Jorge Garris Mozota / Geopolítico e Historiador

El castillo de Montalbán

Jorge Garris

Para los amantes de la historia en general, y Aragón en particular, hay días en los que la conexión con el tiempo pasado es posible y en los que los episodios vividos parecen renacer y presentarse al apasionado del siglo XXI con toda su fuerza y vigor.

En Teruel, la villa de Montalbán, capital histórico-cultural de la comarca de las Cuencas Mineras de Aragón, espera al visitante recibiéndole con su imponente iglesia-fortaleza que empezó a ser construida en el siglo XIII y reformada en el XIV. Dicha iglesia, de estilo gótico levantino, no deja indiferente a quien la observa, ni desde fuera ni en su interior, pues guarda tantos secretos históricos como podamos imaginar y los que esperan ser descubiertos.

Pero lo que los apenas más de mil habitantes actuales de la villa conocen y los estudiosos hemos sabido desde tiempo es lo que realmente representaba Montalbán en la Edad Media. La iglesia-fortaleza formaba parte de un complejo que enlazaba con un castillo conventual situado en el monte Albano que da nombre a la villa. Y es que Montalbán fue la sede de la encomienda de la Orden de Santiago en Aragón, con un convento jacobeo dependiente del prior de Uclés, en Cuenca. Dicha encomienda controlaba los territorios valencianos y catalanes, hasta los conquistados en la toma del reino de Murcia.

Se le concedió en 1208 un fuero propio por parte de Pedro II, el mismo rey que había intentado consolidar la villa como punta de lanza frente a las fuerzas sarracenas. Tras su fracaso, nuevamente en 1210 fue reconquistada con la ayuda de los freires de la Orden de Santiago y su fuero fue ratificado por Jaime I en 1225. Este insigne rey, protagonista de la reconquista de Valencia es más que probable que estuviera un verano en el complejo preparando dicha reconquista en la que participaron caballeros santiaguistas.

En el castillo conventual se encuentra la tumba de un hijo bastardo del propio Jaime I, y su ubicación se encuentra sobre otro yacimiento de una fortaleza andalusí y un asentamiento ibérico. Las vistas desde su posición son impresionantes controlando el río Martín y sus localidades adyacentes.

Otra de las joyas con aire de misterio es su escudo heráldico, pues se trata de un escudo cortado donde en el primer cuartel se puede observar un castillo de plata con la cruz de la Orden de Santiago, mientras que en el segundo cuartel aparece una carrasca con una cruz paté templaria. Esto es un hecho muy sugerente pues persiste la leyenda de que el castillo conventual pudo servir de refugio para caballeros templarios huidos ante la persecución y aniquilamiento a la que fueron sometidos.

Hoy en día, de ese complejo del castillo conventual apenas se pueden apreciar más que una serie de restos pues en el verano del año 1839, en plena Primera Guerra carlista, el general Cabrera, herido en los más profundo de su ser por el fusilamiento de su madre a manos de un piquete de tropas gubernamentales entre las que al parecer pudo haber algunos de Montalbán y el hecho de que la villa era refugio de tropas enemigas, decidió bombardearlo y destruirlo.

Y así reposaron sus restos viendo pasar los años y los avatares históricos hasta que en recientes fechas un equipo de historiadores, arqueólogos y arquitectos: Ibáñez, Sáez, Sanz y Zaragoza, acometieron las excavaciones, con el objeto de conocer y sacar a la luz los vestigios escondidos bajo el cúmulo de tierra de los siglos pasados. El pasado 10 de junio se materializó la presentación de los primeros hallazgos en el edificio ITACA de Montalbán.

Sin lugar a dudas, una iniciativa del ayuntamiento de Montalbán que tiene por objeto rescatar la riqueza histórica de la villa que con el paso de los años ha sufrido la acometida de la despoblación, crisis económica y abandono institucional, que la han llevado a presentar una imagen actual muy distinta a lo que fue antaño; si bien es cierto que como no hay mal que por bien no venga, el entorno natural hasta los barrios adyacentes, como Peñarroyas, guardan toda la belleza y valor, para todo aquel que se desplace a visitarlos y disfrutarlos.

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