El Monumento al Justiciazgo, un homenaje a don Juan de Lanuza y Urrea

Plaza de Aragón, con el Monumento al Justiciazgo en el centro de la misma, rodeado de la exuberante vegetación que completaba el óvalo de la plaza, con alguno de los desaparecidos hotelitos, ca. 1915. Fototipia Thomas. Colección Manuel Ordóñez
Plaza de Aragón, con el Monumento al Justiciazgo en el centro de la misma, rodeado de la exuberante vegetación que completaba el óvalo de la plaza, con alguno de los desaparecidos hotelitos, ca. 1915. Fototipia Thomas. Colección Manuel Ordóñez

«Y para que no sufran daño nuestras libertades, velará un Juez medio al cual sea lícito apelar del Rey si dañase a alguien y rechazar las injurias si tal vez las infiriese a la república»
Fueros de Sobrarbe.

Aquel octubre de 1904 fue un mes propicio para la inauguración de monumentos en Zaragoza, coincidiendo con las fiestas del Pilar.

Fueron tres los que los zaragozanos pudieron ver inaugurados y que hasta hoy permanecen en el mismo lugar, lo que dada la afición a cambiarlos de sitio en esta ciudad, no deja de ser un hecho destacable. Y los tres tienen también en común que su ubicación influyera en la de los demás.

Cronológicamente, el primero que vio descorrerse las cortinas fue el de don Ramón de Pignatelli, que el 17 de octubre quedó formalmente colocado en el parque homónimo, dejando libre la Glorieta donde había vivido desde el 24 de junio de 1859 para que el Monumento al Justiciazgo ocupara su lugar, inaugurado cinco días más tarde, el 22 de octubre. Y el tercero del que hablamos es el de los Mártires de la Religión y de la Patria en la entonces plaza de la Constitución, hoy de España, y que un día después, el 23, recibió los honores correspondientes. Este a su vez, sustituía al dedicado a la entonces Princesa de Asturias, luego Isabel II… casi un juego de quítate tú que ahora me pongo yo.

La historia del Monumento al Justiciazgo fue larga y llena de interrupciones que alargaron su ejecución. Un lejano 27 de septiembre de 1887 la academia de Bellas Artes de Madrid aprobó el primer proyecto y solo tres meses después, el arquitecto municipal, don Félix Navarro, ofreció a la Diputación Provincial el suyo, en el que se daban unas pautas muy concretas para su elaboración, y que fue en el que se basó la convocatoria para su construcción por parte de la Comisión Ejecutiva del Monumento al Justiciazgo Aragonés el 20 de febrero de 1890.

Previamente, y para adelantar en lo posible la ejecución del proyecto, en enero de 1889 fue remitida al ministerio de la guerra la instancia solicitando cañones viejos en peso de 7.000 kilogramos, con destino a la fundición de la estatua de Lanuza, que un mes después emitió una Real Orden aprobando dicha petición.

Los requisitos del concurso convocado en 1890 reflejaban que:
“Se exige para este concurso un modelo de estatua de D. Juan de Lanuza, vaciado en yeso, y cuya figura aparecerá sentada y tendrá de alto 78 centímetros desde encima del plinto hasta encima de la cabeza, el cual plinto tendrá de largo o frente 517 milímetros y de fondo o tizón 267 milímetros. Este modelo ha de servir después para ejecutar la estatua, tres veces mayor y en completa conformidad con el pensamiento del autor, contenido en los siguientes párrafos de la Memoria del proyecto:

Al pie de la honrosa columna, enhiesta y fuerte como imagen del derecho, sentaráse en silla de Juez, con grave dignidad, la estatua del Justicia de Aragón, con el aspecto individual del mártir Lanuza. Su mirada, su rostro, su alma, fortalecida por el apoyo de su pueblo, se dirigen á lo alto; su diestra mano aún parece expresar el juramento por el cual dio la vida.”

