El Palacio Matutano-Daudén de la Iglesuela del Cid brilla con esencia barroca en su inauguración

La antigua hospedería de La Iglesuela reabrió el pasado mes de junio

Corría 1773 cuando Sebastián Daudén mandó construir un impresionante palacio en la villa de La Iglesuela del Cid, una de las zonas más ricas de España. El comercio de la lana permitía que la suntuosidad y la opulencia se viese en ese majestuoso lugar en el que los frescos y los tapices lo llenaban todo de oro, madera y colores verdes y granates en los impresionantes suelos y los altos techos. Ese palacio se llamaría Matutano-Daudén, en honor a los apellidos de las familias a las que perteneció, y cientos de años más tarde, en 1999 abriría por primera vez como la Hospedería de la Iglesuela del Cid en esta localidad del Maestrazgo turolense. El tiempo pasó y, ahora, tras cuatro años cerrado, el palacio acoge este viernes su inauguración oficial después de abrir con una imagen renovada hace algo más de un mes.

Una escalera imperial estilo rococó de dos brazos y salones llenos de pinturas murales y frescos con motivos costumbristas datados del siglo XVIII dan la bienvenida a un lugar en el que cuatro años han dado para mucho. Y es que en esta hospedería, dependiente de la DGA, se han acometido las más diversas mejoras, desde el sistema de climatización hasta la rehabilitación y modernización de espacios como el jardín o la cocina pasando por solucionar algunos desperfectos menores como goteras. Pero, sin duda, lo que más ha cambiado en el palacio son las habitaciones.

Frente a las grandes cortinas y colchas con motivos florales y el estilo rococó del barroco lleno de opulencia y brillo que caracterizaba antes a las habitaciones se ha impuesto una decoración minimalista, caracterizada por los tonos blancos y confortables la ausencia de decoración. «Queríamos crear un establecimiento en el que se mantuviese esa esencia del barroco, por ejemplo con la escalera rococó que roza el extremo de la suntuosidad, pero rebajarla con una decoración minimalista en las habitaciones. En las anteriores era todo demasiado recargado y, quizás eso apabullaba al cliente. Las habitaciones ahora invitan a entrar y son confortables», ha asegurado Óscar García, propietario de la empresa concesionaria.

Así, las 35 habitaciones de las que dispone el palacio tienen un toque actual, pero en la suite «obispal» el aroma de la ostentosidad es evidente y es que no podía ser menos en una habitación en la que se alojó un alto cargo eclesiástico. «Hace muchos años fue un obispo se alojó en La Iglesuela del Cid en una habitación con una impresionante cama con dosel y se ha querido mantener así para no perder la esencia», ha comentado García. Así, el complejo también dispone de una buhardilla acristalada con vistas a la naturaleza, dos spa y un gimnasio.

Cuatro años han dado para mucho, incluso para cambiarle el nombre y es que ahora este complejo ha vuelto a los orígenes y ha reabierto como Palacio Matutano-Daudén. «Los últimos años de la gestión anterior tuvieron una mala repercusión para el hotel y todavía hay malas reseñas en las páginas web y las agencias de viajes nos preguntan si la calefacción funciona o no o si el agua caliente no sale. Estamos invirtiendo mucho en demostrar que el palacio reabre con fuerza y manteniendo la esencia y el esplendor que tuvo en 1999 y la primera parte era cambiarle el nombre», ha comentado García.

El nuevo Palacio Matutano-Daudén se abrió el pasado 3 de junio, «sin una campaña de comunicación todavía muy grande» y en la actualidad está a un 50% de ocupación los fines de semana y «una baja durante la semana». «Necesitamos que la gente vuelva a conocerlo y se entere de que está abierto de manera renovada. En julio no es habitual que en la Comarca del Maestrazgo haya demasiado turismo, pero prevemos que de cara a agosto y sobre todo septiembre, octubre y noviembre, la temporada de setas y trufa, vuelva a revivir».

Y es que, uno de los mayores reclamos turísticos que tiene La Iglesuela del Cid es, precisamente, su palacio. «Hay mucha gente que viaja hasta La Iglesuela fundamentalmente por la hospedería, es un tipo de turismo más exclusivo, más de lujo. En la oficina de turismo se nota mucho que la afluencia es doble y que muchos preguntan por el palacio», han señalado desde la Oficina de Turismo de la localidad donde añaden que «es un lujo adentrarse en un palacio del XVIII y disfrutar del aroma que teníamos por la zona del Maestrazgo».

¿Qué ver en La Iglesuela del Cid?

A través de los grandes y majestuosos ventanales del complejo hotelero, se puede ver el único vestigio del castillo templario que protegía La Iglesuela del Cid en el siglo XIII: la Torre del Homenaje.

Pero, este municipio turolense tiene mucho más encanto y atractivos. Su casco antiguo fue declarado Bien de Interés Cultural en 1982 por conservar importantes edificios, civiles y religiosos y también destaca por disponer de uno de los telares más antiguos de Aragón, que permanece en activo desde el año 1746. En su Centro de Interpretación del Textil y de la Indumentaria muestran la importancia de esta industria ligada a la ganadería.

Además, gran parte del término municipal de La Iglesuela del Cid ha sido declarado área de interés etnológico por poseer muestras arquitectónicas realizadas con la técnica de piedra seca, declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 2018.

Y muy próximo al municipio está el Santuario de la Virgen del Cid. La construcción se remonta al siglo XV, cuando en este lugar se erigió una ermita sobre un antiguo monumento funerario romano, en honor a una talla de la virgen allí encontrada en el siglo XII. Del mausoleo romano, datado en el siglo I, todavía quedan restos arqueológicos. Según la tradición, el Cid visitó este lugar en varias ocasiones, aunque no hay datos documentales de este hecho.

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