Mª Luisa Rubio Orús / Profesional de la Educación, escritora y pintora

Hasta ahora

M.ª Luisa Rubio

La vida pasa en un suspiro, rápida, rauda y veloz va caminando vertiginosamente desde nuestros modestos quehaceres como humanos hasta el decaimiento definitivo de los cuerpos que nos sostienen cada vez con menos poderío…

En una especie de resumen, diríase que es como una estrella fugaz que nadie es capaz de atrapar, un deseo cumplido en el soñar durante los años que nos corresponda dentro de la cápsula regalada a través de la cual sobrevivimos, dosis particular según cada uno. Línea trazada hasta alcanzar un «hasta aquí y de aquí no pasa». Quizás es así como pudiera estar o parecer este asunto, o al menos tenga algo que ver.

Se asemeja que hay cierta lentitud mientras vamos viviendo; no obstante, pudiera suceder que la oportunidad del ciclo vital esté paralelizado con el biorritmo de un mismo día que sea en el que se esté o se produzca repetitivo una y otra vez. Según cómo somos en verdad, nuestro talante, acciones, temperamento y carácter, que se forja a la par que el de permanecer durante equis temporada en un tiempo que inventamos.

Dicho esto, está claro que no tardaremos mucho en volvernos a ver, Vicenta Cester de Brea de Aragón. Te llamé hace varias semanas (no muchas), y me extrañó muchísimo que nadie cogiera el teléfono a pesar de mi insistencia. Mi alma se conmovió, dándome un pálpito interior profundo.

No sabía que suponía el preámbulo a la noticia que me transmitieron el pasado día 25 de junio, a las dos de la tarde.

Respondiendo a un wasap que envié a Rosa Elena sobre la despedida desde el final de la carrera con ciertos matices que, sin excepciones, Joan Manuel nos da al público en general, la exalcaldesa del pueblo me comunicó que habías fallecido. Y que esa misma tarde tenía lugar el entierro.

Al minuto, me puse en contacto con tu hija Mamen y le mandé la grabación de un par de audios. También mis condolencias, así como ánimo. Creo que mi objetivo por disimular este dolor punzante que me atraviesa enteramente fue cumplimentado.

Por momentos, realmente es como si todo un mundo se desplomara. Fuiste una buena persona, vecina y amiga. Aunque escasa presencia tuvimos la una para la otra en aquel curso 2003-2004, seguimos manteniendo lo que empezamos.

Teníamos bastante en común. Y uno de los poquitos días en los que hablamos supe que eras la prima de Valero, profesor mío de Filosofía en Tercero de BUP y en COU. No paraba de remitirme ejercicios sobre la materia en los que no cesaba de preguntarme cuestiones de lo más diversas sobre mi especial relación con Soria desde siempre. Es gente de la que tuvo conocimiento de lo que hay que saber sobre el tema. Y eso es importante. Fue consciente de que solamente bastaba con observar, mas él quiso que al menos le informara parte de esa tremenda hondura tanto desde una perspectiva realista como desde la encendida en la pasión del fuego del Amor. Imaginas que el misticismo continúa, y más allá de aquí, que es ahora eternamente.

Un hasta enseguida para ti, maravillosa mujer, la del «gitano» que te llamaban, por la oscura piel de él. Precisamente sellamos un ciclo educativo en el Colegio en el que todavía permanezco está repleto de niños de esta raza. Conservo la fotografía de tu marido y tú, acompañada de unas letras que me ofreciste no muchos días antes de tenerme que marchar.

Además de Amoria (nomenclatura con la que no tardando mucho en mis días por estos lares bauticé al citado emplazamiento en líneas superiores, tratando así asuntos emotivos a lo largo de toda mi obra literaria etc.)…, sobre todo aliento enamorado asimismo por tu tierra, la Brea del Corazón. Viejecita que nos has dicho adiós, quedas grabada en mis adentros de un modo inolvidable. Te hiciste muy mayor y has aguantado mucha mecha en la brecha.

Seguro que estuviste activa todo lo que te fue posible. No se podía establecer relación contigo a las ocho de la tarde: el programa vespertino de Pasapalabra era sagrado para ti. Paso la palabra, te la cedo. Eres tú la que acaba de cruzar el umbral sacro y eres tú justamente a la que recuerdo con todo sentimiento positivo.

Te veo regañando a Lucas, el perro blanco travieso, saludándote de balcón a balcón con tu colega en edad Milagros Arantegui, dirigiéndote a ella como La Rullada; cuidando más de tu vista, que, por desgracia, fue degenerando; rezando no solamente los domingos, felicitando a tus hijos por Navidad, preparando humeante sopa en las frías noches de invierno; abrazando a Claudia y Celia, a todos tus nietos; te veo emocionándote cuando La Comarca del Aranda publicó varios de mis artículos sobre las Pinceladas Históricas de Brea acerca de designios educativos, y vuelvo a vislumbrar lo bien que te expresabas oralmente narrándome lo lindo que te iban haciendo mis escritos, desde el primero hasta el último; te veo conversando con Arturo y su esposa…

Todo va fluyendo entre que andamos por la senda de la existencia en este planeta denominado azul. Cambiando de disposición, genio y de estado de ánimo, pero con la reafirmada reiteración de nuestros actos, de los cuales somos hijos. Ahí están, ética y estilísticamente marcados entre una fluctuación común: constancia: el reencuentro tras la Muerte. La energía se transforma, y eso somos en todos los planos y dimensiones, solo que bajo distintas formas hasta volver al origen.

Otro artículo dedicado a tu persona. Míranos con buenos ojos desde el Cielo en el que ya habitas. Muéstrate próxima, sobre todo a quienes te queremos y no dejamos de practicar ese cariño por ti.

Percibo tu rostro sobre los montes, tu cuerpo por unas calles que añoran el aroma que les regalabas entre el regazo que albergaba ese gran espíritu que poseías.

Esto no es una despedida, sino un toque de atención para la remembranza, esa unión de esencia que nos asimila, la santa sanidad de la sabiduría tras la lucha de los planes y la fiesta de las sonrisas internas, la otra reunión cuando se deba hacer partícipe el pacto de la reacción de un mismo mapa.

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