Proyecto ganador del concurso para el Monumento al Justiciazgo, obra del escultor Francisco Vidal y Castro, llamado “Patriotismo”. “La Ilustración Española y Americana”. 30 de abril de 1891
Proyecto ganador del concurso para el Monumento al Justiciazgo, obra del escultor Francisco Vidal y Castro, llamado “Patriotismo”. “La Ilustración Española y Americana”. 30 de abril de 1891

A la convocatoria se presentaron seis proyectos, que por orden llevaban los siguientes nombres:
1.- Manifestación,
2.- Hidalguía aragonesa
3.- Patriotismo
4.- Mártir de la Justicia
5.- Zaragoza
6.- Res sine qua non

Tras un periodo de exposición al público, la Real Academia de San Fernando, con fecha de 6 de noviembre de 1890, decidió por mayoría de votos que el ganador fuera el proyecto número tres, “Patriotismo”, dando el accésit al número 4, “Mártir de la Justicia”. Una vez abiertas las plicas, el ganador resultó ser el escultor coruñés Francisco Vidal y Castro, mientras que el accésit correspondió al escultor catalán José Alcoverro y Amorós.

Aún quedaba un año para la conmemoración de la ejecución de Juan de Lanuza por orden de Felipe II, primero de Aragón, el 20 de diciembre de 1591, y aunque los deseos eran que se pudiera hacer ya con el monumento levantado, la Comisión Ejecutiva empezaba a curarse en salud y ya hablaba de “la posibilidad de inaugurar algunas obras” ese 20 de diciembre de 1891 y que el Sr. Vidal terminara para aquel día el modelado de la estatua.

El escultor ya se encontraba en Zaragoza en junio de 1891 esperando a que la Junta decidiera cuándo podría comenzar, pero inconvenientes surgidos provocaron que partiera para Madrid, lugar en el que finalmente hizo el modelado en barro que estaba listo en noviembre, pendiente aún de la aprobación de la Academia de San Fernando antes de que fuera vaciado en yeso. Obtenido el placet, se elaboró el vaciado que fue enviado en cajones dividido en varias piezas a Zaragoza, donde llegaron el 17 de diciembre. Y el 20 pudo lucir sobre un pedestal provisional en los talleres de Averly, cumpliéndose así el deseo de la Comisión de que en fecha tan señalada pudiera recibirse al menos la estatua de yeso. Zaragoza debería plantearse erigir un monumento a los modelos de yeso, que han salvado de más de una papeleta a escultores, y si no que se lo digan al Sr. Querol y su Monumento a los Sitios. Al menos el del Justicia no hubo que pintarlo apresuradamente simulando bronce para que alguien tirara enérgicamente de un cordón.

La estatua de bronce realizada en los talleres de Antonio Averly, colocada en sus instalaciones junto a la zona donde fue fundida, y donde se pudo visitar hasta su traslado a la Diputación Provincial de Zaragoza.”La Ilustración Ibérica”. 2 de febrero de 1893
La estatua de bronce realizada en los talleres de Antonio Averly, colocada en sus instalaciones junto a la zona donde fue fundida, y donde se pudo visitar hasta su traslado a la Diputación Provincial de Zaragoza.”La Ilustración Ibérica”. 2 de febrero de 1893

Para realizar la fundición se barajó la posibilidad de realizarla en Valencia, aunque ya desde marzo de 1890 los cañones se estaban inutilizando y desmontando en los talleres de don Antonio Averly, desde donde el material pasó a la Casa Hospicio hasta decidir tanto la casa fundidora donde se realizaría el trabajo como la ubicación del monumento. El propio señor Averly presentó una oferta en marzo de 1891 ofreciendo sus talleres para la elaboración de la estatua definitiva por un importe de 10.000 pesetas y un plazo de 8 meses, que fue aceptada ese mismo mes. Por este motivo la recepción del modelo de yeso y su presentación se hizo en las instalaciones de don Antonio. Al menos de uno de los 11 cañones que se enviaron para utilizar su bronce podemos rastrear algo de su historia; su nombre era “Braxidas”, se fundió en Sevilla el 2 de agosto de 1833 y perteneció al pretendiente don Carlos, a quien le fue tomado en una de las acciones de las guerras carlistas. Era de bronce refundido, es decir, que ya había sido utilizado previamente, y su peso era de 363 kg.

