Cajal ya corona la Gran Vía de Zaragoza

La escultura realizada por Frank Norton incluye una representación gráfica del trabajo de Ramón y Cajal | Foto: Laura Trives

Con la mirada puesta hacia la Universidad de Zaragoza y, en concreto, hacia la antigua Facultad de Medicina, el busto de Santiago Ramón y Cajal ya corona la calle que lleva su nombre, la Gran Vía de Zaragoza. Esta escultura, encargada por el Ayuntamiento de Zaragoza al escultor Frank Norton, coincide con la celebración este año del 170 aniversario del nacimiento y el centenario de la jubilación de Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina en 1906.

El busto es una réplica de la escultura en bronce de Santiago Ramón y Cajal modelada por el escultor Ángel Bayod Usón en el año 1933, que fue adquirida por el consistorio zaragozano en 1968 con destino a la Galería de Hombres Ilustres del Palacio Municipal, formando parte en estos momentos de los fondos del Patrimonio Municipal.

«Gracias a los cajalianos que vinieron al Ayuntamiento de Zaragoza a proponernos que esta Gran Vía pasara a llamarse Gran Vía de Don Santiago Ramón y Cajal. Una iniciativa que, personalmente, llevé al Debate del Estado de la Ciudad, que salió aprobada por unanimidad y, por eso, gracias a que la ciudadanía así lo ha querido, hoy celebramos que la Gran Vía por fin tenga un nombre propio», ha afirmado la vicealcaldesa de Zaragoza, Sara Fernández.

Se trata de una réplica, a mayor escala, realizada con medios digitales y artísticos, para lo que previamente se llevó a cabo la digitalización de la obra del escultor Bayod para conseguir un archivo 3D. La imagen resultante fue utilizada por una fresadora para crear un modelo en cera al tamaño deseado y convertirlo después en bronce.

El escultor Frank Norton ha querido incluir en el pedestal una representación gráfica del trabajo de Ramón y Cajal en materia de nervios y neuronas, de una manera simplificada, y su parte posterior está recorrida por algo que sugiere un nervio.

Precisamente, el sobrino bisnieto del científico, Pedro Ramón y Cajal Agüeras ha reivindicado la importancia de informar a la ciudadanía sobre la historia de tan ilustres figuras. «Hace 50 años fui a una cafetería cuando no teléfonos, sino cabinas teléfonicas. Me llamaron por teléfono y al llegar me dijo la señora si era pariente del torero. Eso no puede ocurrir en Aragón, el que entre los científicos de Estados Unidos sea absolutamente conocido hasta el punto de ser señalado y homenajeado. Nosotros tenemos que sentirnos orgullosos de un paisano nuestro», ha insistido.

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