Aínsa resucita su bosque de encinas para luchar contra el cambio climático

El proyecto tiene una duración mínima de 40 años.

Inmersos en una de las olas de calor más fuertes de los últimos años, el debate sobre el cambio climático y la importancia de cuidar el medio ambiente vuelve a la palestra. Mientras las autoridades y la ciudadanía buscan un plan que reduzca los efectos del ser humano en la naturaleza, el Ayuntamiento de Aínsa, junto a Ambar, Retree y la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ) se han unido para reforestar la serreta del municipio oscense.

El proyecto, financiado por la empresa cervera, tiene como objetivo recuperar este patrimonio natural en aragonés y construir uno de los primeros sumideros de carbono del Pirineo, capaces de controlar las emisiones de este gas al medio ambiente. La iniciativa llevará unos 2.000 árboles a esta zona, muy próxima al núcleo urbano de Aínsa, siendo la mayoría de ellos encinas. La apuesta por los árboles autóctonos es fundamental, ya que son los que mejor se adaptan al terreno y los que mejores beneficios pueden reportar en el desarrollo de esta actividad.

El terreno, propiedad del ayuntamiento de la localidad altoaragonesa, ha sido cedido para este proyecto por los próximos 40 años. Como han explicado en la presentación, los plazos en la naturaleza “son muy largos” y se necesita un espacio de tiempo amplio para controlar y percibir los efectos de este tipo de proyectos. Además, este nuevo bosque se convertirá en un paisaje visitable y con función educativa, ya que la FCQ quiere dar en la zona charlas a escolares para que conozcan el medio ambiente y las formas de tratarlo bien.

Un bosque para paliar el efecto del hombre

La serreta de Aínsa desapareció por la acción del ser humano, que acabó con los árboles buscando un combustible que alimentase sus hogares. Con el objetivo de repoblar la zona y recuperar uno de los lugares más reconocibles de la población, este bosque también servirá para proteger los edificios y terrenos cercanos ante futuras inclemencias climáticas.

“Es un proyecto muy ilusionante”, ha confesado José Antonio Gil, de FCQ, que será la asociacion encargada de dinamizar actividades educativas en el entorno del bosque. Enrique Pueyo, alcalde de Aínsa, ha señalado que el consistorio “cede una parcela determinante que va a tener un valor ecológico muy importante”. Pueyo ha recordado la figura de José Antonio Murillo, trabajador de Aínsa muy implicado con el medio ambiente, que colaboró en la formación del proyecto y cuyo nombre acompañará al del bosque.

Pedro Pérez de Ayala, directivo de Retree, ha afirmado que el proyecto “estará monitorizado con inteligencia artificial que nos dirá todo lo que pasa en el bosque”, además de generar “500 horas de empleo rural entre la plantación y el mantenimiento del lugar”.

Los datos del proyecto

Aunque la plantación de las encinas no arrancará hasta finales de otoño, las previsiones de su impacto en el Pirineo aragonés ya están sobre la mesa. Pedro Pérez de Ayala, directivo de Retree, ha adelantado que el bosque tendrá una extensión total “superior a cuatro campos de fútbol profesional”. El beneficio hídrico durante las cuatro décadas que funcionará, como poco, el bosque alcanzará la cantidad de 33 millones de litros de agua, que llegarán hasta el Ebro.

“El registro parará a los 40 años, pero los árboles seguirán absorbiendo ozono mucho después”, ha asegurado Pérez de Ayala, que ha comentado que los árboles “absorberán más ozono con el paso del tiempo, ya que recogen más cuando son más grandes”.

Por su parte, Torguet ha confirmado que la inversión de Ambar en esta primera fase del proyecto es de 25.000 euros, aunque conforme se desarrolle la iniciativa esta cantidad puede subir.

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