Un año tuvo que esperar el modelo de yeso para que se procediera a la fundición de la estatua definitiva, lo que tuvo lugar en la tarde del 3 de diciembre de 1892, bajo la dirección de don Ramón Mimó y Huguet. Ante un público compuesto de políticos, eclesiásticos, catedráticos o periodistas, el espectáculo de ver caer la colada en el molde fue algo digno de observar, y que en términos de la prensa de la época se explicaba así: “El bronce hirviendo como agua puesta en marmita, y saltando a borbotones lanzando candentes sarpullidos, las corrientes del fuego estancándose aquí, invadiendo por allá, buscando salida por todas partes como río que rompe su cauce, y en un lado avanza, y en otro retrocede: llamaradas verdes que suben y suben remontando en amplios penachos de humo gris; girando las poleas y cadenas en sus tornos”. Ahora quedaba esperar a que en el enfriamiento no hubiera ningún problema técnico que diera al traste con la labor de fundición, y el 16 de diciembre ya se confirmó que el proceso había sido un éxito. Quedaban las labores de retoque y repaso para dejar la estatua finalizada, labores que no concluyeron completamente hasta el 23 de febrero de 1893, cuando don Antonio Averly comunicó a la Comisión Ejecutiva que podían disponer de la estatua para trasladarla donde consideraran oportuno, y que hasta ese momento permitiría verla en sus talleres a todo aquel que quisiera hacerlo, por las tardes a partir de las dos. Dicha Comisión acordó que, provisionalmente, se colocara en el patio de la Diputación Provincial de Zaragoza, hasta tener listo el resto del monumento.

Bien, ya tenemos estatua… ¿y ahora dónde la ponemos?

Monumento a don Ramón de Pignatelli, obra de Antonio Palao, que permaneció en la Glorieta de su mismo nombre desde 1859 hasta 1904, cuando fue trasladada a Torrero, cediendo su lugar al Monumento al Justiciazgo. Octubre de 1903. Archivo Mollat-Moya
Monumento a don Ramón de Pignatelli, obra de Antonio Palao, que permaneció en la Glorieta de su mismo nombre desde 1859 hasta 1904, cuando fue trasladada a Torrero, cediendo su lugar al Monumento al Justiciazgo. Octubre de 1903. Archivo Mollat-Moya

Se podría pensar que lo lógico es primero decidir dónde se va a ubicar y después comenzar el proceso de construcción, pero esto no fue así. Desde el inicio había partidarios de ubicarlo en la plaza de la Constitución, para lo cual habría que retirar la fuente de la Princesa. Tras una pausa en las reuniones en las que se trataba este tema durante el verano de 1890, ya que según dice la prensa de la época “muchos de los miembros de la comisión iban a ausentarse estos días de Zaragoza en busca del fresco ambiente”, en octubre se retoma y surge otra opción; se crea una comisión, otra más, para que gestione con la Junta del Canal Imperial que el monumento se ubique en la plaza de Aragón, si resulta ser cierta la noticia de que dicha Junta proyecta construir una gran plaza en Torrero, a la cual se trasladaría el Monumento a Pignatelli.

Después de años sin novedades, en febrero de 1897, el Diario de Avisos publicó un encendido artículo del autor del proyecto, don Félix Navarro, fechado el 24 de enero de 1896, en el que defendía ardorosamente el único lugar que para él era digno de albergar su creación, que no era otro que “en lo mejor y más soleado de la ciudad, en pleno centro de la plaza de la Constitución”. Esta idea se fue al traste cuando se decidió ubicar allí el futuro Monumento a los Mártires de la Religión y de la Patria, cuya primera piedra se colocó el 21 de octubre de 1899. También en 1897 surgieron otras dos propuestas; una pretendiendo ubicarla en la plaza de La Seo, que parece ser que quedó pronto en el olvido y la otra en el lugar que ocupaba la farola que dividía para el paso de carruajes el paseo de la Independencia y la plaza de Aragón, eso es, en la confluencia de las calles Albareda y Bruil. Poco duró esta idea ya que levantar allí el monumento, cuya base ocuparía cuarenta metros cuadrados, causaría graves problemas tanto a la circulación de carruajes como a la peatonal, sobre todo en fechas donde hubiera grandes aglomeraciones.

No fue hasta abril de 1904, fecha en la que el ayuntamiento confirmó el traslado de la estatua de Pignatelli a Torrero cuando, al fin, se confirmó que el lugar donde se iba a ubicar el Monumento al Justiciazgo era la plaza de Aragón, y el 16 de junio comenzaron las obras de cimentación. Diecisiete años después, se iba a construir el monumento compuesto, según el dictamen aprobado por la Academia de San Fernando, «de una columna robusta y elegante, simbolizando la institución que se quiere enaltecer, teniendo como remate la esfera en que impera la justicia, y sobre un pedestal retallado ó saliente, y al pie del fuste de la columna, la figura del último justicia, sentado en ademán de juzgar, pero levantando la diestra y la mirada al cielo con noble actitud, que así puede indicar deseo de recibir su alta inspiración para sus fallos, con la esperanza de encontrar en él la justicia que no puede encontrar en la tierra.”

Inauguración del Monumento al Justiciazgo, en una fotografía tomada desde uno de los hotelitos de la plaza de Aragón, el 22 de octubre de 1904. Archivo María Pilar Bernad Arilla
Inauguración del Monumento al Justiciazgo, en una fotografía tomada desde uno de los hotelitos de la plaza de Aragón, el 22 de octubre de 1904. Archivo María Pilar Bernad Arilla

A las dos de la mañana del 12 de octubre la estatua de bronce de Juan de Lanuza salió recostada de la Diputación, deslizándose sobre rodillos y tablones manejados por diestros operarios bajo la dirección de Félix Navarro. Mirando al cielo y con la mano hacia él, quizá hablándole a su creador, el ya fallecido Francisco Vidal y Castro, diciéndole que al fin habían encontrado acomodo a su obra. Y así fue transportada en un camión hasta su lugar definitivo en la plaza de Aragón, para ser izada hasta su lugar en el monumento, aún inacabado, donde quedó instalada cuando ya amanecía el día del Pilar.

La inauguración estaba prevista para el 20 de octubre, pero la premura para terminar de labrar y ensamblar las piedras de la columna y la colocación de la bola que remata la obra, de 800 kg de peso y cuya cenefa se elaboró en la fábrica de rótulos y esmaltados de don Manuel Viñado; que no se colocó hasta la noche del 21, hizo que se aplazara hasta el sábado 22, cuando a las once de la mañana la institución del Justiciazgo al fin tenía su reconocimiento público. Las autoridades se reunieron en el salón amarillo de la Diputación y se dirigieron en comitiva por el centro del paseo de la Independencia abriendo marcha la guardia municipal de a caballo de Zaragoza y parte de la de Barcelona, banderas de Zaragoza, Daroca, Gerona, Reus, Lérida, Albarracín, Palma, Tarragona, Barcelona y otras; detrás los maceros de todas las ciudades que acudieron y luego las corporaciones y autoridades, presidiendo el gobernador civil Sr. Planter acompañado de los alcaldes de Zaragoza, Valencia, Tarragona y Barcelona. La banda municipal de esta localidad interpretó escogidas composiciones durante la salida de la comitiva y en el sitio de emplazamiento del monumento, mientras que los discursos fueron pronunciados por el arquitecto don Félix Navarro, el presidente de la Diputación señor Naval y el gobernador civil señor Planter.

Una de las actas se colocó en un tubo de bronce y éste en una caja de hierro, con periódicos locales y un Boletín Oficial extraordinario conteniendo los nombres de los donantes para la creación del monumento, a cuyos pies se colocó en el lugar preparado de antemano. El coste total fue de 77.386,43 pesetas, aportadas por suscripción municipal, Diputaciones y corporaciones particulares, suscripción pública y por la Diputación provincial, que asumió el grueso del total, 41.506.32 pesetas. No muy lejos estaría el cajón que en 1859 se colocó con motivo de la inauguración del dedicado a don Ramón de Pignatelli, que a pesar de que el alcalde de Zaragoza quiso buscarlo durante las obras de cimentación, parece ser que quedó allí y allí suponemos que seguirá.

Lo que no constaba en las actas es que el monumento como tal no estaba completamente finalizado… aún faltaba por colocar el recinto de los túmulos y cadenas y repasar toda la superficie de cantería, para lo cual hubo de montarse otro andamio, más ligero que el anterior. Y no fue hasta finales de 1904 cuando el conjunto concebido por Félix Navarro quedó por fin terminado.

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Plaza de Aragón, con el Monumento al Justiciazgo en el centro de la misma, rodeado de la exuberante vegetación que completaba el óvalo de la plaza, con alguno de los desaparecidos hotelitos, ca. 1915. Fototipia Thomas. Colección Manuel Ordóñez